Dos días te toco, el resto te sueño.

MV5BMTU2MzYyOTAxNF5BMl5BanBnXkFtZTgwNDkzNzIwMjE@._V1_SY1000_CR0,0,1225,1000_AL_
Same time, next year (1978)

Tenemos una cita.

Dos días al año. Dos de los trescientos sesenta y cinco días o trescientos sesenta y seis en años bisiestos.

Vendremos a la cabaña de la villa donde nos conocimos la primera vez, sin siquiera pensar que alguno de los dos pudiera faltar. Año tras año, el último fin de semana del mes de junio.

Alguno de los dos llegará primero, y pondrá la leña en la chimenea; correrá las cortinas desde donde se ven los acantilados hacer espuma junto a las olas del mar, observará las nubes jugueteando con el viento, mientras el reloj marca el compás de la espera. Luego, abrirá el bolso de viaje, y acomodará la ropa en los cajones.

Este año yo llego primero. Abro la valija y saco un libro que está cuidadosamente envuelto. Lo dejo sobre la mesa que está al lado de los sillones. Tiro con descuido el abrigo sobre la silla y me asomo a la ventana justo en el momento en el que te veo llegar en el auto. Me pregunto si somos extraños o conocidos, si te gustará tocarme nuevamente, si me verás más vieja o cansada, si tardaremos mucho en romper el hielo, o si no hay hielo esta vez. Me ves parada detrás de la ventana y una sonrisa tuya alivia mis desvelos.

Mientras te observo en tu ritual de bajar cosas y acomodarte para entrar, pienso en cómo sería necesitarte. Algo que nunca me he permitido. ¿Cómo sería desear un abrazo tuyo, pedirlo, tenerlo? ¿Cómo sería pedir y tener, dar y recibir? ¿Cómo dormir otros días del año con vos, o sacarte una sonrisa, un abrazo o un guiño a cualquier hora del día, cualquier día de otros meses?  ¿Cómo tener un domingo libre e ir al banco de la plaza a estirar las piernas y filosofar sobre la cantidad de palomas que anidan en los edificios históricos? ¿Se diluiría esto que nos pasa al hacerlo repetitivamente? ¿Se terminarían el misterio, la pasión, las ganas?

Seguir leyendo