Change your heart

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Qué aterradoramente silenciosas
son las mañanas.
Mi cuerpo también está aterrado.
No entiende lo que intento hacer con él. 
Se siente amenazado de muerte,
mientras yo me siento presa.
Mi cuerpo es una cárcel,
estoy cautiva en una prisión sin barrotes,
condenadamente fría y retirada,
furiosamente destemplada,
odiosamente silenciosa.
“Change your heart, look around you”
canta Beck y parece un mantra.
En la pantalla plana un hombre quiere matarse,
pero es muy cobarde para hacerlo.
Le duele perder. Como a todos.
Todos nacemos perdiendo.
El primer acto que se nos regala
al nacer es de pérdida.
La primera lección y se olvida tan pronto. 

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Vestidos para todo

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Es otoño querido.
Suena tu alarma. Volvés a la cama a abrazarme luego de apagarla. Dormimos diez minutos más o un siglo.
Suena mi alarma. Extiendo el brazo para silenciarla. Dormimos diez minutos más y otro siglo.
Queremos más de este estado comatoso y calentito, pero la vida nos llama ahí afuera. 
La gente sale a la calle súper poblada de abrigo. Me pregunto qué se pondrán dentro de tres meses, mientras veo salir el vapor de mi taza de café instantáneo de segunda marca sin leche.
Pocos venenos entran hoy en mi boca, salvo este café.
Escucho la puerta delantera cerrarse y tu ser que se pone en marcha junto con el motor del vehículo.
Voy hacia el balcón y en un acto de silencio absoluto veo al sol desperezarse por sobre el techo arriunado de chapas de mi vecino.
Quisiera quedarme envuelta en una manta mirando al sol bostezar, para luego prepararme otro café -esta vez con leche-, y por qué no unas tostadas ya condenadas a muerte con algún dulce casero que se estacione sin pagar ticket en la comisura de mis labios, por donde luego pasaré la lengua. La lengua que hace unos minutos estaba nadando en tu boca.
Y quedarme escribiendo versos desaforados, sandeces y finales disparatados, mientras Chet Baker suena en el rincón de la estancia por donde entra la mañana.
Es otoño querido.

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Poesía personal

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Esta poesía personal,
anárquica y política;
es un rejunte enmarañado
que nace de abajo del polvo
que se junta en los rincones
del edificio de la estación de tren
abandonada.
Es calma y revolución,
lágrimas de sangre que caen
mientras la boca está apretada,
la mandíbula duele
y los dedos hinchados insisten
en accionar las teclas
de la máquina de escribir vieja.
Son tus ojos entrecerrados
que pretenden calcular a simple vista
la distancia entre tu cama y la mía,
entre tu vida y la mía.
Es el olvido que nunca llega
a asentarse ni a nutrir la tierra
para que nazca algo nuevo
sobre lo viejo.
Es lo viejo que no muere
y sigue jóven y fértil
como los campos
que reverdecen en el monte
situado debajo de tu ombligo.
Jóven como tu mirada
luego de tantos años,
como tu voz ronca
que susurra a mi oído
que ahora sí,
tal vez,
puede ser.
Patricia Lohin
Foto: Guy Le Querrec
#escritos #escritora #patricialohin #poesía #jóven #amor #blog

Antes del sol

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Acaba de salir el sol,
y antes del sol
acababa de caer la lluvia.
La lluvia furiosa 
que golpeaba el ventanal
de mi cocina
permitiendo que el agua
se colara sin más
por debajo de la puerta.
Mis pies mojados,
chapoteando en agua de cielo.
Un mar de agua dulce
debajo de la mesa,
otro mar de agua salada
al costado de la taza de café.
La furia se detiene,
el llanto muere.
Acaba de salir el sol,
y antes del sol
acababa de caer la lluvia.
Miro el sol resaltar
el verde apagado de las plantas
que se preparan para el otoño,
mientras te escucho decir
que mis ojos marrones y opacos
volvieron a ser pardos.
Patricia Lohin
Foto Stephen Beadles
#poesía #escritos #patricialohin #blog #escritora #amor #otoño #lluvia

Escupiendo amarillos

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¿Hace un guiño la estrella
o me parece?
Tal vez sea un mosquito
que justo se cruzó
haciendo una ilusión óptica
entre mi retina y esa estrella.
Ilusión de que el cielo
está de mi lado.
El verano que agonizaba
al final auto decreta su muerte
con la presencia
-a mitad de la cuadra
donde se aloja la seccional primera
de la comisaría local-
de un frondoso árbol
escupiendo amarillos.
El otoño llegó
y los primeros testigos
son los uniformados.
Al lado del árbol
un grafiti reza
“Nunca seré policía”.
El otoño no hace ruido.
Llega con pasos sordos
y un silbido inaudible,
se te para enfrente
un 20 de marzo
y te clava la mirada,
te clava el alma.
Vos salís a la calle
medio mareado,
medio aturdido,
totalmente enamorado.
Patricia Lohin
Imagen @Jeremy Perez-Cruz
#otoño #poesía #amor #amarillo #verano #patricialohin #blog

Fusilamiento

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Se escuchan los tambores repiquetear delante mío. Tengo los ojos vendados.
Supongo que los soldados armados están en la misma línea que los que tocan los tambores.
Yo estoy parada de espaldas a la pared lateral de una iglesia, la que en un rato lucirá manchada con mi propia sangre.
Llevo un vestido largo con los bordes pesados y embarrados, las mangas destrozadas de las que cuelgan hilachas. Mis pies descalzos tienen incrustados en las plantas piedritas que encontré en el camino, y que ahora representan un dolor menor.
La sangre de los pies -mi sangre de mis pies- penetra la tierra -mi tierra-; incluso siento otro caudal de sangre tibia cayendo entre mis piernas. Ésta sabe, sabe que pronto no estará más contenida dentro de mi cuerpo, e intenta huir antes, por las puertas abiertas de mis heridas.
Escucho los tambores cada vez más lejos, mientras alguien carraspea antes de leer todos los “porqués” de mi presencia frente a este destino:
Traición a la patria. La patria que llevo en el pecho, el pecho que antes era rosa, y ahora es gris.
La patria que era grande, venturosa, alegre y tenía mil palabras a la orden de nuevas listas, poemarios y prosas.
La patria con ombligo generoso, plantado en el medio de una panza más parecida a la loma de una pradera y no a esta estepa reseca y desértica.
La que otrora llevaba guirnaldas con formas de estrellitas multicolores perdidas en el largo del cabello dorado; hoy deshidratado, al igual que las venas azules del dorsal de mis manos. 

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Campo minado

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Antes nos amábamos. Bien o mal, pero nos amábamos.

En las escaleras, en el placard, al costado de la heladera.

Antes la pava emitía chillidos histéricos, anunciando que el agua estaba ya recontra hervida, recontra caliente.

Antes, todo hacía ruido. La cadena del baño, el lavarropas, los carrillones de los balcones, el perro del vecino ladraba desaforado, la alarma de la esquina soñaba que sonaba y algún que otro vehículo tuneado gastaba sus gomas cuando el semáforo aún no se había puesto en verde.

Antes la lluvia mojaba, y de la ducha salían burbujas de colores, con aroma a frambuesa y jazmines.

Antes la comida estaba caliente, y el vino se ventilaba por la boca de la copa, mientras mi aliento unido al tuyo formaba huracanes dentro de la cocina. Antes sonaban Clapton, Dylan, Nick Drake, los Rolling. Antes la cerveza se servía sin espuma en un sólo jarro y yo tomaba de ese mismo sólo para hacerte enojar.

Antes el pasillo que lleva a mi habitación era la búsqueda del tesoro, un sendero para ser sembrado de ropas, una carrera de obstáculos con paradas y refrigerios llenos de fruta fresca.

Ahora sólo hay sombras en cada rincón, y las paredes parecen desmoronarse como si fueran los muros de un castillo de arena. En huelga están los cubiertos, la heladera, los individuales y las copas de vino. Los cuchillos para cortar carne ya no se trenzan en breves batallas para ser afilados, mientras mueren oxidados en el último cajón del bajomesada.

Antes nos amábamos. Bien o mal, pero nos amábamos.

Y la casa era algo más que un campo minado de recuerdos.

Patricia Lohin

Imagen Tumblr

#camposminados #escritos #relatos #blog #patricialohin #amor #casa #escritora #relatos

Sueño paradoxal

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El tema es más o menos así: cuando estamos profundamente dormidos y tenemos nuestra máxima actividad cerebral, se da un intercambio increíble donde la pregunta encuentra a la respuesta. Este intercambio es el que permite arreglar el futuro que se ha creado durante el día. (@astrolo.gi)

Lo vi en uno de esos lugares que lucen mejor de noche que de día, ya que las penumbras permiten esconder cualquier falla y desfasaje en la construcción. Sin conocerlo me llamó la atención, y apremiada por la espera que se estaba estirando, es que me dediqué a observar la escena en donde él hacía su vida muy lejos de la mía.
No creo en los deslumbramientos de la carne, porque según mi conocimiento primario llevan a la consiguiente decepción de las almas. Me distraje con la longitud de su cuerpo, la caída de la camisa por el arco de su espalda, la mirada constipada tratando de cazar las luces tenues del rincón. Junto a él, una hermosa mujer, con el pelo arreglado y el maquillaje acorde, las uñas perfectas y un vestido que afinaba seductoramente una figura impecable. De pronto me vi extasiada por la imagen de la perfección corpórea de ambos, algo tan ajeno a mi como mudarme al Peloponeso. 

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Tell

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ᴛᴇʟʟ ᴛʜᴇᴍ ɪ ᴡᴀꜱ ᴛʜᴇ ᴡᴀʀᴍᴇꜱᴛ ᴘʟᴀᴄᴇ ʏᴏᴜ ᴋɴᴇᴡ ᴀɴᴅ ᴛʜᴀᴛ ʏᴏᴜ ᴛᴜʀɴᴇᴅ ᴍᴇ ᴄᴏʟᴅ
– ʀᴜᴘɪ ᴋᴀᴜʀ

Contá querido, que yo era el lugar más cálido que conociste, al menos durante la última semana, y que lo convertiste en un continente frío, desértico, apagado, silencioso. 
Como la casa de mis padres cuando era chica: una cocina inoperante, escuetas comidas sin postre, bebidas sin gas, fideos blancos sin queso, té sin azúcar, sábanas frías y tirantes en la cama, parlantes muertos y plantas de plástico en los rincones del modular opaco.
Contá que yo era como una de esas playas de las cuales la gente no se quiere ir nunca, esas donde el sol se acuesta justo en la línea que divide el cielo del mar, pero que en algún momento me noqueó el hastío y el desinterés oxidó el marco de la foto polaroid que no alcanzó a revelarse. 

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Uno + Uno

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La economía cayó un 2,6 % el último año -o eso dicen y ya sabemos cómo es el tema con lo que se dice- lo cual sería una nimiedad si tomáramos en cuenta que los niveles generales de empatía, enamoramiento y afines cayeron más de un 45% en el mismo período.
Antes de antes de ayer, todo parecía venirse en picada -igual que hoy- hasta que vos y yo nos cruzamos y tuvimos la fatal idea de hacer un arreglo casi comercial: ya que el mundo se está desmoronando, armemos un pequeño mundito lejos de tanta desolación económica, emocional y física.
Todo parecía ir más o menos bien, o sea, todo lo bien que te puede ir cuando recién conocés a alguien: poco o nada de fuegos artificiales, nada de sentimientos profundos, menos que menos algún movimiento intenso que pronosticara alguna pseudo pasión o entusiasmo, nada de colorear fuera de los bordes.
Típico caso donde uno más uno fue igual a una hoja en blanco, en donde el tiempo estaba destinado a rascar lo de abajo del subsuelo, como si pudiese sacar algo más que polvillo.
No pasó nada muy loco, nada muy raro, es más, todo estuvo predestinado a morir antes de nacer.

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Baches

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Así te amo, con la desesperación de lo que parece imposible. Pero también con la paciencia de un perro que se tira a refrescarse en el medio de un charco, el que se forma en un bache en plena calle. Y después dicen que los baches no sirven para nada, cuando son mi remanso. Como vos, que sos mi bache, mi falla, mi error, la deformidad del dedo chiquito del pie, un pequeño soplo en mi corazón, mi refrigerio esta tarde de finales de verano, mi descanso mientras espero el otoño y me recuesto en el largo de tu cuerpo, mientras los minutos que teníamos programados se disuelven.
Maldito reloj. Malditos nosotros que seguimos conformandonos con migajas, todo porque te asusté en la primaria con mi intensidad, cuando te dije que te quería y aún no sabía besar; o que tu boca tenía sabor a frambuesa, a limonada, a caramelos con chispitas ácidas adentro.
Así te amo, sin límite de tiempo, sin siquiera esperarte a la vuelta de la esquina o a la vuelta de la vida. Me rectifico: no es que me conforme, porque siento como me mirás, mientras tus ojos color cielo penetran en mi estratosfera. Entonces, ¿qué más puedo pedirte?

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