Cinco días para…

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Es sábado. Faltan cinco días para terminar enero.

Enero pareció un mal chiste.

Vivir dos días para contarlo y dormir cuatro días para olvidarlo.

Caminar con vos por la playa, volver, ducharnos, ponerte crema por el cuerpo, agarrar el marco de tu cara y mirarte a los ojos tratando de navegar en éstos, mirarme en tu espejo, saberme perdida, tener que irme.

Llegar a casa, apagar las luces, apagar la música, desprender el alma, desconectar el celular, encender un cigarrillo, mirar el horizonte desde el patio, ese punto imperfecto donde sé estás vos como un cometa precioso.

Abrir la heladera y no encontrar nada. Dejar de comer. Encender otro cigarrillo.

Recostarme, recordarte, olvidarte, padecerte, escribirte, cobijarme, anularte.

Tener que decidir en una noche quién de los dos sobrevive y quién muere.

Un duelo. Sos vos o soy yo.

Me decidí por mí, pero mi sobrevida aún está por decidirse.

Patricia Lohin

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Respirar

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El agua está fría. Voy contando los metros que avanzo a medida que ejecuto las brazadas. Mi boca se abre por el costado intermitentemente. Me gusta el sonido del agua, me gusta observar los detalles del fondo de la pileta, sumergir mi cabeza para luego sacarla y escuchar la sinfonía que nace de todos esos movimientos. Junto los dedos debajo del agua y empujo la mano hacia atrás para propulsarme. Respiro, inhalo, exhalo.

Me recuerdo hace apenas unos meses, trotando media hora, una, dos, cuatro horas y algo, en el medio de una ciudad desconocida, mientras mi respiración pasaba del primer plano a la armonía absoluta.

Entonces, luego, tuve que cambiar de medio y empezar todo otra vez. Del aire libre, al agua de la pileta, y de la pileta hacia tu boca.

Cuando nos conocimos, yo no sabía nada de respirar con vos. Entonces, empecé contando la distancia que me separaba de tu cuerpo, avanzando lentamente, levantando los brazos para rodearlo, robando una bocanada de aire y a medida que mi boca se iba de viaje por tu cuello ir inspirando. Luego robaba otra pequeña bocanada y me iba de excursión hacia tu boca, intentando controlar el vacío que se formaba justo en mi esternón.

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