¿Qué es lo que el alma recuerda?

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“Siendo el alma inmortal, y habiendo nacido muchas veces no es de extrañar que sea capaz de recordar lo que desde luego ya antes sabía.” – Platón

Una mujer tiene una cita pero no lo recuerda. Hay que matar la noche plagada de insomnios. Acude a un barcito con el pelo desaliñado y ropa negra, acompañando a una amiga circunstancial de la cual ya no recuerda el nombre Se deja tirar en la barra, mientras el resto de la gente charla vaya a saber de qué cosas. No quiere escuchar, porque si escucha se distrae, y si se distrae la vida pisa quinta.
Al rato viene un muchacho que trabaja en el bar, apoya su codo de manera tal que su cabeza queda recostada en una mano y la mira diciendo “hola”.
La charla comienza liviana y circunstancial. Ella ríe, está prestando atención. Sin darse cuenta se da un chapuzón en sus ojos, mientras intenta adivinar el sabor de su boca. Quiere tocarlo pero se contiene, mientras siente un aroma familiar e indescriptible que penetra por las fosas nasales y llega hasta su pecho. La velocidad del tiempo pasa a ser desenfrenada, lo cual le consume de un plumazo dos vidas. Ahora sólo quedan cuatro.
Afuera el camión recolector de la basura chilla y avisa que el amanecer viene trotando por el medio de la avenida. Ella abandona la escena sin estridencias ni hasta luegos, apenas si un beso en la mejilla.
Al llegar a la cuadra de su casa, unos chicos con la cara tapada y aerosoles en la mano salen corriendo. Unos pasos más adelante, sobre el paredón de una escuela la frase escrita en cursiva aún chorrea tinta: “El alma también recuerda”.
Treinta días tarda en recordar lo que su alma venía gritando.
El día treinta y uno, un viernes sobre las siete de la tarde, vuelve al bar con una valija en una mano y cuatro vidas en la otra.
Èl, que está empezando a acomodar las sillas para la noche, la mira y asiente sin decir nada.
Patricia Lohin