Gente intensa

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Él me dijo que yo era intensa. La oración cayó por whatsapp como si fuese la manguera de bomberos voluntarios pero llena de combustible, y yo que estaba prendida fuego. No hay nada como el sentido de oportunidad de un hombre. Las sirenas no sonaron y yo me consumí hasta las cenizas. Entonces, a mil años de esa frase fatídica y como quien no quiere la cosa, empecé a revisar todos los recortes de la historia en donde la profundidad de mi intensidad se había hecho carne:
Yo…despeinada, huyendo, cayendo, apasionada, sin bozal legal, pidiendo disculpas, acusando… mostrándome real, indecisa, vulnerable, llorando o riendo al doscientos por ciento… queriendo té a las ocho, mate a las tres, nada a las cinco, siempre con hambre, y viendo que sus ojos al sol son más claros pero más contundentes… celosa como una loba junto a su cría, pero reprimiendo con soltura cualquier síntoma que me declarara en evidencia, diciendo hola y adiós en la misma milésima de segundo… en silencio, mascullando miles de palabras que mañana haré texto, poesía o un rejunte de incongruencias varias, re enumerando la última página de este libro que dice Fin y pateándola por enésima vez pa’delante… dando el último beso como si fuera el primero, el primero como si fuera el último, volviendo a crear otro universo en el mismo lugar en el que ayer se rindieron los planetas.


Y… luego de toda esa intensidad, llego -no sin pagar un peaje sideral- a un lugar subterráneo, bastante oscuro, parecido a una de esas construcciones que duermen debajo de algunas ciudades antiguas, en donde ya no se escuchan los transeúntes putear, ni los chirridos de los neumáticos, ni los bocinazos. Al terminar de descender al recinto, siento la profundidad de ese semi útero en donde sólo se escuchan la quietud de la respiración y el compás perfecto del corazón en calma.
Me tiro una siesta en el medio de ese paisaje prosaico y espero que llegue el próximo simulacro de tormenta, el duelo de miradas y la secuencia inteligente de su argumento refutando al mío. ¿Por qué conformarse con ser charco si se puede ser el océano entero?
Patricia Lohin
#escritos #escritora #relatos #intensidad #amor #océano
En la foto Alejandra, retratada por su pareja Carlos.

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