Método científico

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© Christian Coigny

 

Yo sigo el método científico:
Hipótesis, tesis y demostración.
Armé la hipótesis
Con algunas de tus suposiciones
Erráticas, delirantes y disparatadas;
Que me llevaron a una ardua
Investigación de mercado,
Suspendida momentáneamente

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Jaque

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Queen to play – Movie

Hay niebla.

Para una buena escena de suspenso es necesario que de venir alguien haya niebla.

Hay niebla y la escena de suspenso es mi vida.

Viene alguien, pero aún no se adivina la silueta.

Como aún no la veo me carcome la inseguridad.

Dudo de que realmente vaya a venir.

Comienza el debate entre el sentir, el adivinar, el predecir.

Hay un ajedrez mental en el que los peones han huído fuera del tablero.

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Todo se va a la mierda

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© Bien Schols

Todo se va a la mierda.

Apostemos al viento,

Al temporal de Santa Rosa,

Al veranito de San Juan,

O a la luna llena en piscis.

Apostemos al roce de mi pezón

Contra tu pecho amplio y destemplado;

Al desorden revolucionario e insurrecto

De los papeles que vuelan al viento

Escritos con tinta de un alma indeleble.

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Tu nombre

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Una niña de cuatro años dice algo como que “cuando alguien te ama, la forma en la que dice tu nombre es diferente. Sabés que tu nombre está a salvo en su boca”.

 

Abrir la boca y decir el nombre.

Que el nombre se transforme en sonido,

Suave, meloso, casi como un susurro,

Pero a su vez firme y determinante.

Que estallen los vidrios al decirlo,

Que caigan estrellas fugaces

Y les regale a los trasnochados

Un nombre que amar.

Que su vibración sonora provoque eco,

Que el eco se transforme en palpitar,

Que el palpitar se estacione en tus labios,

Que tus labios se queden un rato en mi boca.

Mi boca donde se arrulla tu nombre.

Tus vocales descansan en mi  lengua

Y la dulcifican.

Un shock diabético inofensivo.

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Página 389

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Lo dicen las ciencias.

Las ciencias exactas, las ocultas, las alternativas, las que estudian los hechos y las que derivan del vapor que sale por las orejas de los pensantes, racionales y descreídos.

En la página 389 del acta de nacimiento de algunos mortales elegidos al azar, figura un amor imposible, un amor recurrente, un amor que es un dolor de cabeza, un parto, un sufrimiento existencial. Alguien con quien dar vueltas de amor y de distancia  durante años, jugando a las escondidas, al te miro, al te oculto, al no es nada, al es todo.

Íbamos a llegar a viejitos juntos.

Lo recuerdo. Lo dijimos casi al unísono, y yo no soy de decir una cosa por otra. Cuando digo algo lo cumplo, pero darling, se me está poniendo cuesta arriba cumplir semejante cosa, cuando ya estoy en la segunda mitad de mi vida, y vos tan reminiscente, tan omnipresente, tan ausente, tan cerca, tan distante, tan imposible.

 

Lo único que cuento son las estaciones, porque si contara los días desde la última vez que te ví, no sabría donde meter tantos números.

Tal vez fue un día tibio como hoy, hace más de diez mil días, hace más de ciento veinte cambios de estaciones.

Recuerdo la calle árida, la lluvia faltante, el polvo suspendido, mis lágrimas corriendo y vos manejando una camioneta blanca.

No sé si todo el mundo tiene la posibilidad de recordar el momento exacto de la última vez.

Yo sí, la tuve. Y tal vez esa sea mi perdición: la certeza de que no habrá otra oportunidad  más.

Sé que te dije que ìbamos a llegar a viejitos juntos darling, pero no sé si podré cumplirlo.

Patricia Lohin

Reminiscencias

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Rene Stuardo

Me quedó en la retina la imagen de la niña sentada en el paredón, la del escrito pasado. Doy vuelta la hoja y la traigo para este ensayo.

Hace mucho tiempo, cuando yo era suficiente para alguien, y ese alguien era todo para mí, vivíamos en una casa en una esquina. Y sobre una de las calles, una vecina pequeña pasaba horas y horas sentada en el paredón.

Reminiscencias.

Hay una definición exacta y precisa para esa palabra: un recuerdo impreciso que viene a la memoria.

Yo lo llamaría lo que queda en la memoria luego de intentar vaciarla, residuos de recuerdos que, incontrolables, vienen con el viento como los papeles que andan sueltos por la calle.

Yo tengo reminiscencias atravesadas en la garganta, clavadas en la memoria, incluso mi piel es una reminiscencia. Toda mi persona es un rejunte de deshecho de cosas que me han pasado. No importa si intento cepillarme debajo de la ducha: la tristeza es una cáscara de naranja espesa y adherida a la pulpa: para sacarla hace falta un cuchillo y firmeza para no dañar la pulpa.

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La espera

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Norman Orly

Esperar: acto mediante el cual se hace otra cosa -ojo, a veces nada, pero no lo recomiendo- hasta que lo esperado llegue.

Escribo y elucubro. Tejo artimañas, tejo “quizás”, “por qués”, tejo ideas conspirativas y de las otras, desenlaces de todo tipo y color; como quien tiene el guión de una película y tiene que escribirle el final.

Yo espero como un acto desesperante en donde todas las otras tareas carecen de importancia, porque ¿qué más dá?, si lo que en definitiva se está haciendo es esperar.

Esperar ocupado, esperar desocupado, esperar desesperado.

Insisto: mejor esperar ocupado, quién dice que en la espera, ese objeto pierda trascendencia, y la tarea que antes fue el medio pase a ser lo esperado.

Esperar como quien recoge la lana haciendo un ovillo, mientras la madeja está en la silla, esperando a envolverse hasta formar una pelota; para luego volver a esperar, a que un par de agujas y dos manos habilidosas formen un tejido. Tejido que alguien está esperando ponerse, que abriga, que tenga caída, que sea suave, que quepa. Tejido que visitará varios paisajes hasta yacer varios meses guardado en el placard.

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