Ese mar soy yo

 

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“¿Quién no tiene un mar adentro?”(*)

Llevo el rugido del mar adentro mío. 
Cada tanto tengo que decirle que no haga tanto ruido. No sea cosa que moleste.
Que no se note que llevo un mar adentro mío. Que se calle, que no grite, que no choque sus olas contra las piedras, que no ruja, que no cruja, que su agua no sea tan salada, que sus olas no superen la medida, que la boca no tenga tanta saliva, que no devore con cada incursión el filo de las rocas.
Llevo un mar que desborda. Y cada tanto tengo que decirle que se calme, que no ría muy fuerte, que no hable de más, que no ame de más, que no desee, que se calle, que al otro puede molestarle. Que la intensidad jode de sobremanera. Y vaya si jode.
Tengo un mar adentro mío, incontenible, salvaje, que no hace caso. Siente cuándo y dónde se le canta, no pide permiso, y aún cuando duerme hace ruido.
Tengo un mar que hace a la tierra temblar, y grita cuando estalla el deseo. No se contiene, ni se subordina el muy maldito; mete el dedo en la llaga y en otros lugares.
Tengo un mar adentro mío. Lo llevo desde siempre, muy bien oculto bajo mis ropas, bajo mis lentes oscuros, bajo mi aspecto de ni fu ni fa, de ni chicha ni limonada.
Mis padres me enseñaron a domesticarlo, porque si hay algo terriblemente malo en este mundo es ser apasionado. Malditos los que sienten de más. Malditos los que sienten algo. 

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Palmas azules

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A mi contame que estás enamorado.
Sí.
Abrí los brazos y mostrame las alas multicolores que están unidas a tu cuerpo.
A mí contame que tenés miedo, que temblás, que pensabas que no, pero sí.
Que era algo que le pasaba al otro, pero te pasó a vos.
Que de la última caída te quedó una cicatriz de la hostia y que hoy te la besan.
Que el corazón sólo se recompone cuando se ama.
A mí contame que estás enamorado.
A mí, que vivo del amor aunque hoy no me toque, aunque me haya tocado, aunque no sé si me esté por tocar.

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Caída libre

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Elisa Pakati Lovely Week/Tumblr

Te voy a decir la verdad.
Me gusté más cuando una tarde sobre las cinco salí a buscarte, primero a tu casa y luego a tu oficina. Así, sin pensarlo, sin cita previa, y sin tanta alharaca casi te beso en la acera.
Me gusté más cuando huí de tu casa, la segunda vez. 
Y la primera, cuando me levanté de la silla para besarte.
Me gusté más el día que corrí, de tu casa a la mía, con miedo y despavorida.
También la noche que te escribí siendo la mujer que reconoce que ha robado la manzana más roja del puesto de frutas que está sobre la calle.
Me gusté más el día que dudaba, y el que me hervía la cabeza; la mañana que te necesitaba, y la noche que quise dormir con vos.
Me gusté de sobremanera la primer noche que te dejé entrar en mi cama, rompiendo todas las barreras existenciales auto impuestas.
Me gusté más cuando me deconstruí, me derrumbé, me aliviané, me desnudé y aprendí a nadar en aguas abiertas contra la corriente. 

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Cien por ciento

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Ahora que ha quedado clara
La distancia desde mi fantasía 
Hasta la realidad.
Ahora que la primavera
Es un punto de encuentro
Apacible y cómplice,
Una especie de hogar temporal
De una vez por semana
En donde podemos decir
La verdad de las verdades.
Ahora que haré recopilaciones
Con cada palabra que escribí sobre vos,
Y tal vez las hilvane con una cinta roja.
Ahora que cada poema, cada relato.

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Fuente de agua

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Milan, 1950s – Mario De Biasi

 

Yo no quiero que se vaya nada.

O sí. No sé.

Tal vez ese es mi problema.

No saber.

Es decir:

Quiero empalagarme.

Saturarme de tu mirada

Que brilla en el momento exacto

En el que en tu reloj de muñeca

La aguja grande roza a la chiquita

Y le gana una carrera al tiempo.

 

Y luego de ese mini coma diabético

-o alcohólico-

Quiero hartarme

De tu ausencia.

Magnificar cualquier gesto

Del mapa entero de tu cara,

Sobredimensionar la última oración

Que escuché de tu boca al marcharme;

Para que un día de estos

Más pronto que tarde,

Muera por volver a la misma aldea.

Yo no quiero que se vaya nada.

O sí. No sé.

Tal vez ese sea mi problema.

No quiero resignar,

Rechazar, ni abolir,

Ni negar, ni exigir.

No quiero imponer,

Ni pedir, ni rogar.

Quiero estar

Presente, ausente,

Mansa, trastornada,

Deseada, olvidada,

Ser geografía, historia,

Ser estudiada

Con la misma impaciencia

Que exige morder al caramelo duro

Dentro de la boca.

Tan sólo

No quiero que se vaya nada.

Que todo vuelva,

Como el motor de la fuente de agua,

Que succiona, y entrega.

Patricia Lohin©

 

Un día

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Cunningham, 1973

“Yo nací un día que Dios estuvo enfermo”.
César Vallejo

Yo nací el día que dios estaba triste. 
Triste de estar solo.
Triste de estar lejos e inaccesible.
Y mientras él refunfuñaba,
Mientras él se adormecía
En esa recóndita soledad,
Yo llegaba a los empujones.
Yo nací el día que dios se sentía solo;
Y me tiró de panza al barro extenso 
De anchos territorios desolados.
Seremos dos los tristes,
Seremos dos los solos…

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Si quisieras

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Si quisieras

Sabríamos si valemos la pena o la alegría.

Al fin conocerìamos

La medida justa y necesaria

Que necesitan mis brazos para rodear tu cuello.

Se terminaría

Ya, hoy, en este preciso momento,

Esta milonga existencial,

Y la verdad se haría viento.

Si quisieras

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La puerta roja

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© Michael Staridge

“Cuando emprendas tu viaje a Itaca pide que el camino sea largo, lleno de aventuras, lleno de experiencias.” C. P. Cavafis. Antología poética.

Recortes de dos diarios: el de un viajero y el de una espectadora.

M- Camino por las calles de uno de los tantos lugares que recorreré en Europa. Me pidieron que fotografíe una puerta roja. Fue apenas hace unas horas. De pronto la puerta aparece, saco la foto y la envío.

P-Veo que Matteo ya llegó a destino. A los pocos minutos recibo fotos y le encargo una de una puerta roja. Me llega la foto de la puerta roja esa misma mañana. Estoy de suertes.

M-Encuentro un jardín privado. Quiero conocerlo. Abro la puerta y veo una bomba de agua en el medio del jardín. Miro a través de mis ojos y a través del lente de la cámara. Mis emociones están a flor de piel, nada de modo avión estos treinta días. Estoy vivo y despierto.

P-Recibo fotos de un jardín privado. Inmediatamente recuerdo el jardín privado de la película Notting Hill. Me encanta todo lo que puede habitar y vivir allí dentro. El mundo está detrás de una puerta. De pronto cobra sentido esa frase que dice que si vas a abrir una puerta mejor que la atravieses.

M-Sigo encontrando puertas rojas. El tema de la puerta no es encontrarla sino animarse o no a abrirla y a traspasarla. Tal vez la puerta sea la que llegue y se abra en el momento oportuno. Hablando de puertas que se mueven veo un auto rojo y saco la foto. La envío y le pongo “Una puerta que te puede llevar!.” Recibo un no por respuesta, “no es esa la clase de puerta”. “Decí que sí en todos los idiomas!!! Oui, Yes…” La noche me encuentra preguntándome cómo llegaré a viejo. ¿Llegaré? Tal vez insomnio es hacerse demasiadas preguntas.

P-Encuentro el poema de Itaca. ¿Podré tener ese viaje anclada aquí donde estoy desde hace años? ¿Será eso posible?
A veces pienso que escribir es mi única manera de viajar.

Patricia Lohin

Cantidades industriales

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martin bogren ph

 

Te deseo en cantidades industriales.
Lo de las cantidades industriales es relativo.
Adhiere únicamente al lunes por la noche.
Ese punto que marca la mitad del tiempo
-supuestamente- entre la última vez que nos vimos
y las probabilidades de volver a verte.
Cierro los ojos y me toco.
Me toco como si mi mano fuera tu mano.
Recuerdo milimétricamente las circunstancias,
cómo se movieron, hacia dónde,
lo que generaron.
Mi espalda comienza a curvarse
llevando la pelvis hacia arriba
con la desesperación alucinante
de ser penetrada.
Podría sentir que me falta todo,
pero siento que no sobra ni falta nada.
Me inspiro en tu mecanismo
de dar placer

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Ventanas azules

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Los enamorados son suicidas que abren la ventana antes de saltar.
No la atraviesan, ni rompen los vidrios, no se cortan, no abren sus heridas de más.
No piensan, porque ya tienen todo previamente calculado. 
No avisan, saltan.
No esperan el viento de cola, saben que van a volar.
No les importa si se estrellan.
Del caos nace lo esplendoroso.
Abren la ventana, inspiran una última bocanada de aire: el aire que se transforma en una soda burbujeante que recorre el cuerpo.
Abren los brazos para recibir todo el viento en la cara.
Abren los ojos para maravillarse de su propia valentía.
Se tiran de la ventana del edificio más alto, porque desde allí ven las otras azoteas.
Azoteas donde duermen medias solitarias que se han caído del canasto de la ropa. 

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Epostracismo

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Tiro una piedra tras otra al charco de agua que me dicen es una laguna. ¿Cuántos metros cúbicos de agua debe contener un charco para transformarse en laguna?
La laguna parece un espejo, no hay viento.
Se ve el reflejo de mi brazo que con insistencia intenta tirar la piedra haciendo sapito. 
San Google me dice que ese deporte nacido del alpedismo se llama epostracismo. Siento que podría estar una eternidad, envejecer a la orilla del agua sentada en una reposera oxidada y no obtener el resultado deseado. Para alentarme, imagino tu rostro en el agua, pero en vez de lograr que la piedra rebote, el acto se transforma de buenas a primeras en un tiro al blanco.
Sí, ya sé. Mi ocurrencia te hace reír tanto que te duele la panza.
Me quedo inmóvil. Sólo se escucha el ruidito que hacen las bocas de los peces al rozar la superficie del agua.
En la ciudad la mañana es en extremo soleada. Las últimas mañanas del invierno.
Camino y miro para arriba. Para arriba que está todo.
Me pierdo de las cosas que se le cayeron a los otros caminantes. No me interesa encontrar objetos que se escaparon de otros bolsillos.

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Todo por hacer

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© David Gillanders

Algo quedó por hacer.
El sol quedó por salir,
El café por enfriar,
La copa con el vino por beber.
El mensaje por contestar.
Quedó el sueño por llegar
En medio de la noche
Tibia e incandescente
En donde el lucero
Quedó por brillar.
Algo quedó en el tintero,
Un pincel, una lapicera,
Un lápiz negro sin punta.
Quedó el corazón en el agujero,
La esperanza por nacer,
La mano por acariciar
El lateral izquierdo de tu espalda,
El dedo por hundirse
En la carne de la carne,
Que tiembla, que suda, que siente.
Quedó la lengua
Entumecida y húmeda en mi boca,
Por salir, por hablar, por besar.
El diario quedó por venderse
Con el titular que te anuncia por llegar.
Algo quedó por hacer.
Quedó por decir la verdad,
Y el borde de la acera por pintarse
Con el amarillo de no estacionar.
Quedó tu llegada por venir,
Y yo quedé en esperarte.
En fin.
Todo quedó por hacer.

Jane Walker

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2 p.m.
Jack Daniels.
Muy temprano para beber.
O muy tarde.
Si analizamos mi extensa noche de insomnio, arrugando las sábanas a medida que daba vueltas y más vueltas, puede entenderse que tal vez era muy tarde para el wiskacho.
El primer trago me quemó la garganta. Y sentí el ardor pasar por mi esófago hasta hundirse en mi estómago, o la antesala de éste. Nunca entendí mucho de biología humana. Digamos que tanto fuego terminó de matar las dudas existenciales, las larvas de las mariposas y otros residuos que toxicológicamente no pasarían ningún examen.
Le comenté a ella como al pasar, que había bebido. Nunca le dije cuánto ni con quién, ni dónde, ni si el sol se colaba por alguna rendija.
Ella me contestó que sólo bebería whisky a las 2 p.m. luego de asesinar a alguien.
Nunca entendí si para festejar o para ahogarse.

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Los sueños de ayer

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Cristina Venedict

Alguien me dice que somos los sueños de ayer y se me estruja el corazón.

Se estruja, se retuerce y expulsa todo el caudal del río que me atravesó al nacer. 
Sí. Estoy atravesada por un río.
No soy la única.
Ahora ya está. Es decir conmigo ya fue.
Conmigo ya recalculaste. ¿Por qué habría de enamorarte, yo que lloro lágrimas dulces teñidas del sedimento del fondo del Colorado? ¿Por qué habría de enamorarte siendo que escribo tanto, siento tanto, sangro tanto por los dedos de las manos y tengo callos hasta en los pies ? ¿Por qué habrías de quererme si tengo miles de mañas amontonadas arriba de la pila de ropa de ayer, si me gusta el silencio, si detesto en noticiero aunque los conductores chichoneen entre sí, si odio la amplitud modulada, si duermo boca abajo, si vivo como puedo? ¿Por qué habrías de quererme con estos ojos llenos de tristeza crónica y las manos vacías… a mi que tengo hasta las pupilas desvalijadas? Mi cuerpo es un desierto donde sólo crece la magia. Creo que las escuelas de magia cerraron todas.
Alguien me dice que somos los sueños de ayer y se me estruja el corazón. Se me estruja y salen de éste todas las palabras con las que me armé mentiras y casitas de naipes sobre la mesa del living, todas las veces que fui cobarde, poco clara, las veces que estuve donde no quería y me conformé con menos. Alta traición. 

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Me lo dijo el mar

 

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rhamely.com

 

 

Sí. Era yo.

Esa noche cargué combustible y manejé hasta la playa.

Tal vez era miércoles. Digo. Porque los miércoles eran nuestros días. Días de encuentros y desencuentros. De amarnos profundamente o de escapar uno del otro; mentira: de escapar vos de mí.

Tal vez fue en una primavera de hace siete años. Tal vez ya era verano, pero lejos estábamos de los días festivos y fatídicos de final de año. Fin de año fue otra historia.

Neil Young cantaba Harvest Moon repetitivamente, y yo con él.

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Salvo que crea

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Photography by @niravphotography

Necesito dormir profundamente. Pero antes tendría que invocar a los dioses. Los dioses de los sueños. Por enésima vez, yo que no creo en nada. ¿A quién pedirle? No creer en una divinidad te pone en un lugar choto a la enésima potencia. Y aunque creyera, yo soy tan de no pedir. Una cagada.
Querer pedir y no tener a quién. Querer pedir y no haber aprendido a hacerlo.
Se me está haciendo largo. Larga la soledad que hace costra en la piel, la resquebraja, transforma las manos en una especie de agarradera mecánica y fría. A los labios en una terminal de autoservicio por donde entra el alimento.

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Hasta hoy

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Es increíble la cantidad de kilómetros que puede llegar a medir esta despedida.

Esta es una despedida anunciada. Salió en los titulares del diario local.

Para acrecentar la magnitud del tiempo y la distancia, sueño con vos.

El sueño es un acto involuntario. Algo dentro  mío te llama, espero que para decir adiós.

¿Sos vos o lo que teníamos juntos lo que me cuesta despedir?

Te veo cruzar la avenida, hace trillones de años, cuando vos tenías pelo y yo era una muchacha jóven. Te veo mirarme, luego de bajarte de una especie de auto que para mi pobreza económica parecía una nave espacial.

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Residuos patogénicos

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Ron Hicks – “The Long Kiss Goodbye”

Hay muchas maneras de quemar residuos.

Apliquemos los algoritmos del feng shui. y toda esa filosofía oriental del dejar ir, que aparentemente estaría ayudando a despejar este monoambiente apestoso y abarrotado de recuerdos.

Si tenés cartas o recortes de un desamor y si hay una estufita a leña o una salamandra, en un acto inconsciente -para eso tratá de impregnarte con al menos dos o tres copas de vino- entre copa y copa las vas largando como surja: de a una o todas juntas.

Si se te da por leerlas, quiero hacerte una salvedad: esas cartas no son un cheque a fecha, ni un pagaré, menos que menos acciones en la bolsa. Acordáte del billete de dos pesos que te quedó en el saco de invierno del año pasado: no sirve, no cotiza, no suma.

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