Año viejo

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Yo sé, sé todo.
Sé que por tus venas,
arterias y demás ramales,
la sangre fluye a menos diez.
Que tu corazón está perezoso,
cansado y hastiado,
por no decir moribundo y entregado.
Yo sé que este maldito año,
fue más largo de lo normal,
que las noches se extendieron
más allá del amanecer,
por estar desvelado
con el culo mirando para la ventana,
y los brazos rodeando tu propia espalda.

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El horóscopo de hoy

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Roberto trabaja en el diario local. Es un trabajo de medio tiempo, medio pelo y medio sueldo. A parte de estirar el café, prepararlo en una versión económica y para que dure, es el encargado de los mandados entre escritorios, de juntar el papelerio arrugado en los basurines para ponerlos en bolsas de consorcio, y durante un mes, también fue reemplazo de Sarita, la que escribe el horóscopo de cuatro líneas que aparece en la ante última página, justo en frente de las participaciones sociales y necrológicas.
Roberto no tiene ni puta idea de cómo se escribe el horóscopo. Sólo sabe lo que le gustaría que dijera el horóscopo de él.
Ese viernes en particular, tipeó para cáncer -su propio signo- “Hoy conocerás al amor de tu vida. Abre tu corazón. Número de la suerte: 26.”
Para los otros signos puso algunas inconsistencias varias, lo mandó a impresión para que saliera el domingo, y se fue a dormir.

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Tomando la posta

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-¿Querés que te recuerde cómo llegaste hasta acá?- Me preguntó ella ayer.

De pronto se me vinieron a la cabeza los meses de ciclo lectivo, donde ir a la escuela era mi mayor refugio. Por eso, hoy de grande, aún espero marzo con ansias. Es el mes en el que empiezan las clases, y puedo ir a la escuela. A tomar la leche, a estar con mis compañeros, a decirle a Fernando mi compañero de banco que me gusta, -sí, de chica siempre fui de tomar la iniciativa-.

Luego recordé los feriados, los domingos, los días de verano sin pileta, las fiestas: días extensos, hartantes, angustiantes, rondando en una cocina que no me pertenecía, sin utensilios, ni pan con manteca, sin nesquik, sólo mate cocido con leche. Dios sabe que odio el mate cocido con leche.

Así llegué hasta acá, sin mirar atrás.

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Tiempo

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“Seremos lo que hagamos juntos” me dijiste un domingo de esos atípicos en donde nos escapábamos hasta la playa.
Sonaba a que éramos una promesa que ya estaba en funcionamiento, sólo nos faltaba el resto: tiempo, lugar y oportunidad.
Tu boca tibia, dulce y con gusto a manzana es lo último que recuerdo. El resto fue una sucesión de hechos fortuitos e impensados; el destino metiendo el dedo en el culo, caprichos, acciones apresuradas, conclusiones disparatadas, entredichos, pasiones desatadas, tu furia contenida, mi asombro, mi inacción, mi huída.
Pasamos de ser perfectos el uno para el otro, a ser extraños y desconocidos.
El exilio del paraíso terminó en la sala de terapia intensiva del triste nosocomio local, con un dolor agudo en el pecho extendiéndose por todo el cuerpo, para terminar localizado en la pierna izquierda. Como cualquiera de esos putos dolores crónicos que perduran día tras día, cuando llegó su disolución me di cuenta que lo extrañaba.
No importa lo que provocaras. No importa si por tu causa mis días eran un fucking sufrimiento o un 20 de abril. Te extrañaba sin medida, sin elección. Cualquier cosa que me hubieras ofrecido: la risa, el grito, la pobreza existencial, el frío, tus actos calculados, el llanto, el amor físico, los horarios, la comida recalentada.
Llegué incluso a extrañar la indecisión que acabó por matarnos.

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New year

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20/9 Ni siquiera se cumple un día de tu forzada ausencia. Forzada a costa mía. Me declaro culpable, pero no mucho. Han pasado siete horas desde que decreté tu muerte dentro de mi ecosistema. Estoy viva.

25/9 Cada paso que hago en una dirección diametral opuesta a la tuya, me trae más fuerza. Me siento una maratonista preparando sus primeros 42 km. Cada hora que corro es una línea de llegada, llegada sin vos.

5/10 Me gustaría preguntarte cómo estás, si sobreviviste, si el corazón tuyo al fin late. Dejo el altruismo para otras vidas. Hoy no pienso derrochar generosidad por esos lares.

8/10 Me imagino un mensaje tuyo del tipo “estoy libre”o dicho entre líneas: “no tengo otra cosa mejor que hacer”. Me imagino una cena sin postre, y de acuerdo a tu logística ombliguista del universo, sin siquiera preguntar cómo estoy o cómo estuve durante este tiempo. Sigo prefiriéndome lejos tuyo.

19/10 Salgo con amigas, con tanta la suerte que nos encontramos a la misma hora en el mismo bar. Se quiebran mis pupilas, llevo la pera hacia el pecho tratando de contener las lágrimas. Perdí una batalla.

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Me enamoré de un asesino. Pero a quién le importa ahora.
El día en el que él se convirtió en asesino, yo me convertí en un cuerpo inerte.
Era evidente, desde el primer momento, en que no podríamos interactuar vivos y juntos mucho tiempo.
Seguramente se convirtió en asesino como un acto en defensa propia. 
Moría él o moría yo. Si en algunos juegos de mesa, gana el que tiene más fichas, en la vida gana el que tiene más amor propio.
Los casilleros de mi amor estaban todos llenos con su nombre.
Y los de él también, llenos con su propio nombre.
Según me cuentan algunos muertos, con los que tomamos mate sentados en los silloncitos de cuero que pusieron en el Limbo, salimos en las noticias.
Los titulares de los diarios impresos y páginas on-line no paraban de hablar de nosotros, crimen pasional lo llamaron.
Los periodistas no saben nada más que inventar historias.
Lo cierto es que no había pasión, ni discusiones, ni violencia, ni miradas.
Tan solo la dureza de los días insólitos, que circulaban desde un lado hacia el otro, tejiendo tramas absurdas, descompajinadas e insulsas. En ese contexto ningún asesinato es admisible. 

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Avión de papel

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Los titulares dicen: “avión de papel intenta suicidarse por enésima vez.”
Supuestamente alguien puso nuevamente al avión en funcionamiento, y a las 18:15 de la tarde volvería a intentar estrellarse contra el concreto.
¿No se le puede explicar que al ser de papel no se estrella y no se rompe por la caída?
El papel se garabatea, se escribe, se hace cuento, poesía, lista del mercado, lista de pendientes, lista de qué hubiera pasado si me hubiera animado a decirte… Puede mojarse, puede romperse en mil pedazos o puede incendiarse. Esa sería la destrucción total, salvo que alguien lea lo que dice el papel por dentro.
Esto ya es otro asunto mayor. El avión podrá intentar suicidarse tres millones de veces, pero una vez leído el mensaje, entramos en la dimensión de lo eterno.
Para leerlo habrá que salir corriendo a la vereda, esperar que el viento no lleve el avión muy lejos para, que al aterrizar, despleguemos la hoja y leamos el manifiesto que yace escondido dentro de los pliegues.
Leído todo, sería menester volver a armarlo y sacarlo a pasear al ras de la vereda, de cuadra en cuadra; hasta que un potente y bien dirigido viento lo impulse hasta arriba de una terraza, un paredón o un escalón, para así volver a intentar un improbable suicidio.
Más o menos como cuando el corazón quiere tirarse en picada desde tu pecho. Pero una vez que se leyó mensaje, hay algo que es imposible de olvidar.
Patricia Lohin
#escritora #escritos #patricialohin #relatos #corazón
Viñeta artista Flavita Banana
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Cuarentena

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Esta cuarentena
que se termina sin vos,
pero que acaba conmigo
raspando la carne de la carne,
bañándome con té de manzanilla,
bebiendo asquerosos brebajes,
fumando hierbas psicodélicas,
haciendo ceremonias
estrafalarias con velas
rosas, blancas y amarillas;
blanqueando capitales
privados y extranjeros,
diciendo tu nombre
a los cuatro vientos,
confesando que te amé
parada delante del mostrador 
de la comisaría de la seccional 8, 
con nombre y apellido,
dirección postal, 
localidad y teléfono. 
Esta cuarentena
plagada de carnes abstemias, 
de clamores, orgasmos
y otros fuegos, 

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Muerte natural

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Sábado.
El mediodía está tibio.
La mañana amaneció con todas las flores abiertas y el néctar chorreando por los pétalos blancos. Mientras los minutos acontecen sin hacer nada, el deseo se va acrecentando como un monstruo sobre el que no se tiene poder alguno.
Doce, doce treinta, doce treinta y tres minutos.
Toco el timbre de tu casa.
Una a una se abren las puertas.
Recorro las distancias certeramente.
Sin mediar peros ni distancias, acontece el disparate.

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Alto costo

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-Una de amores ocultos-
Te dije que iba a pasar esto. Aunque me podría haber pasado a mí, o mejor dicho te podría haber pasado a vos. Digo, esto de que la línea está muerta, de que en tu muro aparecen gratas despedidas, de que ya no estás más en ningún lado físico para decirme por audio y con voz ronca que soy tu Elsa Bornemann. Todos pueden ir a tu despedida menos yo que la última vez que te escuché fue porque te ibas a hacer un control de rutina, luego el silencio; el signo de interrogación y el desenlace. ¿Dónde quedaron las gotas de la lluvia pegada al parabrisas de tu auto mientras me amabas? Te dije que la peor distancia es la no despedida. ¿Qué hago yo con esta carta de amor si no puedo entregarla, o al menos narrarla con una opereta de fondo, o con alguna de esas cosas lacrimógenas que de tanto en tanto se te daba por escuchar? 

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A cielo abierto

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Viene un señor y me cuenta que tuvo el corazón a cielo abierto.
El pecho abierto al cielo. El cielo entrando en su pecho.
-¿Cómo es eso del corazón a cielo abierto?- pregunto, más allá de que me lo imagino en la sala de operaciones con el cirujano encima manoseando el músculo cardíaco.
– Claro, en una mina, cuando los minerales están al ras de la tierra, se llama mina a cielo abierto. Yo tuve el corazón a cielo abierto. 
Estar al ras de la superficie. Tener el corazón a cielo abierto.
Permitir que te lo vean. Sacarlo por los ojos. Dejar que te lo toquen.
Recuerdo tu mano tocando mi pecho. ¿Te diste cuenta que estaba mi pecho abierto?
¿O solo te quedaste mirando el ras de la tierra hundiendo tu deseo en otras profundidades?
Tener el corazón a cielo abierto y andar por la vida mostrándolo, aunque de lejos parezca que sos un acorazado.
El riesgo de que descubran el mineral, y vengan a explotarlo dejándote devastado.
El riesgo de no ser nunca descubierto, y vivir acostado de espaldas, al ras de la tierra, mirando el ras del cielo.
Patricia Lohin
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#escritora #patricialohin #relatos #cielo #amor #corazón #escritos

Vuelo

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Te fuiste volando
como esas aves hermosas
que despliegan sus alas
buscando otras libertades.
No sé si tu partida
se ha llevado algo
o fui yo la que en tu equipaje
dejó los restos de mi bagaje.
Se caen mis ojos profundos
hundiéndose en mis pómulos,
y la sonrisa que otrora
era tuya y de nadie más,
hoy está invertida y pegada
a tu ala izquierda.
Cae mi pelo lacio y triste
sobre los hombros
que una vez besaste
y que hoy sostienen
con un hilo de fuerza
esta lánguida imagen
de alguien que ya no soy yo.
O sí, yo sin vos,

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Flasheando

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-¿Puedo usar tus anteojos? – me decís mientras transitoriamente dejo el sillón para ir a la cocina.
Obvio, te dejo los anteojos. El amor a los cincuenta o entre chicatos tiene esa cosa maravillosa, en la que un simple intercambio de gafas puede llegar a ser una mejor escena en una love movie del tipo Casablanca.
Mientras me deslizo hacia la cocina, te pido que me leas el horóscopo ese pelotudo que imprimen en la anteúltima página. Nos reímos. 
Sigo parada frente a la heladera buscando respuestas: miro y pienso si tengo hambre o si sólo es un acto reflejo del alpedismo del domingo.
Vuelvo al sillón y a la manta. Ambos fríos y vacíos.
Mis anteojos descansan en la mesa ratona, junto a un libro de tapa oscura.
En el libro, en la página ciento y pico, es domingo; ella le presta los anteojos a él que le lee el horóscopo del diario local del domingo, se ríen.
Hace treinta días, un domingo de octubre, me prestabas tus anteojos por última vez, es lo único que recuerdo hoy, el resto se ha difuminado.
Sigue siendo domingo en todas partes. Me ato el pelo en un acto reflejo por mantener algo ordenado y abandono al sillón, al libro y a los anteojos para salir a la calle. hacia ningún lugar en concreto.
A unas cuadras Melvin me pregunta qué hago con el pelo atado, y Charly responde por mis auriculares:

“Morí sin morir
Y me abracé al dolor
Y lo dejé todo
Por esta soledad
Ya se hizo de noche
Y ahora estoy aquí
Mi cuerpo se cae.”

Patricia Lohin
Imagen Tumblr
#patricialohin #escritora #escritos #relatos #amor

Bendigo la tormenta

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“Maldije a la tormenta que te asustaba, 
Maldije a la lluvia que te mojaba, 
Maldije al viento que te despeinaba, 
Maldije… 
Hoy golpeaste mi puerta, 
Y bendije a la tormenta que te trajo, 
Y bendije a la lluvia cuando te quitaste el vestido mojado, 
Y bendije al viento cuando apago la lámpara… 
Bendije..”
Alberto Cortez y Facundo Cabral


Querido. ¿Escuchás?
Es el silencio, pero detrás se alcanza a escuchar la lluvia. Repiquetea sobre los baldosones rojos, como la primera vez que caminé hacia vos, mientras me temblaba la pera, y ya sabías que estaba pensando lo mismo que vos.
Amor, vení conmigo, que la estancia está muy sola y hace frío. Bailemos, poné tu mano sobre mi cintura, lleváme un paso, dos, mil pasos circulares mientras arrimo mi boca a tu oído para susurrarte este tema.
Dejáme calmar tus demonios con mi voz y arrullarte.
Pasaré mi dedo por tu ceño fruncido y lo plancharé, besaré tu nariz, tu frente, tu ombligo, y te haré cosquillas hasta que se te pase esta lunita tucumana, que la intensidad de tu celo se transforme en la pasión que deje sobre el piso mi vestido mojado.
Si me fui apenas unas horas es porque me achicharro sentada todo el día en la cocina viendo llover desde adentro, y necesitaba desplegar mis alas bajo el agua, y leer la poesía que escriben las gotas en los charcos de nuestra calle.
Si me conociste volando, desde mi casa hasta tu negocio, cantando, riendo, pintando, rompiendo el silencio a carcajadas, uniendo retazos de tela para construir nuestro cielo y hoy… hoy me querés cautiva, y reseca, cuando me amaste libre e insurrecta.
Bailemos y no me llenés el corazón con tus eternas inseguridades, este corazón que es tan tuyo, como mi mirada y la intención de mis manos cuando te buscan debajo de las sábanas.
Amor. ¿Escuchás? Llueve como siempre, llueve como nunca, como el primer día que supe que te quería. Sigamos viviendo, que hoy somos todo y este amor desborda todas las posibilidades, mirá que los almanaques ya no traen más diciembres para nosotros. 

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Desguace

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Hoy por la mañana he visto un capullo convertirse en flor, algo impensado en mi jardín. En mi cocina, acaricio la masa tibia de harina que leudará y a golpe de calor se convertirá en pan. Pienso en todas las cosas que se abren a nosotros: la flor, la primavera, mi cliente de ochenta años que se explaya hablando de las perdices con las que hacía la salsa para los ñoquis de sémola para deleitar a su mujer; yo lo escucho embelesada porque donde hubo amor me dejo hamacar y estar. ¿Cuál era nuestro plato favorito? ¿Cuántos de mis sabores quedaron impregnados en tu adn? ¿Quedó algo mío en tu ser o todo fue a parar al desguace? La copa de vino yace en una caja, un beso tuyo estampado en el borde. Me hubiera encantado el mismo beso al menos en mi frente, como despedida. Me hubiera gustado que me quisieras tan sólo un poco, ¿por qué no quererme? Al final el vino barato fue merecedor de más besos que yo. Decíme para qué me buscaste, para qué hurgaste en mis heridas, para qué me extrañaste, para qué me leíste, para qué me invitaste, para qué… si luego tendría que irme con la cabeza baja buscando nubes en la vereda. Todo tiene sentido, esto de acariciar la masa, esperar que crezca, aceptar la intermitencia de las estaciones que nos van mostrando que la muerte es circunstancial. Mi otoño se está extendiendo más de lo normal. Se me han caído todas las hojas, las del gingko y también las del cuaderno que comencé a principio de año, promesa fugaz de que algo tendría continuidad en mi vida: mentira.

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Los días sin tiempo

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Por estos días
la cuadra de mi casa 
y la vuelta de la esquina
sobreviven sin pasos
que lleven o que traigan;
ni corriendo o caminando,
ni en bici o monopatín.
La calle ya no tiene nombre
y se ha convertido 
en un pasillo anónimo y abandonado, 
a cielo abierto,
sin números, ni señales
que indiquen la salida o la llegada,
el punto de partida
o la muerte misma;
cualquier acción sería más
que bienvenida. 
La nueva versión del gps
ha censurado las instrucciones
para ir de tu casa a la mía
y viceversa,
si alguna vez hubo un camino,
ha quedado cubierto

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