Mil kilómetros en el cuerpo

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Adam Driver 📷 Norman Jean Roy

“Tenés como mil kilómetros en el cuerpo”-me dijo hoy a la mañana. El contexto del diálogo es el casi final de varios meses entrenando para correr 42 km. Si señores, para correr una maratón se suman antes casi setecientos kilómetros, entre entradas en calor, fondos y pasadas con cambio de ritmo. Kilómetros tatuados en el cuerpo, al lado de las mil cicatrices y de los mil sentimientos que afloraron en cada pisada.

El otro día me tiraron una teoría sumamente interesante y a la que adhiero. Vendría a decir algo así como que cada célula contiene una o varias emociones; y la actividad física no sólo saca a éstas células de su letargo y funcionamiento a media máquina, también puede ser un detonador y despertar de las emociones.

Me imagino corriendo y mis células -una especie de bolitas de colores como la de los peloteros-, moviéndose rítmicamente. Y dentro de las bolitas todo lo contenido estallando como si fueran pequeñas galaxias naciendo.

Emocionalidad pura y multiplicada a la enésima potencia. Piel de gallina, sentimientos adormecidos saliendo a flor de piel junto con la sal y la transpiración. Entonces… no era gratitud solamente por haber llegado a la meta. Era que se estaban descongelando las pelotitas de hielo dentro de las pelotitas de colores.

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