Emboscada

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Maldita la tristeza,
maldita yo,
desnuda
en el medio de la calle.
Las lágrimas salpican
y humedecen el cristal
de los anteojos,
otra de las ventajas
de no ver bien.
El ojo que rebota
en el cristal antireflex,
el cristal que se empaña,
la visión que sale
aún más distorsionada.
Nada es lo que es.
Maldita tristeza
que viene a gritarme
que todo fue mentira
mientras estoy estupefacta
y la gente mira
la desazón que chorrea
por los bordes de mi circunferencia.
Mentira la mirada,
mentira la tarde del sábado,
mentira las ganas,
mentira tu boca
vomitando incongruencias varias.
Maldita tristeza,
maldito vos,
maldita la coincidencia,
que me dejan así
ridícula y desarmada,
repitente hasta el hartazgo,
bailando en esta ciclotimia
llamada muerte,
con este sabor
agrio y amargo.
Si esto hubiera sido una guerra
diría que fui cruelmente conquistada,
y que mi territorio fue
devaluado, desvalijado,
arrasado e incendiado,
luego de asesinar
despiadadamente a
todos sus nativos originarios.
Ojalá me hubiera encontrado
la muerte antes que
la desesperación.
Aquí yace
al medio de la calle,
mi cuerpo lleno de moretones
que ya no sirve,
mis dedos de la mano mochos,
mis ojos que no ven bien
ni de lejos ni de cerca,
un corazón desahuciado,
y este destino
que sigue siendo
una maldita emboscada.
Patricia Lohin
Arte Jone Bengoa
#patricialohin #escritos #escritora #poesía#emboscada #arte

Autocultivo

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A partir de ahora solo voy a comer de mis palabras.

Degustaré una a una cada letra, cada vocal y cada sílaba,

dejaré de expresarte y comenzaré a expresarme.

Querrás leer entre líneas, adivinar, reflejarte o encontrarte,

buscarás con sed tu nombre, con hambre mi deseo,

buscarás humedad en mis versos para cultivar tu huerta.

Todo te sabrá ajeno, desabrido, extranjero y desapasionado.

Tu nombre desaparecerá de la faz de la tierra

y se convertirá en un holograma impronunciable,

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A vos

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Serge Clement
A vos que te gustan
las historias de amor
y no te atrevés a vivirlas.
A vos que mirás
las vidrieras del centro
anhelando ese vestido rojo
para alguna de tus amantes
o ese traje con caída
al cual le pondrías
una rosa marchita en el ojal.
A vos que te gusta volar
atravesando las nubes
que parecen copos de algodón
y destruyéndolas para dejar
una línea recta e insulsa

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Desborde

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¿Viste la naturaleza cuando se desborda, cuando estalla, cuando supura, cuando se rebela?

¿Viste el río cuando llueve mucho?

Hay cosas que la gente hace para que no desborde: defensas y muros de contención.

En mi pueblo ponían tierra y bolsas para que el río no hiciera agua en el poblado.

Yo pasé de ser un río triste, de medio pelo, de medio cauce, entre vacío y apaciguado; a ser un río torrentoso y crecido.

Así estaba yo: plena y resplandeciente, hasta que empezó a llover cien días sin parar.

Pensé que no me iba a pasar nada, cuando ya me estaba pasando de todo.

Pensé que podía manejarlo dentro de los ámbitos de una comodidad superflua.

Una colección de pensamientos pelotudos y sentires controlados.

Tuve que salir a correr cuatro horas, y otro día casi cinco, para que una vocecita despertara y al fin me dijera: “Mirá piba, hay mucho agua, ¿qué vamos a hacer con tanto?”

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Quien nombra llama

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Ugo Mulas

 

“El invierno fue malo. Y creo que olvidé mi sombra en un subterráneo.”

Charly

Él nunca pronunció mi nombre. Eso pudo haber sido suficiente en su momento, como causa probable, como indico, como principio de certeza, como regla general, como señal, timbre, alarma de incendio.

Lo dejé pasar, como un hecho curioso.

Él nunca salió de los límites del ombliguismo. No preguntó, no hizo lo que hace el común de la gente de registrar al prójimo como un otro que cada tanto nos ocupa y nos preocupa.

Lo dejé pasar, después de todo el noventa por ciento de la población mundial es egoísta.

Él cerró la puerta con llave, no quise tener miedo. Él suplicó alguna inconsistencia, fui más rápida, giré la llave y huí.

Eso podría haber sido el primer y último capítulo de la historia. Podríamos no haber llegado a juicio, no haber roto los vidrios, gastado playlists, ni haber desperdiciado vinos baratos comprados en la vinoteca de la esquina.

Pero me dejé pasar. ¿Quién saldrá en mi defensa?

“Quien nombra, llama.” dice Galeano.

La inconsistencia de quedarse a pasear en una persona sin ser nombrado.

Firmar el contrato donde uno acepta casi no existir como para ser una molestia, pero así mismo prestar servicio.

La coherencia -que nace del instinto de supervivencia- de buscar incansablemente el punto de no retorno, encontrarlo, quemar las naves para no tener opción de volver atrás, asesinar certeramente al supuesto enemigo, que no tenga sustancia para convertirse en pasado, ni en hecho, ni en fecha, ni en suceso.

El crimen perfecto. Que la bala entre y salga formando un círculo perfecto sin derramar sangre.

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Que conste

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No se puede amar tanto,
ni tan poco,
ni hasta el cielo,
ni más o menos,
ni me parece que,
o no estoy segura.
Hasta donde sé
no tiene medida terrenal
o celestial,
ni forma, aroma,
ni medias tintas,
ni se licúa en el azar,
o en los días;
aunque caiga insistentemente
la lluvia gris
proveniente de la desolación
nada de eso penetra mi alma.
Que conste en actas
que te amo,
como en uno de esos documentos
que se gestionan en un juzgado
sin abogado civil,
en donde certifican la firma
y los hechos actuados
sin tener que emitir dinero a cambio.
Que conste debajo
con letra cursiva,
que yo he defendido tu libertad
a veces más que la mía,
y todo eso
del libre albedrío,
de la libre expresión,
del libre discernimiento.
Que conste en actas
la fecha:
24 de octubre de 2018,
luna llena en tauro,
mi corazón henchido y pleno
en conjunción con mi cabeza
en estado de total desacuerdo,
y mi alma un poco alborotada.
La primavera se resiste,
mientras la ciudad sangra
y los muchachas
escriben emancipaciones
en los muros de los edificios
con aerosol negro
y sus rostros cubiertos.
Yo pinto mi muro
y no el tuyo,
todo a cara descubierta,
con un aerosol plateado
y sin salpicar la vereda.
Que conste en el inciso b
que no pido nada a cambio,
ni división de bienes,
ni cobijo en ningún lado,
que para tanto resguardo
está mi lecho
con un cobertor arrugado.
Que conste también
que había olvidado
eso de tener que usar
la caja de herramientas,
-mala mía-
aunque de todas maneras
tu corazón ya estaba blindado
y viviendo en otro lado.

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Chipi chipi bom bom

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Tumblr

 

 

Me dí cuenta
que estuve dispuesta a saltar.
A saltar como siempre, 
a saltar como nunca.
Como cuando Charly
se tiró a la pileta desde un noveno piso.
Así, de una, sin apretar los dientes
y con los ojos bien abiertos.
Un salto sin medir las consecuencias,
ni las secuelas,
ni la dirección del viento,
ni el nivel del agua.
Saltar.
Aunque vos
estuvieras sentado
en el borde de la pileta,
esperándome con esa fachada
de ser superior e iluminado,
que recibe el diezmo sin dar nada a cambio.
Me dí cuenta
que estuve dispuesta a firmar
un convenio de coproducción,
en donde mi obra
llevase tu mención

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Divagaciones

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Acabo de leer un posteo donde Mía Astral habla de que antes de nacer firmamos unos contratos sagrados. Supuestamente con éstos nos comprometemos a trabajar en asuntos en los que estamos interesados para crecer espiritualmente.
Bah! Como en Mario Bross, si jugamos bien pasamos de nivel. ¿A quién hay que matar?
No sé, dicen tantas cosas.
Pero… ponéle que sea cierto, eso del contrato o los contratos.
Acá estamos, yo y mi otro yo, bajo la única palmera que quedó luego del tsunami, en una beach semi tropical no recomendable -donde aceptan pesos argentinos, imagináte-, tomando un mojito y pensando seriamente qué estado de lucidez mental teníamos al firmarlo.
Visto y considerando mi acontecer al día de la fecha, puedo afirmar que: cuando firmé estaba amenazada aunque no creo que de muerte (sic), con una dosis de ultra optimismo o con una sobredosis de alguna sustancia alucinógena. ¿Peyote tal vez?
Es muy probable también que hubiera bebido gancia con mucho vodka y limón, me cae fatal, y las veces que lo he tomado hice cosas terribles luego. Mejor no hablar de ciertos temas.
Es indiscutible que nunca llamé a mi personal lawyer. Olvidáte. De haberlo hecho, mi abogado me hubiera defendido de firmar semejante cosa, no sin antes dejarme sin dinerillo para pagar el peaje a mejor vida. Entonces… ¿Firmé porque no quería quedarme estancada y aburrida?
Eso de que elegimos a quién conoceremos, -fijáte, está en un apartado con fuente ultra pequeña- me suena a pena de muerte anticipada. Es evidente que pude haber elegido mejor a quién torturar y quién me torture, y no lo hice.
En síntesis.
Mientras termino de tomar el segundo mojito -¿o el tercero?- a la palmera se le cae la última rama que le quedaba arriba de mi cabeza. ¿Eso también estaba en el contrato?
Quiero la anulación de esta historieta. Si hay leyes para todo, saquemos el decreto para revisar este delirio.
¿Que en la próxima vida se me acumulan todos los contratos?
Madre mía, ¡pero si esto parece un libro de Stephen King!
Aunque, pensándolo bien… si yo me quedo acá, en esta playa de una sola palmera y semi destruída, hongueando unos días… recobrando fuerzas, comiendo espinaca o algas marinas, tal vez vuelva a ver de qué va todo esto.
Prefiero morir de curiosidad y no de aburrimiento.
Y que me entierren parao, como dice Rubén Blades.
Patricia Lohin

Anónimo

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Me duermo abrazando tu nombre.
Lo repito con mi boca húmeda,
lo retengo, lo saboreo.
Antes de dormirme lo digo en voz alta,
y la habitación se colma
con tu presencia involuntaria.
No lo sabrás, pero tu nombre
es lo único que ha quedado
dentro del hueco que se forma
en la mitad de mi pecho
a la altura de los pezones.
Si lleno el silencio con tu nombre,
en mi espacio suena
una dulce canción de cuna,
y la cama se transforma
en un lecho tibio, suave,
de sábanas de percal de algodón
con una cantidad de hilos ilimitados,
que tienen el olor de tu cama.
Me duermo abrazando tu nombre

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Para no buscarla

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Estoy en la casa que está plantada al medio de un terreno. Puedo dar la vuelta a toda la casa. Sobre el margen derecho -visto desde la vereda- hay un pasillo angosto. Me gusta ese pasillo. También me gusta el eucaliptus que está en la vereda de enfrente. Es tan alto que cuando el sol se va agachando se esconde detrás de su copa. Los días de viento, sus hojas desprendidas llegan hasta la entrada y otras pasan hacia atrás.
También hay una callecita mágica en esa cuadra, es larga, angosta, arbolada y su sombra me invita a crear todo tipo de historias sobre el lugar a dónde llevará.
A unos setenta metros está la vía del tren donde pasan vagones con asientos azules. La calle recién asfaltada sirve para andar en patines de cuatro rueditas naranjas.
No existe nada más a mi alrededor que esa magia, todo el resto ha sido extirpado, es la manera que tengo de sobrevivir a mi niñez: cobijada en un sueño y otro, mientras cada tanto la locomotora hace chuf chuf y las barreras bajan y suben como las alas de una gaviota.
El río está cerca, no hace ruido. Ese circuito de agua limitado y bien definido que sabe de dónde viene y a dónde va, pero con un silencio que a veces parece letal.
Yo nací en ese río. Nací en el río Colorado. Lo soñé ayer.
Mi madre fue una mujer mayor de largos cabellos canosos y mirada generosa. Fui el milagro de una mujer mayor. El día que yo nací no hubo dolor. Estábamos ella y yo, mirándonos a los ojos por vez primera, en una casa semi flotante situada debajo de los sauces llorones.
Ese día, sus ojos brillaban intermitentemente. Escuché su voz aterciopelada mientras me cantaba un arrorró de despedida. Es el eco que hoy uso como música de fondo para vivir.
Sé que me amaba. Lo sentí en su piel, en su pecho que chorreaba, en sus manos arrugadas al darme la última caricia, lo sentí cuando con el fruto de una granada endulzó mis labios para que no olvidase nunca el gusto sublime que tiene el amor.
Nos amamos intensamente. 

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Verde manzana 💚

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Vamos en un auto descapotable color verde manzana.
Nuestros hijos y yo. A recorrer las rutas provinciales que nos separan de vos.
Vamos con la ropa amontonada en un bolso, una tarta de manzanas húmedas y un dulce de frutas maduras de estación. 
Vamos con los rulos al viento escuchando rock, cantando canciones que se vuelan al viento y vuelven sin pedir permiso a casa.
Vamos cruzando ríos, metiendo los pies en la orilla del agua y del barro.
Vamos con nuestros hijos a devolverte el amor.
Por las noches dormimos bajo las estrellas, tapándonos con una manta norteña, luego de haber comido sandwiches de jamón serrano y tomate, hechos con pan integral casero.
Las mañanas siempre nos despiertan alborotados, con el éxtasis del sol que nace acostado en la ruta y las inmensas ganas de llegar.
Mientras manejo, a veces contamos las líneas blancas de la ruta. Otras jugamos al veo veo, o hilvanamos historias a las que les vamos agregando de a una palabra hasta que alguien pierde; casi siempre yo.
Vamos en un auto descapotable color verde manzana, a entregarte nuestro amor.
Llevamos el pecho abierto desde donde salen mariposas multicolores para vos.
A veces paramos a echarnos una siesta, y nos amontonamos todos bajo la sombra de algún monte, mientras a lo lejos adivinamos cómo sería; llegar, verte, sorprenderte, quererte.
Cuando paramos a cargar combustible, compramos una golosina distinta, y la vamos poniendo en una canasta. Hasta ahora llevamos desde paletas multicolores hasta esos asquerosos chicles rellenos. También te compramos una gorra y un cinturón.
Antes de dormir, mientras miro al cielo, y los niños se retuercen en el asiento de atrás haciéndose cosquillas, busco en el cielo una estrella fugaz. Ya encontré un par y les puse sus nombres.
Hemos recorrido varias fronteras, y sólo nos queda una.
Vamos en un auto descapotable color verde manzana rumbo a tu corazón.
Patricia Lohin
Imagen: Tumblr
#patricialohin #escritos #relatos #amor #blog #viaje #relatos #escritora

Cien veces debo


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Creo que tenés razón, y no es que se me hizo tarde para reconocerlo. Da lo mismo que te hubiera dado la razón el día uno o el veintinueve. Y aunque te la dí con intereses y todo, igual me mandaron a penitencia.
Acá estoy, parada frente al pizarrón verde y con la tiza en la mano, escribiendo cien veces: voy a permitirme sentir, voy a permitirme sentir, voy a permitirme sentir. Como un budista que repite un mantra, como una niña a quien retan porque volcó el jugo y la mandan llorando a la habitación.
Empiezo a escribir en imprenta, pero algo se va sublevando en mí y acabo dibujando un poema en cursiva, en el rincón izquierdo que queda libre. Cada línea empieza con una letra de cada uno de tus nombres.
No es suficiente con pedir perdón, ni dar la razón, ni hacer una pirueta o un salto mortal, ni que me disfrace de arlequín, que me alise el pelo, que cambie mi nombre por otro, que siendo higo me convierta en ciruela. Soy como un tetris mal encajado.
Me he perdido todos los recreos y la posibilidad de comprar el alfajor Fantoche, encima a la directora no le convencen mis cien líneas torcidas y desordenadas. Me tiró toda esa perorata de “qué es ese poema señorita?”, “si usted no sabe sentir tampoco está para escribir sobre amor”. 

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Boyando

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Imagen: Monet’s Water Lilies at the MoMA, New York – Tumblr

 

La primera vez pensé
que me ibas a reconocer.
No sé qué viste cuando me miraste, 
tal vez no me esperabas con este formato,
con estos rulos y este exceso;
o por ahí ya tenías los ojos gastados de tanto mirar.
Aunque te dí más tiempo nunca me recordaste.
Te conté este disparate y reíste.
Yo sabía esto de que eras vos,
un aparente extraño tan loco pero conocido,
dentro de un saco un poco estrafalario.
Es decir, nadie me lo contó,
lo supe antes del antes de vernos a los ojos;
cuando hace dos pares de años
te miraba escondida en la distancia
y no éramos más que una ausencia necesaria.
Te conté este otro disparate y reíste más.

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La perdurabilidad de lo efímero

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Christer Strömholm, Nana, 1960

Lo efímero.
Una fracción de segundo,
o un momento en el día.
Tu mirada que viaja
desde tu brillo de interrogación
hasta mi guiño cómplice;
y a los cinco minutos
desde tu gesto opaco
hasta el mío de resignación.
La transitoriedad desesperante
de la repetición,
mi cabeza que golpea la puerta.
¿O es tu puerta que al cerrarse
golpea mi cabeza?

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Psicofísico

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Lo siento
estoy ocupada.
No tengo tiempo
-mentira-.
El tiempo que tengo
no quiero gastarlo
en volver al lugar
seco y gastado
que ya conozco
de memoria.
Ese álbum
ya se completó
en el último mundial
Rusia 2018
y las figuritas

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Engaña Pichanga

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Morning in Barcelona by Alexey Naumov

Se te va a pasar
Este espejismo
De pensar en mí
A las 5:15 am.
Eran ganas de pillar
Y no otra cosa,
Pero en el desvelo
Y la amenaza del sol 
Que en un rato
Podía filtrarse por la ventana,
Es que imaginaste
Cómo sería
Extrañar 
Y vivir para contarlo.
Se te va a pasar
Este espejismo
De desear la boca
La lengua
La carcajada
El susurro
La mirada
Y la carne tibia.
Es el espacio vacío
Que te hace flashear 
Con que 
Al final de la autopista
Hay un mar

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Sysygy

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Escuché la palabra y me gustó.
Tres “y” continuadas aunque separadas por otra cosa.
Syzygy.
Como la tierra, cuando se halla entre el sol y la luna.
Como la luna cuando se llena de la luz del sol.
Como la tierra donde algunos amanecen y otros no pueden dormir.
Como el sol que lo llena todo de luz y sombras.
Tres elementos separados por el espacio sideral.
Flotan, se aman, se ignoran.
Tres elementos fluctuando alineadamente.
Syzygy.
El plenilunio que estalla casi una vez al mes.
Ya encontré nuestra palabra: syzygy.
Patricia Lohin

Sizigia:
Cuando la Tierra se halla entre el Sol y la Luna, se produce la sizigia que conocemos como luna llena o plenilunio.
Arquetipo de la pareja divina o sicigia.

Cartas de amor

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Nunca pude escribir una carta de amor.
Digo, una carta que trascienda como un hechizo. Que tenga poder.
Nunca supe eso de escribir una carta de amor y que al otro le llegue al corazón. que se le adhieran las palabras a las venas como la estampilla al sobre. 
Que se le tatúen en el alma las palabras.
Nunca logré que el papel oliera a fresias, a canela y vainilla o a especias exóticas traídas de Oriente.
Que tuviera los puntos resaltados en color rojo, y los acentos como estrellitas fugaces cayendo de un renglón a otro. Que tuviera tu nombre con purpurina y el mío al final, con tus ganas de repetirlo aunque sea una vez y en voz alta.

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Dulce de membrillo

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Tumblr

 

la mesa cuadrada
y sobre la mesa
la copa con vino
el cubo de membrillo
sobre el individual rectangular
y sobre el membrillo
un cuchillo
haciendo una incisión
poco certera
extrayendo la porción dulce
que llevaré a mi boca
la boca dulce


que ahora espera
mientras escucho
pacientemente
un sonido de fondo
que es tu voz
hilvanando relatos

viajo a la velocidad de la luz
mientras el tiempo se detiene
y voy imaginando
la incisión precisa
sobre tu pecho destemplado
para ver si encuentro
lo tibio lo dulce lo salado

la mesa cuadrada
y sobre la mesa
mi mirada expectante
una vasija
sobre el individual rectangular
y dentro de la vasija
mis ganas locas
haciendote una incisión
muy certera
extrayendo el pedazo dulce
que llevaré a mi boca

Patricia Lohin

La caja de bombones

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A veces -un día o dos al año- temo que sea verdad eso de que nacimos con una caja de bombones en la mano.
A veces, las menos, temo haberme comido todos esos bombones y no haber dejado ninguno para lo último.
Temo que éstos sean limitados, que se extingan como el rinoceronte negro occidental, que se hayan terminado por culpa de la intensidad que llevo a cuestas.
Temo haber cumplido con la última cuota, haber cocinado todas las recetas de cosas ricas, haber terminado de descorchar todos los vinos que elegí de acompañamiento, haber escrito todos los poemas, relatos y boludeces crónicas; temo no encontrar las cucharitas para el postre en el cajón de la cocina, no conseguir mascarpone para el tiramisú, que no me quede magia para nadie más, que no vuelva a ver en un fondo de ojo mis pupilas amando.
Temo profundamente que en la caja no queden más bombones porque ya bailé demasiado.
Bailamos. Y todo eso.
Reímos y todo eso.
Vivimos y todo eso.
Hasta hace poco pensaba que no habíamos tenido un final feliz.
Eso fue hasta hoy a la mañana, cuando nuestros hijos me recordaron que bailábamos temas de Ricardo Montaner en la cocina sin cita previa y encima con ellos de espectadores.
Este es un final feliz.
No creo en otros finales.
Patricia Lohin

Mariposas muertas

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Fred Herzog

 

Tengo el corazón en la mano
Y vos como si nada 
Como si fueras invierno
Recostado gélido y despiadado
Sobre esta primavera abierta,
Achucharrando la flor de la flor.
Matando abejas y abejorros, 
Cazando mariposas blancas
Para estampar muertas y desecadas
Sobre el algodón de un cuadro
Que colgarás a los pies de tu cama,
Como si fuera un trofeo.
Mariposas muertas.
Yo tan entregada
Vos tan asustado,

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Un millón de veces

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Eliza Porodina

La primera vez que nos vimos era miércoles, yo tenía ocho años y vos quince. No se registraron mayores sucesos.
La segunda vez que nos vimos era martes, yo tenía trece y vos veinte. Ibas caminando por la calle donde vivíamos con tu manto negro. Recuerdo tu sonrisa y mi vergüenza.
La tercera vez que nos vimos fue sábado y estábamos en la playa. Yo tenía quince y vos veintidós. Fue la primera que bailamos y la primera que me besaste. 
La cuarta vez que nos vimos fue sin programarlo en la misma playa al siguiente verano. Yo tenía dieciséis y vos veintitrés. Fue la segunda que me besaste, la primera que caminamos por la playa, la primera que casi hacemos el amor, el último beso y la última mirada.
La quinta vez que nos vimos, yo tenía diecisiete y vos veinticuatro. Fue la primera que nos vimos sin hablar y cada uno fue por su lado.
La primera vez que nos contactamos yo tenía cuarenta y tres y vos cumplías los cincuenta. Fue la primera que te canté feliz cumpleaños por teléfono.
La primera vez que nos empezamos a escribir cartas de amor yo tenía cuarenta y cinco y vos cincuenta y dos. Fue la primera que escribíamos tanto.

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A veces me pasa

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A veces me pasa.
Me pasó hoy. Salí a pasear y al final de la cuadra, con el sol del mediodía, me pareció verlo. Iba de remera y pantalón de cargo.
Lo vi de espaldas. Recorrí con la vista el ancho de sus hombros, el movimiento al andar. El pucho en una mano, la otra en el bolsillo. El mismo chico de siempre, caminando ágilmente por la vida.
Imaginé su pelo negro cayendo sobre los ojos aguileños, sus ojos plenos de estrellas de colores; más vivos que la vida misma, esa mirada de vamos nena que todo se puede y el mundo es nuestro y de nadie más. 

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Subtítulos

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Alex Currie 

Voy a escribir sobre vos 
Hasta que no quede nada. 
Voy a deconstruir, a demoler 
A destruir esta fantasía
Unilateral y disparatada.
Tiraré el edificio abajo,
Remolcaré uno a uno los ladrillos;
Que se me agrieten y destruyan las manos;
Que hoy sólo sirven para escribir.
Nada quedará,
Ni para bricolage ni para reciclaje.
Sobre el final
Alinearé mi terreno para volver a construir.
Que quede el árbol recostado sobre la medianera.
Que quede el yuyo
Que sale por debajo de la baldosa en la vereda.
Que queden los subtítulos
Que yo misma traduje para esta película
En blanco y negro y sin playlist.
Dormiré a la intemperie,
Porque puedo, porque quiero.
Menos mal
Que nunca puse música.
Que nunca bailamos en la cocina,
Que no tuvimos un cantante favorito,
Que nunca sumamos un par,
Que no fuimos ni vinimos ni viajamos,
Ni dormimos, ni despertamos.
Que no había café,
Ni leche con tostadas. 

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Inoportuno

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Eric Rose

No es el mejor momento para duelar. Digo… yo hablando de amor, y la gente ahí afuera, con las tripas haciendo ruido, y las esperanzas brillando al sol como vidrios rotos.
La ciudad es un murmullo. Pían los gorriones caminando por mi vereda, despreocupados por la poca cantidad de transeúntes y parroquianos, como se les llamaba antes.
Antes, cuando entrábamos en esos lugares que parecían un cobijo y en un acto de fe suprema, mojabamos nuestra frente con agua de la canilla y pedíamos, pedíamos, pedíamos…Los otros pedían, yo nunca supe pedir. 

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Agua de arroz

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Nude Study in Studio on Chair, NYC, 1954 – Fritz Henle

Se cerraron las posibilidades.

Dejamos de tener salida al mar,

se clausuraron todas las pistas de despegue,

cerraron los mercados -lo cual sería lo de menos-,

pero también cerró el petit almacén

que vendía las gomitas de colores sueltas

y los chicles con formas de estrellas.

Se trabaron las ventanas y las puertas,

bloquearon el acceso

a la casa de chocolate con postigones

y a su vez clavaron sobre éstos

potentes tirantes de quebracho.

Que no queden dudas, nada entrará,

ni siquiera la luz que empieza a entibiar

estos días de primavera.


Murió el otoño

que nacía del otro lado del planeta,

me lo mataron en un pelotón de fusilamiento,

mi otoño, mi única salvación.

Clausuraron la luna

y dictaminaron por decreto

su permanencia oscura

y fuera de órbita en otra galaxia.


Se cerraron las posibilidades.

No más arena en las playas,

no más escritos con tu nombre encubierto,

no más luciérnagas flotando en mi patio

en las noches de verano.

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La habitación amarilla

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La mañana está verde. Verde como el pasto recién cortado en la casa que está plantada sobre el medio del terreno.
Tengo seis, siete años. Doy la vuelta a la casa entera, camino, corro y sueño.
Detrás de la casa hay una especie de habitación con una ventana que da a la parte de atrás. En el otoño la poseo, la habito, la pinto de amarillo y la decoro. Encuentro una mesa pequeña y una banqueta. Empiezo a escribir desenfrenadamente, casi a diario, y cada recorte lo voy poniendo en la pared sujetos con chinches con cabecitas de colores.
Esta mañana verde de octubre, me pongo de pie y empiezo a sacar uno a uno mis 
poemas y escritos, poniendo las hojas en un lugar y las chinches en otro.

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De cuando

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Fritz Henle

 

De cuando te dejé ir, 
Y dejé de traicionarme
-Y de traicionarte-.
De cuando solté la flor
Abierta,
Espléndida,
Húmeda,
Entregada al sol,
Y a la noche por caer.
De cuando la solté en el río
Y la dejé ir,
Flotando ininterrumpidamente hacia el mar.
De cuando la ola la devoró
Y ésta aún reía

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