Rendirse

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© Swee Oh

 

El camino rural termina siendo una alfombra de tierra por donde mis pies corren. Corro para que no se pare el mundo. Corro para curarme, aunque a veces no sé bien cuáles son mis heridas. Corro hacia, corro desde.

Mientras las pisadas se suceden veo venir a un hombre caminando. Se me antoja que cuando me lo cruce le preguntaré “¿Qué es rendirse?”

No sé. O sí sé. Lo que no estoy segura es de si él tiene la respuesta, porque para el caso sigue avanzando, igual que yo.

Nunca disparo la pregunta, pero tampoco me olvido de la escena. Busco alguien que justifique el por qué no he de rendirme, cuando seguir es tan cansador.

Necesito parar y descansar. Que el dolor se mitigue, que la vida sea por un momento como esas tardes de otoño en las que no hace ni frío ni calor, y el viento es apenas un vals que se cuela por las hojas a punto de caer moviéndolas imperceptiblemente. Todo me parece parado, estacionado, congelado, pero a pesar de toda esa muerte temporal, todo me parece hermoso.

¿Qué es rendirse?

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Mil kilómetros en el cuerpo

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Adam Driver 📷 Norman Jean Roy

“Tenés como mil kilómetros en el cuerpo”-me dijo hoy a la mañana. El contexto del diálogo es el casi final de varios meses entrenando para correr 42 km. Si señores, para correr una maratón se suman antes casi setecientos kilómetros, entre entradas en calor, fondos y pasadas con cambio de ritmo. Kilómetros tatuados en el cuerpo, al lado de las mil cicatrices y de los mil sentimientos que afloraron en cada pisada.

El otro día me tiraron una teoría sumamente interesante y a la que adhiero. Vendría a decir algo así como que cada célula contiene una o varias emociones; y la actividad física no sólo saca a éstas células de su letargo y funcionamiento a media máquina, también puede ser un detonador y despertar de las emociones.

Me imagino corriendo y mis células -una especie de bolitas de colores como la de los peloteros-, moviéndose rítmicamente. Y dentro de las bolitas todo lo contenido estallando como si fueran pequeñas galaxias naciendo.

Emocionalidad pura y multiplicada a la enésima potencia. Piel de gallina, sentimientos adormecidos saliendo a flor de piel junto con la sal y la transpiración. Entonces… no era gratitud solamente por haber llegado a la meta. Era que se estaban descongelando las pelotitas de hielo dentro de las pelotitas de colores.

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