La foto

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Esa mañana amanecí temprano.

Como venía siendo normal en este verano despojado de normalidad, la lluvia sorprendió al amanecer.

No tuve que levantarme a abrir la ventana ya que había quedado abierta desde la noche anterior. Estuve un par de horas despierta acurrucada en mi cama, escuchando la lluvia caer sobre el piso rojo del balcón.

Más tarde supe que habías estado haciendo lo mismo, mientras una mujer que usa el mismo nombre que yo, dormía del otro lado de tu cama.

Siempre supe que tu cama estaba siendo ocupada por alguien más. No hay nada peor que un hombre que subestima la mirada puntual de una mujer en cualquier escena de crimen.

Veamos, hay una regla de tres simple.

Cuando uno se acuesta solo, destiende toda la cama, o en su defecto -como yo- sólo la mitad de esta. Cuando la cama se comparte, también pueden darse dos cosas: la cama queda toda desarmada como un campo minado o bien se nos presenta una cama dividida por dos aguas: cuando se nota que cada uno se ha levantado por su lado, dejando en el medio un cordón de sábanas y colchas.

Así era tu habitación: un lugar con una cama con un cordón en el medio. Qué triste. Detesto esas escenas que representan el apartheid doméstico. Prefiero dormir sola antes que dejar un muro en la mitad de mi cama.

La cosa es que,  mientras el libro que yo había estado leyendo hacía un par de días, ahora estaba siendo hojeado por otro yo, vos pensabas en mí.

Esa mañana tomé el café con leche descalza en mi cocina, con la mirada viendo la lluvia caer sobre el asfalto, escuchando el ruido de las gomas de los autos chillar junto con el agua, y adivinando los ojos del semáforo empañarse como si estuviesen llorando.

Sobre las ocho, antes de meterme debajo de la lluvia de la ducha, me saqué dos fotos. Una para vos que decía “está claro que yo no soy, me gusta que vayamos definiendo cosas”, y otra para mí.

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Una noche cualquiera de diciembre

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Anoche te soñé.
Tal vez fuera un acto necesario e indispensable. Una sincronía del tiempo, una mala o una buena jugada de la memoria comprimida en ese espacio sideral dentro del cerebro que es el hipocampo.
Venías caminando por el pasillo, como esas noches en las que yo ya estaba acostada, y te esperaba en un estado de vigilia subterránea, haciendo modorra dentro de las sábanas blancas de algodón. 
Escuché tus pasos suaves, tus movimientos un poco bruscos, la ropa caerse, tu presencia al otro lado de la cama, tu respiración agitada, y de pronto tu irrupción en mis sueños.
En éstos nunca te habías ido, yo nunca te había dicho adiós, sin querer ni queriendo.
Los sueños como siempre, van para donde quieren, y no aceptan interrupciones ni modificaciones en sus narrativas.
¿Te acordás de ese lunes al mediodía en el que me dijiste, con casi dolor, que mi mirada nunca volvió a ser la misma con mi último regreso?
En el sueño mi mirada tampoco era la misma.
Había mutado, y en vez de ser un faro luminoso, era una pared opaca y desprovista de emoción. 

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New year

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20/9 Ni siquiera se cumple un día de tu forzada ausencia. Forzada a costa mía. Me declaro culpable, pero no mucho. Han pasado siete horas desde que decreté tu muerte dentro de mi ecosistema. Estoy viva.

25/9 Cada paso que hago en una dirección diametral opuesta a la tuya, me trae más fuerza. Me siento una maratonista preparando sus primeros 42 km. Cada hora que corro es una línea de llegada, llegada sin vos.

5/10 Me gustaría preguntarte cómo estás, si sobreviviste, si el corazón tuyo al fin late. Dejo el altruismo para otras vidas. Hoy no pienso derrochar generosidad por esos lares.

8/10 Me imagino un mensaje tuyo del tipo “estoy libre”o dicho entre líneas: “no tengo otra cosa mejor que hacer”. Me imagino una cena sin postre, y de acuerdo a tu logística ombliguista del universo, sin siquiera preguntar cómo estoy o cómo estuve durante este tiempo. Sigo prefiriéndome lejos tuyo.

19/10 Salgo con amigas, con tanta la suerte que nos encontramos a la misma hora en el mismo bar. Se quiebran mis pupilas, llevo la pera hacia el pecho tratando de contener las lágrimas. Perdí una batalla.

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Declaración de anarquía

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© Kyle Thompson

Eclipse de luna llena en acuario. Declaración de anarquía.

La luna se teñirá de rojo, rojo carmesí, como nuestros labios luego de besarse y besarse repetitivamente.

Me encanta esta palabra: repetitivamente. Mientras la digo siento un golpecito en mi corazón: es el latir de siempre pero más intenso. Es lo que surge de ese recuerdo: el recuerdo que se hace latir; el latir que galopa y arrastra la sangre velozmente dentro de las venas y arterias; el corazón que se agita y la luna que se tiñe de rojo.

En algún lugar de la tierra se verá al sol ocultarse detrás de ésta, y en esa hora y 42 minutos, desapareceremos como un núcleo llamado “nosotros” y pasaremos a ser vos y yo. Lo que parecía indivisible se divide, se parte, se quiebra.

Qué pocas ganas que tiene el sol de ocultarse detrás de esta bola de tierra en donde nos cuesta tanto encontrarnos, recordarnos, amarnos. Esa magnificencia, esa exuberancia, ese centro universal jugando a desaparecer detrás de una nimiedad que se sustenta a base de centros comerciales y autopistas congestionadas. Y en éstas, nosotros, insultando a dioses de cartón , manejando como locos, disolviendo mediante un mensaje de Whatsapp a esta ONG que nunca benefició a nadie, ni siquiera a nosotros. Nosotros:  repetitivamente cobardes, repetitivamente egoístas, repetitivamente fracasados. Y van …

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Despedida

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Sylwia Bukowicka Fotografia

“He llegado hasta tu casa
Yo no sé cómo he podido!
Si me han dicho que no estás…”

José Dames

 

Nunca te vayas sin despedirte,

Sin anunciar tu partida.

Poco me importa el destino,

La duración del viaje,

El recorrido,

La eventual compañía,

La fecha de regreso,

O si vas sólo con pasaje de ida.

Nunca te vayas sin despedirme,

Sin decir hasta luego,

Aunque no te vuelva a ver,

O sí.

Sin despedida

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Nos pasan cosas

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© Mira Nedyalkova

Nos pasan cosas. Cosas grosas. Nos enredamos, nos embaucamos, nos escondemos, nos replegamos. Salimos desde debajo de la frazada y con la nariz un poco congestionada intentamos respirar del ambiente circundante. Olor a jengibre, a canela, a eucaliptus, olor a invierno. Olor al guisito que otrora servía en una mesa de cuatro. Olor a familia. Olor a ausencias. El horno hace tiempo que no se enciende y las luces del porche ya se han quemado.

Tu dedo sobre mi ombligo. Mi dedo enredado en tu rulo. Cuerpos alejados en un mismo territorio. El territorio que se expande. Nosotros que nos contraemos.

Nos pasan cosas. Me mirás con esos ojos saturados de emociones, y ninguna sale a volar ni siquiera por sobre la superficie de la mesa. La mesa donde yace una copa con vino rosé blend. Blends de té que tomaré por la noche para bajar todas las cosas que nos pasan. No alcanzan a tomar vuelo los sentimientos que perecen debajo de  los pensamientos que se lanzan urgentes por la pista de aterrizaje de los miedos.

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Fuimos lo que fuimos

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© Irene Cabré

Carta de amor o desamor, ponéle el título que quieras.

Al sur del planeta, Junio de 2017

“Darling:

Escribo casi con enojo. Es curioso que lo único que me subleve –“VOS” con esas tres letras- sea una constante en mis últimos años. El resto es la vida.

Hay un movimiento cíclico que me lleva al mismo lugar: nos escribimos, te extraño, te escribo más, un remolino interior y mi cuerpo que responde.

“Sería fantastic” que estuvieras acá, para recibir los golpes de mi mirada -que de neutral no tiene nada-, para escuchar mis silencios demoledores, para que sientas presencialmente lo que es que te maten con el diferencial. Pero no ese diferencial de quien te ignora porque no le importa nada, el otro, el de la que te ignora porque le importa todo.

Siento mi cuerpo tan convulsionado que está listo para la lucha. Tengo violencia interior –en realidad es pasión- y te puedo asegurar que hoy sos la única persona que la provoca.

Volví a casa al mediodía, dispuesta a continuar un día casi agradable, lleno de rutinas que no son aburridas y me confortan por el momento. Vos y yo sabemos cómo vivir la vida: ocupándonos.

El caso es que mientras hacía un par de cosas, todo lo que yo tapo con extrema cautela durante días, meses y horas, sale como un volcán en erupción, sin previo aviso, sin nada que anticipe que la lava va a arrasar con todo.

“Todo” es la supuesta seguridad de que uno ya tiene los sentimientos bajo control. “Todo” es el puto control que uno cree tener. “Todo” es el pensamiento. La lava es el sentimiento.

El volcán es el sexo, hermosa y magnífica manifestación que encontramos en común para mucho de lo que sentimos. Terminé enojada y autosatisfaciéndome, furiosa combinación. Pensando en vos claro. Teniendo tu voz clara y al instante dentro de mi cabeza, como si ayer mismo la hubiera escuchado. Casi lloro mientras temblaba. Y lloré. ¿Por qué mentir?  Y me encontré una vez más, amando mediante una manifestación física que va más allá, atravesando kilómetros, fundiendo sustancias que ni sabemos que existen, salvo en nuestras mentes. Entonces volví a permitirme sentir y a estar en ese lugar tan nuestro, tan íntimo; que aún sin el tacto ni la saliva o la respiración, aún sin el murmullo, existe. He tenido muchos de esos momentos sin compartir, pero hoy quería que lo supieras.

Me gusta cuando me mandás esas fábulas de dioses y otras yerbas, porque a veces me proyecto en esos lugares y me la creo, de que estamos en otra dimensión.

Pero siempre sale la mujer práctica que hay en mí. La que dice voy a correr 30 km y lo hace. La que le preguntás cómo llegar y te da la dirección. La que pregunta cuándo y necesita la respuesta. En ese punto es que somos el día y la noche. Como en el hechizo del lobo y el halcón, que no se encuentran nunca porque uno vive de noche y el otro de día. Por favor busquemos al brujo que puede desarmar semejante cosa.

Ya está, me entrego, en realidad nunca dejé de entregarme, pero hoy me entrego más. Pongo la cabeza y que alguien la corte please.

Que sea lo que tenga que ser. No quiero levantarme más pensando que no tengo que pensarte. No quiero tener que pensar que no tengo que sentir tal cosa. No quiero tapar más nada. Ya perdí la cuenta del tiempo que hace que espero y lucho. Creo que luchar para no sentir es peor que obligarse a sentir algo por alguien.

Y esa nueva filosofía de dejar ir…. Es una cagada. Se puede dejar ir lo que no importa, lo que da lo mismo, lo que no aporta. De los diez millones de veces que intento dejarte ir –por repetir esa frase tan absurda- volvés recargado, con más fuerza. No malinterpretes, no volvés vos porque me escribiste, sino vos en mi interior. Es como tapar una mancha de humedad en la pared con pintura al agua.

No tengo miedo a que nunca nos encontremos. Tampoco tengo miedo a morirme. Si me muero ahora todavía pueden decir “qué joven, qué linda, qué buena” y encima no te vas a enterar. ¿Te diste cuenta de que si nos morimos no nos vamos a enterar? O sea, es una boludez atómica lo que te estoy planteando, porque no somos nada, nada nos une y a la vez somos todo y para mí sos tan importante que no tenés ni idea, y mañana puede que ya no estés más en ningún lugar terrenal, y no pasa nada no? Claro, todo pasa. Dejemos el drama para Cumbres borrascosas.

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Diciembre conmigo

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Diciembre 2017

Mucho por hacer.  Poco por decir.

Quedó mi última carta sobre el escritorio.

Mis dedos manchados de tinta.

No fue suficiente.

No alcanzó tanta noche ni tantos sueños para escribir en la piel lo que antes fue poesía.

Miro la carta y me pregunto por qué está ahí dando vueltas, cuando es un juramento de despedida, una promesa de final.

Me excedí en coraje y expectativas. Pero salí ganando.

Arriesgué.

Fui pasión y acción.

Vos una película en blanco y negro.

No me quejo. Me serviste para todo.

Vos inspiración, yo acción.

Diciembre conmigo.

Patricia Lohin

Arrivederci

Roger Edward Kuntz
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Una cena fría y tardía. Una noche destemplada, un amanecer lluvioso, un atado de cigarrillos después y sale el sol. La música inunda mi casa. Me dan ganas nuevamente de enviar mensajes y de reunirme con la gente que me hace bien. Mis amigas, mis hijos. Mis alegrías.

Por unos días volví a ser la persona taciturna, enojada, a la espera, malhumorada que fui hace un año. Pero si yo no soy asi!!

Y allí es donde luego de quince días de revisión sobre el amor, otra vez me pregunto: el amor te hace perder la cabeza?

Sí, hay amores que te hacen perder la cabeza y el rumbo, los vez como amores profundos porque todo fue profundo: las lágrimas, las esperas, los dolores, las no aceptaciones, los reencuentros, las desesperaciones, el no entender. Te sentís poco, insuficiente, no amada, y no hay nada que puedas hacer.

Rectifico casi todo lo que puse antes, hay que tener cuidado con las pasiones y de donde provienen. Provienen de la desesperanza y la imposibilidad o del amor y el juego?

Subo más la música y el sol entra por toda la casa. Quiero limpiarla y perfumarla, sacarle la mufa de haber estado el dia encerrada pensando y rumiando cuestiones que debe uno cerrar inmediatamente antes de que ocasionen peligros mayores.

Hoy tal vez es el dia. Que trae el recuerdo y la vuelta si no es más incertidumbres, miradas vacías, esperas, falta de compromiso, besos robados y escuetos dados a cuenta gotas?

Acaso la ilusión de que todo va a cambiar? El otro va a cambiar? Las esencias no se pierden y está bien que sea asi. Si ayer me planteaba que no debo tomar decisiones apresuradas,  hoy ya me planteo resolverlo ya para salvarme antes de que me tape. Pude hacerlo una vez, lo hare otra.

Me miro en el espejo y me veo bella, quiero inundarme de caricias eternas, de palmadas cálidas que digan que todo va a salir bien.

Actitud. Coraje. Estima.

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Muda cadena de sueño

Luego de varios intentos por asesinar esta fantasía absurda, de pronto seguí el consejo de las runas míticas: Is, la inmovilidad, la quietud, la pausa, la no acción, la espera.

Apenas salida del deshielo y la parálisis, he logrado disipar tu entidad hoy inexistente.

Aunque ha decir verdad, he querido otorgarte dos minutos más de vida, lo que dure mi despedida.

No es una despedida forzada sino natural, como cuando un chico se despide de su amigo imaginario, de su osito o aquella manta que lo ayudó a dormir en las noches. Hoy, en el momento en que estoy a punto de cruzar este puente, descubro que es momento de dejarte y agradecerte. Tu presencia ha sido vital para mi movilización y mi auto descubrimiento.

Has significado mí abril, mis hojas sobre la vereda, mi futuro, mi esperanza, mis sueños, mi corazón encandecido, mi faro iluminando mi destino, la mano que se tiende para saltar un obstáculo, mis palabras, mis sonrisas, mi mirada, mi adiós.

Dejo que tu espíritu etéreo vuele para acompañar otras almas solitarias. Se de tus grandes poderes de conversión y adaptación a cada necesidad, sé que eres como un ángel de la guarda que nos mima el corazón cuando así lo necesitamos.

Me ves? Me estoy sonriendo.

Adiós.

Quiero apurar cada grano de arena

y el aire exacto que vaya quedando

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