Infancia

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Cuando yo era chica todo se arreglaba con salame.
Salame milán. Cortado en una rodaja gruesa, y luego cortado en cubitos.
Cuando mi mamá comía salame era porque el universo funcionaba a la perfección y la tierra era un lugar feliz.
El plan b eran sanguchitos de miga, hechos en casa, también con salame milán y mayonesa exclusivamente comprada para esa ocasión. 
Ese manjar, único que yo recuerde de mi infancia, tenía lugar luego de la función de cine los domingos.
Era una tranquilidad para mí saber que si el domingo íbamos al cine, y luego comíamos sanguchitos de miga con una Coca Cola -un gasto exuberante en la década de los 80- todo estaba bien. El paraíso terrenal existía, al menos una vez al mes. El resto de los días eran mezcla de soledad, desolación, enfermedad, negligencia y violencia. 

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La herida

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La herida de la herida de la herida.
Ese cráter, que no es más que un buraco enorme que hay en tu corazón, por el que sale humo de cigarrillo negro barato que el dejó en tu aliento anoche.
La cicatriz de la cicatriz de la cicatriz.
Al levantarte por las mañanas emparchás tu desesperación con gasas esterilizadas y merthiolate incoloro, dejando que tu verdugo sople la herida de la herida, que sangra, que supura, que duele, que se infecta una y otra vez y es ultra resistente a los antibióticos.
El dice que te cura, cuando ni se lavó las manos para limpiarte la herida, ni se lavó los dientes para salir a la calle, pero sí recordó dejar sus miserias debajo de tu cama.
Cae sobre el piso el aserrín que dejan sus palabras áridas cuando salen despedidas al aire como si fueran misiles. Te violenta el vacío del desamor y la justificación que justifica una vez más que no merecés más que este apestoso infierno que parece una mala película independiente o la placa roja de Crónica TV.
Muere tu entrepierna estrecha violentada sin permiso, que deja tus sábanas manchadas y olorosas. La mañana te encuentra en posición fetal sin haber dormido, abrazando tu espalda con la punta de los dedos que carecen de las uñas que te comés todos los mediodías a la hora del almuerzo. Mientras sobre la pared donde se acuesta el respaldo de tu cama, cuelga el crucifijo que chorrea una vez más algo parecido a agua, sangre y barro.

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Mujer: el camino que queda por recorrer.

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Te sigue todo el tiempo?

– Te acusa constantemente de que lo engañás?

– Te desmoraliza frente a familiares y amigos?

– Impide que trabajes o que asistas a una reunión o a la escuela?

– Te critica por cosas insignificantes?

– Se enoja fácilmente cuando toma alcohol o consume drogas?

– Controla todas las finanzas y te obliga a que aclares detalladamente cuanto gastás?

– Te humilla frente a otros?

– Destruye tus objetos personales o afectivos?

– Golpea, pega puñetazos, abofetea, patea o muerde a tus hijos o a vos?

– Te amenazó o usó un arma en tu contra?

– Amenaza con lastimar a vos o a tus hijos?

– Te forzó a tener relaciones sexuales?

Si tu respuesta es “si” a alguna de estas preguntas, ¡es tiempo de pedir ayuda!

Estos son algunos de los consejos de la página del gobierno de la ciudad de Buenos Aires dedicados a la violencia doméstica.

Del otro lado del charco, en Cádiz, se ha realizado un homenaje conjunto a víctimas de violencia doméstica, luego de una jornada en la que fallecieron cuatro mujeres a manos de sus parejas.

Obviamente en un clima electoral, todos son buenas palabras y demasiadas promesas, para un flagelo que está extendido por todo el globo. En nuestras propias tierras hemos tenido la promesa de nuestra presidenta de hacer algo para enfrentar la violencia doméstica y la discriminación de géneros en nuestro territorio.

A todo esto la ONU ha lanzado una campaña de siete años en un intento por detener la violencia contra las mujeres.

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En el nombre del padre

 

José Saramago nos invita a despertar nuestra conciencia en cada obra suya.

En este caso, In nomine Dei, nos lleva a torturas y matanzas del siglo XVI. La lejanía en la línea del tiempo en realidad no existe, más que nada por la no interrupción de métodos de tortura, guerras, violencia, intolerancia… En fin, nada ha cambiado.

Si bien la nota del diario El País acentúa en esa línea el atentado de las Torres Gemelas -como una inflexión en el tiempo a partir de la cual estos actos se han acentuado- personalmente no coincido con esa postura. Es obvio que estos hechos recientes de la historia no terminan de cicatrizar, y evidentemente sí hay un crecimiento y un perfeccionamiento de la tortura, pero antes de las Torres Gemelas, tuvimos suficientes episodios que le han dado continuidad a los mismos.

 

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Tres Jaulas que en 1535 fueron usadas para mostrar los cuerpos de Jan van Leiden y otros líderes de la rebelión de Münster, ellos promovian la poligamía y renunciar a toda propiedad.

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