Las cuatro

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No hay casi fotos de José joven. Lo acabo de descubrir recién, buscandolas. Él dijo que su vida comenzó el mismo día en que las agujas del reloj se clavaron a las cuatro de la tarde. Las agujas que se clavaron porque una mujer se asentó en la mitad de su pecho, y todo lo que había vivido hasta entonces no era más que un borrador, un manuscrito a medio terminar.
Pero ese día no solo se clavaron las agujas de un reloj, en otra parte del mundo una estampida de rinocerontes paró en seco, las bestias detuvieron la respiración y quedaron congelados dentro de una nube de polvo. En una casa de Madrid un niño que estaba ya morado de llorar de pronto se calmó, abriendo bien sus ojos redondos ante alguna chuchería que no había visto antes. Gise, a esa misma hora, en un barrio de Capital, sonrió una vez más al ver una libélula apoyada en una pared, mientras dice en voz alta “estoy, estás, hoy somos eternos en estas hojas amor”.
En el mercado nocturno de Wangfujing una falla energética dejó a un cuarto de Pekín a oscuras. En una oficina de quiniela nacional de una ciudad bonaerense, se volaron todos los números, huyeron por la puerta de entrada y se convirtieron en mariposas color verde y azul marca Lotería Nacional. Algunos dicen que fue un desastre, sin embargo la muchacha morocha que atendía detrás del mostrador, huyó del lugar con un chico en motocicleta. 

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Tic Tac

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Romy Schneider and Alain Delon at home in tancrou in 1959 • Michel Brodsky

Es lunes y me despierto con el recuerdo de haber leído por ahí que a José Saramago le molestaba el ruido de los relojes. El escritor encontró una solución que derrite a cualquier escéptico del romanticismo: paró los relojes a las 16:00 hs, momento en el que vió por primera vez a la que sería su compañera por el resto de su vida:

“Es la hora en que Pilar y yo nos dimos cita por primera vez. Pilar es el centro de mi vida desde que la conocí hace 17 años. Fue idea mía parar los relojes de esta casa a las cuatro de la tarde. Eso no significa que el tiempo se haya quedado ahí, sino que es como si el reloj marcara la hora en la que el mundo empezó.”  – Entrevista Rosa Miriam Elizalde, 2003.

Escribe  Antoine de Saint-Exupéry en “El Principito”:

“Si vienes, por ejemplo, a las cuatro de la tarde, a partir de las tres empezaré a ser feliz. A medida que se acerque la hora me sentiré más feliz. Y a las cuatro, me agitaré y me inquietaré; ¡descubriré el precio de la felicidad! Pero si vienes en cualquier momento, no sabré nunca a qué hora vestirme el corazón… Los ritos son necesarios.”

Pero… hay horas que se desconocen, hay certezas que no sabemos si existen, o cuándo estarán por llegar, si es que llegan. Queremos adivinarlas, conquistarlas, hacer predicciones, tener premoniciones… pero el tiempo y la realidad escapan a todo eso. Hay ritos que nunca tendremos, porque simplemente desconocemos cuál será la hora en que vestiremos el corazón.  Habrá que saltar y vestirse con lo primero que encontremos a mano.

Lunes 19 hs.

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En el nombre del padre

 

José Saramago nos invita a despertar nuestra conciencia en cada obra suya.

En este caso, In nomine Dei, nos lleva a torturas y matanzas del siglo XVI. La lejanía en la línea del tiempo en realidad no existe, más que nada por la no interrupción de métodos de tortura, guerras, violencia, intolerancia… En fin, nada ha cambiado.

Si bien la nota del diario El País acentúa en esa línea el atentado de las Torres Gemelas -como una inflexión en el tiempo a partir de la cual estos actos se han acentuado- personalmente no coincido con esa postura. Es obvio que estos hechos recientes de la historia no terminan de cicatrizar, y evidentemente sí hay un crecimiento y un perfeccionamiento de la tortura, pero antes de las Torres Gemelas, tuvimos suficientes episodios que le han dado continuidad a los mismos.

 

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Tres Jaulas que en 1535 fueron usadas para mostrar los cuerpos de Jan van Leiden y otros líderes de la rebelión de Münster, ellos promovian la poligamía y renunciar a toda propiedad.

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