Casa Silvia

84230623_2617887745134189_7142533392091840512_n

 

Salgo a la calle con un vestido, música y el resto de mi humanidad metida en una bolsa ecológica de Casa Silvia en la mano. No es que toda una vida quepa ahí dentro, es lo que ha sobrado luego de la última sudestada. Los escombros de los escombros, el barro del barro, la desesperanza de la desesperanza, la piel agrietada y los ojos mitad resecos mitad inundados.
A los pocos metros la boca se subleva y comienza a hacerse mar. Algo nace desde la garganta e inunda la cavidad bucal con un sabor salado. La lengua se hincha, intentando hacerle frente a tanto agua. La boca hace agua, los ojos hacen agua. Nadie lo nota, somos ciegos caminando en distintas direcciones, ignorándonos ampliamente. Me pregunto qué hay para hacer en esta maldita ciudad a parte de seguir viviendo de esta forma absurda. El tema musical para la ocasión empieza a convertirse en un ruido molesto que parece sonar desde el fondo de un túnel. Pienso en escapar. Al llegar a la plaza busco al conductor anónimo que todas las mañanas pasa una franela inmaculada por su auto color ni crema ni blanco ni leche. No está, vos tampoco estás, pero recuerdo tu voz preguntándome si uno para alguna vez de llorar, y yo mintiendo, porque quiero que aproveches la esperanza que me sobra y no pienso usar. Me pregunto a dónde podría llegar con lo que llevo encima, apenas si unos billetes de cinco a punto de morir, un cuaderno con garabatos, unos anteojos con los que ya no leo ni de cerca ni de lejos. A dónde huir, si en cualquier destino posible también me tocaría demostrar que valgo la pena en un cinco por ciento, que dentro del orden duerme un desorden infernal teniendo pesadillas todas las noches, que la seguridad no es más que una fachada mal armada, una mampostería que se está cayendo; que soy un fraude y que la ciudad sigue siendo ese lugar ajeno que lejos de cobijar, te espera a la vuelta de la esquina para abrazarte con desesperanza y recordarte que estamos absurdamente solos, con lo que sobrevivió a la sudestada metido dentro de una bolsa ecológica de Casa Silvia.
Patricia Lohin
Imagen Tumblr
#escritos #blog #poesía #amor #patricialohin #escritores #literatura #libros #escritor #frases #escribir #escritos #po

Otro día más y estás vos

80880450_2618802148376082_4069414885132337152_n

 

Cuando te fuiste, el tiempo y yo hicimos un documento improvisado sobre una servilleta con el logo de una confitería céntrica, nos dimos la mano y yo quedé tomándome otro café latte. Por unos años sentí que el mundo era una tregua, en donde la bandera blanca era una sábana de lino colgada en el cordel del patio: una extensión de soga que iba desde el limonero hasta la higuera. Detrás de la sábana podía adivinar tu andar por el sendero que lleva al galpón, mientras los chicos corrían jugando con los broches y chapoteando adentro de una palangana, esperando a que yo me fuera para hacer salvajadas.
Algunas noches, cuando todo estaba en silencio y el cansancio del día no nos había vencido aún, podía ver tus ojos abiertos mirándome en la penumbra, mientras yo trataba de cazar tu aliento con mi aliento, ahogando murmullos y risas debajo de la almohada. Por las mañanas, las cucharitas de café venían a buscarnos chocando y tintineando por el pasillo mientras semidormidos nos dábamos los buenos días.
Por unos años mi mundo fue blanco y suave como el algodón, aunque algunas mañanas parecían eternas y las noches momentos fugaces que usábamos para escribir en el cielorraso algunas cosas que queríamos repetir al día siguiente: una carcajada, el barullo insoportable a la hora del almuerzo, la mirada de un fragmento de segundo que cruzaba toda la extensión de la casa afirmando que otro día más y está todo bien. Otro día más y estás vos.
El tiempo no me la hizo fácil, le pedí poder volver y me permitió elegir un sólo instante al cual podía acceder no más de una vez al año y sin cambiar nada.
Así es como el primer día de otoño puedo dar vuelta mi cuerpo sobre la cama, encontrar tus ojos abiertos y meterme a nadar en tu mirada.
Otro día más y estás vos.
Patricia Lohin