En el limbo

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Eleni Mahera

–        ¿Entonces? ¿No nos veremos más?

–        Uff. ¡No sé! Me estás preguntando cosas que desconozco.

–        Ok. Es que me vuelve loco tu manera de ir y venir. Nunca sé si estás yendo, viniendo, olvidando, recordando. No sé si te vas a quedar un rato, por un café o por una siesta.

–         … -suspiros-.

–        Necesito saber.

–        Yo también, antes necesitaba saber todo. Quién, cómo, cuándo. Y hoy la verdad… esto es lo que me sale. Llegar, sentirme atraída y cómoda. Luego huir, refugiarme en mí, sentirme segura de nuevo.

–        ¿No te sentís segura conmigo?

–        No.

–        … – gruñido-.

–        ¿Viste cuando pasás la mano por arriba de la hornalla encendida? Lo hacés rápido y no te quemás.

–        No sirve.

–        ¿Perdón?

–        Tu dialéctica. No sirve para una mierda.

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Las simples cosas

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© Eleni Mahera

“Uno vuelve siempre a los viejos sitios en que amó la vida,

Y entonces comprende cómo están de ausentes las cosas queridas,

Por eso muchacho no partas ahora soñando el regreso,

Que el amor es simple, y a las cosas simples las devora el tiempo.”

Canción de las simples cosas – Armando Tejada Gómez

Volver. A los lugares que amó la vida. Donde amamos juntos la vida. Al lugar donde las tardes de domingo nos encontraba degustando millones de sabores. Otoños incandescentes, con las copas amarillas de los árboles acaparando la atención desde las ventanas de la casa del barrio de La Boca. Vos sentado en la diminuta cocina, con las piernas cruzadas; mirando cualquier cosa y yo armando algún menjunje que fuera glorioso para tu paladar. Saber lo que te gustaba, imaginarlo, crearlo; sorprenderte con nuevos gustos y nuevas caricias. Reír sola, contagiarte, reír juntos. Amar tu sonrisa. Conocer el universo de tu rostro, tus muecas, conquistarlo. Pasar el dedo por tu frente y bajar hasta tu nariz.

Volver a batir los huevos. Decidir hacerlo, y sacarlo del horno como si fuera un regalo cósmico, hacerlo realidad en tu boca que luego se juntaría con la mía creando nuevos elixires.

Jugar a la casita, dormir la siesta, salir al patio, salir a dar la vuelta al perro, salir a pasear al perro.  Acostarse y hacer eterna la guerra del amor entre las sábanas. Bañarse juntos, y volver a calentar el agua para el mate, volver a calentar los cuerpos, volver a calentar el agua del termo tanque. Volver a acostarse y esperar al próximo domingo. El próximo tal vez saldremos a amarnos más.

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