Gente intensa

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Él me dijo que yo era intensa. La oración cayó por whatsapp como si fuese la manguera de bomberos voluntarios pero llena de combustible, y yo que estaba prendida fuego. No hay nada como el sentido de oportunidad de un hombre. Las sirenas no sonaron y yo me consumí hasta las cenizas. Entonces, a mil años de esa frase fatídica y como quien no quiere la cosa, empecé a revisar todos los recortes de la historia en donde la profundidad de mi intensidad se había hecho carne:
Yo…despeinada, huyendo, cayendo, apasionada, sin bozal legal, pidiendo disculpas, acusando… mostrándome real, indecisa, vulnerable, llorando o riendo al doscientos por ciento… queriendo té a las ocho, mate a las tres, nada a las cinco, siempre con hambre, y viendo que sus ojos al sol son más claros pero más contundentes… celosa como una loba junto a su cría, pero reprimiendo con soltura cualquier síntoma que me declarara en evidencia, diciendo hola y adiós en la misma milésima de segundo… en silencio, mascullando miles de palabras que mañana haré texto, poesía o un rejunte de incongruencias varias, re enumerando la última página de este libro que dice Fin y pateándola por enésima vez pa’delante… dando el último beso como si fuera el primero, el primero como si fuera el último, volviendo a crear otro universo en el mismo lugar en el que ayer se rindieron los planetas.

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