Sala de espera

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by Igor Moukhin

El corazón espera. No te engañés.

Olvidáte de toda esa basura que te hace creer que vos lo dominás y lo controlás. Si querés manejar algo andá a sacar el auto del garage y date una vuelta por el centro.

El corazón espera a pesar tuyo, del tiempo, a pesar de todo; sin pedir permiso, ni mediar discusión o charla aclaratoria en el medio. Es una decisión unilateral.

Igual vos insistís y vas para otro lado,  detrás de tu cabeza y centenares de soldaditos, cada uno representando un pensamiento. Pensamientos que te llevan a donde caprichosamente tenés que ir: lejos de la incertidumbre, lejos del tal vez, lejos de la tormenta, lejos de los animales salvajes que nunca podrán encarcelarse ni domesticarse, lejos de quien sos.

La seguridad parece un cobijo, una cuevita donde buscar resguardo de la tormenta, una manta polar abrigadita. La seguridad parece una abuelita y en el fondo sabés que es el maldito lobo feroz, que viene a devorarte en modo reducción de tráfico de datos: lento, seguro  y pausado.

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