Hoy

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Foto: Tumblr

Quiero eso y nada más.

Imperiosamente.

Ahora. Es decir hoy.

Ese hoy que se escapa.

Que va siempre un paso adelante o dos,

¿O tal vez serán tres o cuatro pasos detrás?

Vos sos -sin piedad- mi pasado,

Capturado en una fragancia gastada

Con reminiscencia a vainilla o pachuli,

En un pañuelo bordadito

Con detalles de crochet en los bordes.

Intento escalar

El montículo de polvo de moléculas

-atómicas, interestelares y anómalas-

Que nos separan mil de millones de años luz.

Alguien me mira y ha detenido el reloj.

¡Qué descarado!

Ha tocado mi tiempo y sin pedirme permiso.

 Lo espío y cuando se adormece lo adelanto,

Y cuando despierta no estoy más.

Porque cuando den las diez, o cuando den y cuarto

De un día festivo de noviembre,

Cuando el sol entre justo por esa hendija

Que solo permite la antesala del verano,

Ahí estaremos uno frente al otro,

Chocando las frentes y las caricias,

Será hoy.

Y me recogerás

Como quien levanta una hoja de otoño

Y quiere darle vida.

Patricia Lohin

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Apuntes del día

Marc Chagall “The Bride and Groom of the Eiffel Tower”

Llueve. Aún no estoy segura de hacia dónde me llevará este experimento de escribir nuevamente cosas personales. Tuve tantos intentos y todos quemados o tirados que realmente sospecho que esta vez seguirá el mismo curso.

No estoy cansada, ni abrumada, ni con dolor de cabeza, ni con el corazón a dos mil. Mis días están tan tranquilos que realmente casi me hallo perdida.

Ayer fui a ver a Carlos, mi terapista floral, como lo llamo inapropiadamente. Seguro será algo así como Carlos: Terapia con flores de Bach. Terapista es una palabra inventada por mí que no se aplica al caso. El caso….. es que luego de once años no hago más diván.  Las razones? Razones de fuerza mayor. Entonces, “mi único terapista”, aunque me atiende una vez por mes, es en estos momentos mi oreja más preciada, la misma que ayer me recomedó que comenzara a escribir nuevamente.  En realidad el “nuevamente” está casi demás. Hace tiempo que no dejo de escribir de continuo –mi última gran autocensura duró desde los veinte tantos  a los treinta y pico largos-, aunque hace un mes que dejé de escribir con fuerza, muy a pesar y muy en contraposición con lo que realmente sucede en mi vida.

Es hora. Es hora de disfrutar de mis sueños cumplidos y de soñar nuevos. Será que uno se acostumbra de pronto a no cumplir nunca los objetivos, a no agradecer, a no creer? Es el momento de darme unas hermosas palmadas en la espalda y lo que hago es mirar expectante el techo para ver si se va a caer! Esta cuestión pesimista arraigada en mi ser de que todo va a salir mal en algún momento.

Jean Mannheim”Passing Ships”

No puedo dejar de recordar – aún no termino de sacar algunas raíces de malezas en mi alma -episodios en donde el dia soleado y hermoso de mi infancia terminaba indefectiblemente en desastre, porque así tenía que ser. A veces creo que en mi familia anterior “ser feliz” o al menos intentarlo era un ataque contra la vida, la vida que si es sufrida vale la pena…..

Y de pronto hoy, a muchos años de haber vivido sin vivir realmente toda una jornada completa de bienestar, es que tengo muchas, una detrás de otra. Tengo el amor por las mañanas, mi trabajo soñado y tranquilo, el amor de mis amigas, el de mis hijos, las carcajadas, la ausencia total de adrenalina económica –cada vez necesito menos-, un proyecto individual, otros en conjunto. Hoy que aprendí a estar sola y a pesar de ello elijo no estarlo, que alguien me recuerda mis rebeldías y sinceridades, mi esencia, y encima tiene el descaro de amarme como soy.  Hoy que voy recuperando las creencias que una a una me dejé arrancar por gente escéptica, con la seguridad de que es mi verdad y existe, no me importa lo que digan los apocalípticos y miedosos de la vida.  Hoy que salgo a la calle y la gente sigue sin creer en el amor, ni en los logros o en el esfuerzo, en la lucha por la utopía, y en hacerlas realidad tapando con culpa al resto de los mortales, hoy que me aparto de todo eso para comenzar a vivir como se debe…..

Diez de la mañana, no me di cuenta. Mi tarea era hacer nada más que alguna nota dispersa con lo que me ocurre y terminé pariendo palabras desordenadamente. Me siento feliz, los sueños aún viven en mí junto con las palabras, y vuelvo a ser quien debo ser. Esa mirada que yo tenía hace muchos años cuando creía que tenía todo por delante  vuelve a mi …..

Dejo de escribir y agradezco la lluvia de esta mañana que me permite escribir y  agradezco la noche que me permitió soñar.