Basta

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Basta de pedir permiso para ser feliz, para ir al baño, para levantarse de la mesa, para eructar, para viajar, para enfermarse, para tirarse en paracaídas.
Basta de pedir permiso para retirarse, para besarte, para aislarse, para juntarse, bloquear, sacar el visto, mandar al buzón de voz, al spam, para escribir pelotudeces, para leer Papaíto piernas largas otra vez, cortar el cable, mandar un audio, para estar solo, para cantar, dormir a las diez de la mañana o a las cuatro de la tarde, para no ir a trabajar, cambiar de trabajo, para correr o no correr, para ir a un cumpleaños donde no conocés a nadie, para escuchar Mustang Sally a todo volúmen y convertir tu Ford K viejito en un descapotable, para no barrer las hojas de otoño, para llegar o irte antes, para callar, para ponerse un vestido de verano en pleno mayo.
Basta de pedir permiso para marchar, para estar a favor de y en contra de, para cambiar de idea, de partido político, de candidato, de religión, de posición, para clavar el corazón en la derecha del pecho, para dejar de ver la serie top en la última temporada y abandonar un libro, para llegar tarde, para respirar por la boca y hacer ruido, para fumar en el patio, no cortar el pasto, para cambiar de amor y amistades, para hacer el amor o los amores, mudarse, cambiar los muebles de lugar, transgredir, putear.
Basta de reclamar nuestra libertad al otro.
Patricia Lohin
Foto: Daro Sulakauri