Cómo te extraño la puta madre

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Hay viajes que no deberían hacerse nunca.
Por ejemplo el que hoy a la tarde me llevó a los ajustes del teclado de mi celular, todo para descubrir que el diccionario con “mis palabras” contiene tu nombre y todas las otras variantes de éste. Nunca me había puesto a contar de cuántas maneras diferentes llegué a nombrarte hasta hoy a la tardecita. Siempre quise sorprenderte, agarrarte con el alma abierta, con la guardia baja, con la panza llena de hambre, con la lengua húmeda, con el ojo atento, con la sonrisa fácil.
Tal vez sea un fracaso no haberte enamorado, o una suerte. Mañana lo sabré mejor, cuando deje de sentirte tanto. Siempre fui lenta para todo.
Hay una palabra de tres letras y acentuada, casi al final del diccionario personal, que al leerla me dejó partida en tres millones de piezas, desparramada sobre el piso de madera, como ceniza, como arena, como polvo de alguna galaxia estrellada, como restos de un gigantosaurio o de un saporex. 

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