Definitivamente

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No creo en los finales,
ni en las perdices.
Que si en la puta vida
he visto una correr, volar,
o ser feliz.
No creo en los finales.
Creo a ciencia desierta
que sería hora de certificar
que no existe tal cosa
como un final.
Tan solo
el final del día que llega
para que comience
todo de nuevo,
mientras nos enviciamos juntos
super poblando nuestro mundo
de finales inexistentes.
Definitivamente
te quiero,
sin final.
Patricia Lohin
Foto: Hélène Desplechin
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Fosfenos

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Rueda la bicicleta calle abajo y el viento arrastra las hojas secas por delante. Parecen huir, o correr.
Se desvanecen los ruidos y se apagan las intermitencias del semáforo.
Los transeúntes se congelan con gestos estupefactos y todo a mi alrededor termina siendo una postal en blanco y negro.
El mundo no se desmorona allí afuera. Simplemente ha dejado de interesarme.
La gente llega al mercado por la mañana, poco despierta, poco limpia, poco asertiva, con pocas ganas de todo y apenas perfumada por arriba con el spray de la ropa. 

 


Se dirigen a los lockers y dejan sus corazones gastados en los casilleros que van del 1 al 45. Cuando ya todos están completos y no quedan lugares para más corazones destrozados, simplemente los tiran a un costado, a la intemperie, cerca de los containers de los residuos y del tutor que sostenía la planta que nunca nació.
El mundo ha dejado de interesarme, igual que yo a éste.
Me río, ¿desde cuando fuimos tan importantes el mundo y yo el uno para el otro?
Voy pedaleando por la calle principal, tirando hechizos de congelamiento global, mientras las hojas me preceden en velocidad. Va mi vestido rojo sonriendo junto al viento, mientras se adivina que llevo un culotte con mariposas blancas.
Algunos individuos quedaron congelados con el celular en la mano. Pienso que les interrumpí las ganas de ignorarme. Al fin una buena noticia.
Llego a destino, o el destino me llega a mí. El otoño está en todas partes. El jazmín invade descaradamente la puerta de entrada. Desde que renació vive y crece impetuosamente. Apoyo mi bici en la vereda, y veo una figura que camina seguro hacia mí.
Pienso en que ha fallado, eso del frío polar y la aniquilación de las especies, que no me alcanzó el polvo para todos.
Me froto los ojos. Veo estrellitas de colores, y detrás te veo a vos.
Patricia Lohin
Fosfenos: colores o “estrellas” que vemos cuando nos frotamos los ojos.
Foto: Felicia Simion