Besos ricos

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Me gustan
estas nochecitas de febrero
que traen lunas nuevas
con chanchos rosas volando
un cinco de febrero.
Caminar sin rumbo y
parar a mitad de cuadra,
adivinando lo que hay detrás
de un ventanal enorme
que da a una estancia
donde dos charlan
rodeando una mesa ratona.
Me gusta el aire de estas mañanas
que más que a promesas
huelen a un hoy insospechado,
en donde el tiempo hace una pausa
a cualquier hora entre el despertar y la ducha
para decirte lo bien que me hacés.
Me gusta la mesa para dos,
los individuales coloridos,
mi cocina en acción,
donde aguardo en silencio
para escuchar el acontecer de tu día.
Me gusta esperar el final de la cena,
dejar los platos en la pileta,
arrimar mi silla a la tuya,
agarrar el tiempo con las manos,
rodear tu boca desarmada
y atrapar tu aliento
para transformarlo en
muchos besos ricos.
Patricia Lohin
#escritos #escritora #blog #besos #ricos #poesía #amor

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Vacaciones

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Nunca entendí por qué enero es tan largo. Desde que tengo uso de razón, enero es un mes por demás extendible, las horas parecen multiplicarse dentro del día que estaría sobrando para todo.
Y no es que quiera asesinarlo, ni apagarlo, ni defenestrarlo.
Aquí estoy, en algún lugar del país, en donde las sierras se extienden frente a la cabaña de alquiler con dos pisos totalmente amueblada. Lejos de ser sierras desapegadas entre sí, son como un cordón sin picos, una uniformidad que asusta. Algo está unido en la naturaleza. Esta semana nos tocó luna llena, y por la noche dejamos la ventana abierta, permitiendo que se vea desde la cama esa bola grande, inmensa y plateada besar el lomo de las sierras; mientras vos besás mi espalda
Miro a mi hombre que se ha afeitado, y parece un niño. Jugamos a que no nos conocemos, y luego de un rato tomamos el desayuno con un café lleno de azúcar y unas ensaimadas de manteca. Habrá tiempo luego para cuidarse.
La mejor noticia la trajo el diario. Dice la segunda página que los primeros labios que hayas besado para año nuevo, se quedarán con vos el resto del año. Menos mal que me besaste, y lo volviste a hacer luego. Menos mal que te dejé disfrutarme, y me permití disfrutarte.
Salis a correr por el sendero que baja hacia un arroyito, un hilo de agua con nombre de fruta fresca y dulce; sabiendo que yo necesito más café y silencio para arrancar mi día.
Mientras, yo me dedico a hidratar mi cuerpo en la pileta desierta y a dibujar tu sombra con palabras hilvanadas con hilos dorados. La hora del almuerzo tardío llegará más tarde, con esa misma lentitud que tiene enero para manifestarse.
Nunca entendí por qué enero es tan largo. Tal vez para inmortalizar estos momentos, para que el primer beso del año dure todo el año, para que pueda ver tu cara de niño detrás de tu rostro recién afeitado.
Patricia Lohin
#patricialohin #blog #vacaciones #amor #enero #relatos
Foto: Cristina Venedict

Besos nuevos

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Besos nuevos

No quiero verte,

quiero tocarte.

No quiero escucharte,

sino enmudecer juntos

aprendiendo nuevos lenguajes.

No quiero límites horarios,

sino infringir

los límites de velocidad,

tiempo y espacio,

de cualquier territorio

que esté previamente

y falsamente delimitado

por la piel de la piel.

No quiero contar

menos de un millón

de besos nuevos.

Y es que

para no querer tantas cosas

estaría queriendo todo.

Patricia Lohin

#escritos #poema #patricialohin #escritora

 

Foto: Ed van der Elsken’s Love on the Left Bank

 

El resto sos vos

0001Stanko Abadžić Photography

Tardo en llegar. El verano pasó muy rápido, luego el otoño fulminante y un invierno que me sorprendió, sin más, a cielo descubierto, sentada en una silla blanca bajo un árbol desnudo, en el patio de un hotel.

Meto mi nariz dentro de mi abrigo y recuerdo otros inviernos junto a vos, sentada en el mismo lugar, con estas mismas sillas blancas, cantares de otros gorriones y mi carcajada interrumpiéndolo todo.

Tus labios sobre el borde de la taza blanca de café, tus labios sobre mi frente, tu boca sobre mi boca, tus manos que exploran acariciando mi mirada, tu abrazo sosteniendo mi alma.

Y luego, la despedida muda, silenciosa y blanca, desértica como un paisaje polar.

Nos observo: solos y protagonistas, rodeados por una decena de sillas blancas y vacías; besándonos sin pedir permiso, con el aliento contenido y el tiempo jugando en contra, robando apenas unos días más a una existencia vacía de nosotros.

El recuerdo de tu aroma se mezcla con este aire frío y me despeja las fosas nasales. Me estremezco. Son las cinco de la tarde de otro invierno. Cuántos inviernos más tardaré en aprender a vivir sin vos?

Una muchacha se acerca y balbucea algo, le respondo distraída y breve. Vuelve con un café y esa gracia insolente de la juventud que desconoce y que se atreve. Esa juventud de la que te enamoraste cuando yo la llevaba como si fuera un vestido rojo y despampanante, con actitud y gracia; con inocencia y vitalidad.

Hoy somos dos. Mi alma y tu soledad. La dejaste dentro del último libro que estabas leyendo. Esta que me oprime el corazón y lo estruja hasta ahogar mi garganta con una correntada de río tibio.

Tomo una lapicera y escribo una breve nota en la última hoja. Sé que este gesto te hubiera gustado. Me desprendo de éste, de la tarde y de lo que queda del invierno.

El resto, sos vos.

Besos en la playa

Arne Westerman Lost in Thought

No se que estaba pensando, tal vez nada. Cuando aparece uno lo siente y listo. Es una mezcla de familiaridad que nos acerca con el otro en el momento menos pensado.

Mientras mi cuerpo aún me permite escribir, caminar, correr y reír, las travesuras de hace más de veinte años, me parecen dulces y no tan lejanas. Se nos presentan como una película sepia, y hay que agudizar la vista para volver a ponerle colores. Se corta y alguna que otra  parte directamente no se puede ver ni siquiera de manera borrosa, pero después la cinta vuelve a correr, y así es como llegamos hasta aquí con fragmentos de sensaciones.

Decidida a que el pasado no se acumule en mis hombros, todos los años hago limpieza. Reviso los libros de feng shui que dicen que hay que deshacerse de lo viejo para que entre lo nuevo y me dedico a tirar papeles, descartar ropa, ordenar, y cariñosamente vuelvo a anudar con una cinta algunos recuerdos amarillentos, que aunque me decidiera a desecharlos sé que no se reciclarían nunca.

Con cuidado desdoblé el bosquejo, la figura que vi dibujada en éste, me hizo recordar a mi amiga mientras lo delineaba. La sombra de una pareja se besaba y a sus pies y con la misma tinta rezaba la inscripción: “No hay olvido para un amor vivido”.

En ese momento estábamos seguras de que el amor era uno solo, y tal vez sea así, tal vez no. Espero poder escribir alguna línea el ultimo día de mi vida, para que conste que fueron uno o varios amores, o ninguno y muchos espejismos.

Por alguna extraña razón tenía la idea fija de que el otoño era el tiempo para el inicio de los amores duraderos;  y que el verano para amores más livianos, más intensos, prontos a terminar o directamente irrealizables.

El hecho de que el mar fuera el entorno natural de este romance en particular, me daba la pista de que la mezcla del agua salada con las algas marinas generaban un aroma que al entrar por las vías respiratorias causan estos efectos de marearse y enamorarse velozmente.

La cosa es que con carnes firmes y pocos años, lo vi alto y hermoso, sonriendo como solo un protagonista de novela romántica puede hacerlo: dientes blancos, tez bronceada, torso marcado. O serían los años transcurridos los que le sumaban detalles fantasiosos al hombre?

Arne Westerman Beach Kiss

La belleza entra por los ojos de una manera muy insospechada, y moldea todas las virtudes que se deslizan como helado de chocolate derretido por nuestras mentes. Las palabras dulces son nada más y nada menos que confetis de colores. Esto sumado a la inconsciencia de la adolescencia viene a ser más o menos como un paseo en un carrusel nocturno lleno de farolas blancas.

Un verano, una playa y unos arrumacos inocentes,  parecen suficientes para un corazoncito descuidado, que vuelve al pueblo a seguir viviendo de la misma manera que hasta unos días anteriores. Pero el sabor en los labios queda, el hecho contundente de que haya sido tremendamente corto y fulminante no hace más que ensoñar algo que por nuestros días es más práctico o eso al menos disimulan los que lo cuentan: dos personas que se encontraron y luego partieron uno para cada lado.

Imposible recordar como transcurrió el año, no hubo cartas ni lagrimas, sí el palito apenas dulce de un chupetín gastado.

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