Bendito

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¿Y si la vida es esto?
Digo… un cúmulo.
un montoncito,
el solcito engañando al otoño.
La duda existencial,
la bronca a media mañana,
el mensaje mal entregado,
la boca seca,
el puño apretado,
la impotencia urgente.
Un montón de adjetivos,
un mal sueño,
un copy paste
de ideas ajenas
porque ya no hay tiempo
de crear nada,
cabezas huecas y repitentes,
masas bien organizadas.
¿Y si la vida es esto?
Una carcajada asfixiante,
la ceguera cíclica,
el egoísmo ardiente,
las uñas encarnadas,
la carne apretada y obscura,
el sexo flácido y seco,
la espalda desgarbada,
las sábanas manchadas.
¿Y si la vida es esto?
Los bolsillos agotados
y el corazón extenuado
de buscar rincones nuevos
para dormir
sobre un cartón arrugado.
Tu mirada vuelve
llena de arena,
llena de polvos,
con esperanzas que antes de ayer
estaban marchitas y moribundas.
Si la vida no es más que
el acto repetitivo
de entrelazar esperanzas
y dejar que el sol
-maldito y bendito-
tenga la valentía de salir
y venir a entibiar las veredas.
¿Y si la vida es esto?
¿Y si vos sos el sol?
Benditos los valientes
que salen a entibiar las veredas
todas las mañanas.
Bendito vos.

Patricia Lohin
Imagen: Kyle Thompson
#patricialohin #poesía #escritos #escritora #amor #bendito

La copa

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La copa se cae.
Está vacía,
vacía antes de caer.
No hay estruendo,
ni sonido a cristales rotos.
El mar enmudece
contenido dentro
de la negritud completa de la noche.
Las estrellas ciegas
han dejado de replicar
la luz de la estrella madre
y el arrullo
es apenas un movimiento estelar
impresionantemente mudo.
Vacía la copa
que ha muerto
y se ha convertido
en una montaña de arena
al borde de la espuma
de miles de olas
que insisten en llegar
al mismo lugar repetitivamente.
Un lugar vacío
e inerte.
Un lugar mudo.
El paraíso ha muerto
debajo de los puentes
subterráneos
que tejen las almejas
para escaparse
de los depredadores
encapuchados
que con los pies descalzos
escarban la arena.
Patricia Lohin
Imagen ©︎José Deniz
#patricialohin #poesía #amor #copa #escritos #mudo #silencio

Las cuatro

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No hay casi fotos de José joven. Lo acabo de descubrir recién, buscandolas. Él dijo que su vida comenzó el mismo día en que las agujas del reloj se clavaron a las cuatro de la tarde. Las agujas que se clavaron porque una mujer se asentó en la mitad de su pecho, y todo lo que había vivido hasta entonces no era más que un borrador, un manuscrito a medio terminar.
Pero ese día no solo se clavaron las agujas de un reloj, en otra parte del mundo una estampida de rinocerontes paró en seco, las bestias detuvieron la respiración y quedaron congelados dentro de una nube de polvo. En una casa de Madrid un niño que estaba ya morado de llorar de pronto se calmó, abriendo bien sus ojos redondos ante alguna chuchería que no había visto antes. Gise, a esa misma hora, en un barrio de Capital, sonrió una vez más al ver una libélula apoyada en una pared, mientras dice en voz alta “estoy, estás, hoy somos eternos en estas hojas amor”.
En el mercado nocturno de Wangfujing una falla energética dejó a un cuarto de Pekín a oscuras. En una oficina de quiniela nacional de una ciudad bonaerense, se volaron todos los números, huyeron por la puerta de entrada y se convirtieron en mariposas color verde y azul marca Lotería Nacional. Algunos dicen que fue un desastre, sin embargo la muchacha morocha que atendía detrás del mostrador, huyó del lugar con un chico en motocicleta. 

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Otoño

🍂🍂🍂Oᴛᴏñᴏ 🍂🍂🍂

 

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El otoño no asesina, tan sólo viene caminando mansamente y se lleva puesto todo lo que ve colgando. Parece matar, pero sólo acaricia las gotas secas de salvia que antes formaban parte de una hoja verde, para hacerlas planear un rato hasta al fin caer sobre las aceras desparejas de la ciudad.
En una calle del centro una mujer se afana diez minutos reloj en sacar las hojas del parabrisas de su auto mientras murmura palabras obscenas.
En las afueras otra mujer las barre llevándolas medio de la calle, esperando que un objeto volador no identificado las aspire tal vez, y lleve al fin esta inmundicia que se cae de los árboles y lo ensucia todo a otra galaxia. Pero, lo único que circula es un camión a toda velocidad que vuelve a poner las hojas en su lugar. 

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Enfermedad

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– Qué triste esta enfermedad…
– Cuál?
– La degenerativa del ser. La que corroe el alma y el corazón. Como si te hubieran agarrado con lejía y odex.
– Eso es contagioso?
– Claro. Por más que tu casa tenga una puerta chiquita y encubierta, a un costado, poco visible y accesible, siempre hay alguien que se cuela. Y no son luciérnagas, ni bichitos de luz, ni vaquitas de San Antonio, ni siquiera son tristes polillas. Siempre hay alguien que se mete por una hendija, y va directo al primer cajón de la cómoda de tu pieza, donde sabe tenés el collar trucho con cuentas multicolores. Lo agarra, te lo coloca en tu cuello mientras simula un tibio murmullo de su boca. Más tarde, con las defensas bajas, tira de éste hasta que las cuentas desaparecen por la rejilla de la ducha.
– Y es letal?
– Depende del tiempo que te lleve reconstruir todo.
– Y eso cómo sería?
– Eso sería como ir de campamento a un lugar con bosque y mar. Estar muchos días, juntar caracoles, piedritas, objetos extraviados, botellas vacías, anzuelos que dejaron los pescadores, capturar alguna estrella fugaz, soplar y sudar mucho, llorar más.

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Infancias

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Tengo menos de diez años. No sé si un año menos o varios.
La noche ha quedado silenciosa.
Algo ha pasado, pero no alcanzo a registrar la magnitud. No sé si quiera o deba hacerlo tampoco.
Hasta hace un momento todo era un surmenage de palabras en forma de cuchillos, gritos, estridencias de cosas estrelladas contra el suelo. El cielo se estaba resquebrajando. 
Nunca entendí bien esa expresión de algo que se “estrella”.
Ojalá fueran las estrellas las que cayeran en el piso de la cocina y fundaran cráteres llenos de brillantinas de colores, ojalá ese cráter me tragara y me llevase a un universo paralelo donde la vida fuera un abrazo y no esta película violenta y psicodélica.
La mesa de la cocina yace descuartizada, parece que han muerto sus patas, o al menos están en coma cuatro. Ríos de antiguos habitantes de la alacena circulan en un piso gomoso. El azúcar se adhiere en las suelas del calzado, y pasa a ser lo único dulce en varios kilómetros a la redonda.

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