Jaque

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Queen to play – Movie

Hay niebla.

Para una buena escena de suspenso es necesario que de venir alguien haya niebla.

Hay niebla y la escena de suspenso es mi vida.

Viene alguien, pero aún no se adivina la silueta.

Como aún no la veo me carcome la inseguridad.

Dudo de que realmente vaya a venir.

Comienza el debate entre el sentir, el adivinar, el predecir.

Hay un ajedrez mental en el que los peones han huído fuera del tablero.

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Nos pasan cosas

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© Mira Nedyalkova

Nos pasan cosas. Cosas grosas. Nos enredamos, nos embaucamos, nos escondemos, nos replegamos. Salimos desde debajo de la frazada y con la nariz un poco congestionada intentamos respirar del ambiente circundante. Olor a jengibre, a canela, a eucaliptus, olor a invierno. Olor al guisito que otrora servía en una mesa de cuatro. Olor a familia. Olor a ausencias. El horno hace tiempo que no se enciende y las luces del porche ya se han quemado.

Tu dedo sobre mi ombligo. Mi dedo enredado en tu rulo. Cuerpos alejados en un mismo territorio. El territorio que se expande. Nosotros que nos contraemos.

Nos pasan cosas. Me mirás con esos ojos saturados de emociones, y ninguna sale a volar ni siquiera por sobre la superficie de la mesa. La mesa donde yace una copa con vino rosé blend. Blends de té que tomaré por la noche para bajar todas las cosas que nos pasan. No alcanzan a tomar vuelo los sentimientos que perecen debajo de  los pensamientos que se lanzan urgentes por la pista de aterrizaje de los miedos.

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Carrilones del ayer

Landscape – Todd Young

toddyoungart.com

Alisó su pelo como todas las mañanas, y el cepillo fue testigo de una caída intermitente del mismo por la que estaba atravesando el último tiempo.

De frente al espejo miró sus ojos enojados y sus ojeras de la noche anterior, dio vuelta su cuello haciéndolo sonar como un carrillón, y se sentó en la punta de la cama tratando de revisar una a una las manifestaciones de su cuerpo quejoso.

De fondo en algún lugar se su mente sonaba “Águas de março” cerrando el verano. Deseó por dos segundos que no fuera solo el verano lo que las aguas cerraran.

Tal vez el pelo se le estaba cayendo por eso. Uno a uno venía sosteniendo pesados ayeres de cuestiones sin resolver y tal vez ahora decía basta.

“ Por qué no antes?”

“Por qué ahora que estoy intentando que mis lamentos se vayan con la corriente del río hacia el mar?”

“Tus cambios tardíos lejos de aplacarme fomentan partos de eternos enojos, destiempos , por qués, furias y el olvido que tan cerca estaba se va alejando otra vez hacia el poniente.”

Con el cuerpo inerte, su mente le dijo que tal vez luego nacería nueva cabellera más resistente, tal vez debería desnudar su cabeza para ser permeable a nuevos sentimientos, y volver a nacer con nuevo pelo y nuevas alas.  Desde algún otro lado otra voz apenas imperceptible trató de gritar que para todo había que esperar a luego y que estaba harta de tanta espera.

 


“Con qué iba a volar si perdía su pelo?”

“Si no volaba no amaba y si no dejaba ir no volaba ni amaba.”

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Serena

Serena Megan Aroon Duncanson

 

Ella caminó por la playa y se dejó estar como siempre, cerca y lejos del horizonte, a un paso de las estrellas, tan lejos de la luna. Había emprendido dirección al oeste, tal vez porque ahí estaba la habitación del sol, esperándola para dormir apaciblemente. Se imaginó un aposento sencillo y cálido, y eso fue lo que hizo que apurara el paso en algunos tramos. Justo al mediodía, un fuerte viento de esa misma dirección, que arrastraba arena y desperdicios, hizo que volteara hacia atrás y por un segundo quiso volver de donde venia….

No es acaso lo que nos pasa a todos? No tenemos millones de segundos en los que queremos volver atrás aunque haya sido doloroso?

Mientras yo me debatía sobre si debía seguir caminando firme en una dirección o tomar breves descansos mirando hacia atrás, me puse a pensar en este temita de escribir, de escribir apasionadamente y del silencio que nos exigen algunos tramos intermedios, en los que nada es blanco ni negro, y como dice Joaquín “ahora que ya no me mato si me dejas”.

Vi la frase y la transcribí:  Para escribir solo hace falta tener algo para decir y decirlo.

Pensé en qué tenía para decir y de pronto encontré el vacio, la nada. Tal vez estaría reconociendo por enésima vez que no hay nada como escribir en convulsión.

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Vaivén

Lit et Deux Tables de Nuit Salvador Dalí

Me senté a escribir y de pronto todo parecía una porquería. Muy empalagoso, muy autoayuda, muy personal, muy impersonal. Sería que hoy me levanté despeinada, y olvidé ofrecer esa sonrisa especial que tenía guardada para salir de casa.

Si bien el corazón estaba manso y en paz, la noche me sorprendió con una sobre actividad cerebral, mental, diabólica, mirando como la noche daba lugar a la luz del alba y se llevaba consigo las horas que podrían haber significado mi descanso.

La última copa de vino que bebí junto con mi comida “vianda a domicilio”, no alcanzó para acallar los murmullos que desde algún lugar venían fastidiosos e insistentes. Me estaría convirtiendo en la típica mujer que se acuesta con el pote de helado a llorar frente a películas románticas?

Ya no importaba cuánto escribiera, cuánto limpiara o me ocupara, o trabajara, o caminara perdiéndome entre la gente en el centro. No había lugar en el que pudiera escapar de mis propios pensamientos que no hacían más que preguntar: y ahora qué?

Por primera vez no quería huir. Eso era bueno. O no?

 

Nada de rutas anónimas y kilómetros gastados para irse lejos de uno mismo. Buen intento para otras ocasiones similares, malo para el bolsillo, inútil para el alma, sabiendo que nos persigue a todos lados y será nuestra sombra aún en la noche.

Proyectos dispersos sobre mi mesa de trabajo me daban una perspectiva distinta de hacia dónde iba. Tal vez no estaba evaluando bien la situación. Las afirmaciones que había hecho apenas en agosto, llegaron a la costa en diciembre, muchas o pocas horas, depende, pero estaban materializadas y yo ahí, viendo qué hacer con todo eso.

Si, hoy me levanté sin mi mejor sonrisa, un día gris que podría convertirse tal vez en otro color con un poquito de onda.

La noche me encontrará conmigo misma y con otra copa de buen vino, buscando el sueño reparador o al menos un turno para firmar un contrato con mi mente, uno en el que yo me comprometa a escuchar durante el día y ella a callarse por las noches.

 

El “Mirage” Salvador Dalí

 

“Tu caricia no me afecta,

yo la puedo tolerar,

sin mover una pestaña,

sin parar de controlar

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Cómo pude….

Lillian Bassman

En el resplandor de nuestros peores días es la frase que se nos viene a la cabeza repetitivamente como si fuese un taladro o una amoladora dando en el asfalto.

Cómo pude. Puede referirse a cosas banales tales como:

“Cómo pude subir tanto de peso”

“Cómo pude gastar tanto este mes”

“Cómo pude olvidarme del cumpleaños de fulanita”

Nada fuera de lo normal que no pueda ocurrirle a cualquier mortal un día de estos. Será la culpa lo que desata infernal pregunta? Será el afán de auto incriminarnos? O es la costumbre que ya la hace una frase hecha?

Las horas se suceden y las noches vienen vestidas con otros matices, colores brillantes, pelo planchado, medias reductoras y cualquier otra cosa que mejore la apariencia externa. Pero tanta luminosidad nocturna no alcanza a apagar si quiera el brillo de los pensamientos que se agolpan al ritmo del tic tac cuando se apaga la luz.

Tic tac, como tic, pude tic, acostarme tac, con otro hombre tic tac tic, mientras mi marido duerme plácidamente. El tic tac se vuelve tan normal como los pensamientos, que luego escucharlos una vez,  se pasan de largo. Es como el motor de la heladera que arranca cada cinco minutos, lo escuchás las primeras noches, o el televisor del vecino del 4º A que esta a full hasta pasadas las doce, el ronquido de tu hermoso en los primeros tiempos compañero, los grillos en verano, el camión de la basura, los “trava” que arman quilombo en la parada de colectivo en donde intentan levantar camioneros y afines, las sirenas vigilantes distraídas con otros menesteres, la pareja de enfrente que no hace más que discutir justo en mi vereda todas las noches, la alarma de la gomería que suena porque las ratas se enfiestan.

Silencio. Puedo hacer silencio y acallar todo dentro y fuera de mi mente. O puedo agudizar y escuchar absolutamente todo.

Nada por aquí, sueño por allá….. y viene la mañana.

Semáforo, rojo, la vista se pierde, los pensamientos vuelven, como pude ser tan idiota y no darme cuenta, bocina. Difícil aseverar si la bocina espanta al fantasma o el fantasma tapa, con su graznido de ave rapaz, a la bocina que se suma a otra y otra.

Como pude perdonar tanto si al final de cuentas no he perdonado nada, me acuerdo de todo y con lujo de detalles.

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Las olas y el viento….

Dunas – Anne Packard

El hombre descendió de su camioneta y caminó más de quinientos metros por una explanada de piedra que usurpaba  el mar.

Desde donde yo estaba, alcanzaba a ver las furiosas olas correr por el costado de las rocas, y por un momento  toda la imagen me llevó a pensar en la naturaleza, en su insistencia o en su aparente quietud….

Las olas insistían minuto a minuto con la onda acción del ir y venir erosionando sobre las piedras, mientras que éstas,  a su vez,  parecían resistirse con su quietud imponente, aunque la realidad sería vista por pocos: el cambio se estaba dando aunque era imperceptible visualmente descubrirlo en una tarde.

El hombre se sentó a contemplar su caña y tal vez a escuchar lo mismo que yo.

La totalidad o la nada.

Yo estaba a un día y medio de abandonar un tratamiento preventivo que me estaba matando las neuronas, tal vez por eso mismo era preventivo. De modo que no tenía planeado escuchar nada ya que estaban entumedecidas aún o eso es lo que a mí me parecía.

Me acomodé sobre las piedras, exactamente en un punto desde donde alcanzaba a disfrutar  la inmensidad del resto del mar, el horizonte, infinidad de aves, y el reconfortante reparo de unas pequeñas grutas.

Me dejé estar como hago siempre, en un pequeño acto hacia la naturaleza traté de congraciarme con ella sin hacer grandes gestos,  ni físicos ni de ninguna otra índole. Nada de posturas de yoga, ni otra técnica reconocida de relajación, que seguro para algo sirven.

Solo me senté, trate de abrir más mis sentidos y ahí estuve un rato, dejándome llevar por el vaivén del viento, de las olas, el vaivén de la línea de la tanza que hacia un ruido extraño y por el vaivén de mi vida.

Ahí empezó el ir y venir de pensamientos analíticos y casi siempre pelotudos. Tal vez yo era como la roca que se resistía a la erosión de los otros factores externos, tiempo? O tal vez estuviera siendo como las olas, insistiendo sobre cosas sobre las que aún no se veían las consecuencias, o resultados….

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