Si vas a llamarme

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Si vas a llamarme hoy necesito que sepas que soy intensa. Intensa la mirada, intenso lo que siento aunque nada de lo que sienta se asome aún por el balcón, porque lo tenga resguardado bajo siete llaves.

Si vas a llamarme hoy necesito que sepas que tengo una habitación plagada de sueños, y que pienso cumplirlos todos, con vos o sin vos. Que canto con la música al taco mientras manejo por el centro. Que me encanta manejar, más en ruta. Que siempre voy rápido.

Que esta fachada de tranquilidad y parsimonia es todo mentira, porque por dentro soy todo fuego y pasión, sólo tenés que saber cuál es la tecla correcta y presionarla. Que hablo hasta por los codos, que necesito más de lo que pueda reconocer en mil vidas. Si me vas a llamar hoy necesito que sepas que no me caben más heridas, que mi piel es ultra sensible, que tengo cosquillas en lugares que no imaginás y que me encantaría que te tomaras el trabajo de descubrirlas. Y que si no querés hacer el trabajo está bien, porque necesito que sepas que amo la libertad, la mía y la del otro.

Si vas a llamarme hoy quiero que sepas que soy al cien por ciento. Algo así como una bomba. Como un reloj suizo. Algo con muchas piezas por descubrir. Soy cien por ciento mirada, cien por ciento vibración. Que tibio es una temperatura que inventaron sólo para hacer las mamaderas. Que de tibia no tengo nada. Y que me gustan las pinturas estridentes. Que los grises también son colores pero no me gustan tanto. Que me enojo y mucho.

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Nos pasan cosas

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© Mira Nedyalkova

Nos pasan cosas. Cosas grosas. Nos enredamos, nos embaucamos, nos escondemos, nos replegamos. Salimos desde debajo de la frazada y con la nariz un poco congestionada intentamos respirar del ambiente circundante. Olor a jengibre, a canela, a eucaliptus, olor a invierno. Olor al guisito que otrora servía en una mesa de cuatro. Olor a familia. Olor a ausencias. El horno hace tiempo que no se enciende y las luces del porche ya se han quemado.

Tu dedo sobre mi ombligo. Mi dedo enredado en tu rulo. Cuerpos alejados en un mismo territorio. El territorio que se expande. Nosotros que nos contraemos.

Nos pasan cosas. Me mirás con esos ojos saturados de emociones, y ninguna sale a volar ni siquiera por sobre la superficie de la mesa. La mesa donde yace una copa con vino rosé blend. Blends de té que tomaré por la noche para bajar todas las cosas que nos pasan. No alcanzan a tomar vuelo los sentimientos que perecen debajo de  los pensamientos que se lanzan urgentes por la pista de aterrizaje de los miedos.

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Colchones destemplados

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Vitor Tripologos

Qué vamos a hacer los sufrientes, los padecientes, los decepcionados, el subgrupo de los corazones heridos, los descreídos del amor, los heridos, los lisiados, los eternos insomnes, los estáticos de la vida… los estáticos del dolor.

Sin alas, sin ilusiones, con medias vueltas sobre amplios colchones destemplados.

El corazón yace atravesado en la cama, a sus anchas, introvertido y constipado; con serias ganas de ser acurrucado y abrazado. Abrazado por otro calor que no sea el de la estufa a leña. Abrazado por un bloque de carne templada, que respire, que ronque, que ría, que murmure, que susurre; que mire atravesando la pupila detrás de la pupila. Un corazón lleno de soplos.

Qué vamos a hacer los corazones helados con este invierno que viene amenazando con crudeza desde el este con la salida tibia del sol. Qué hacer con las ramas resecas de los árboles dañados por donde no circula más la savia.

Se entregaron las yemas de los dedos, y vuelven su redondez hacia adentro, cobijándose en las palmas de la mano. Se cerraron los ojos húmedos, mientras una lágrima insurrecta se suicida tirándose por la mejilla derecha hasta morir dentro de la boca. Boca amarga, boca salada, boca reseca, boca vacía.

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