Golpe de estado

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Unknown

–          Hoy es el último escrito.

 

–          ¿El último escrito?

 

–          Si, el último donde te uso como musa. Necesito escribir de otras cosas. No sé, sobre el calentamiento global o el ahorro de energía eléctrica, por ejemplo.

 

–          ¿Y por qué harías semejante cosa?

 

–          Porque estás colonizando mis letras.

 

–          ¿Y en qué planeta puede eso ser malo?

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La gota de agua

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Elliott Erwitt, 1981

¿Cómo se hace para repetir el punto justo de la temperatura ideal de una mano que toca a la otra?

¿Cómo se hace para beber un elixir venenoso al mismo tiempo en el que uno se inyecta material anti ofídico?

¿Cómo se hace para resguardarse y entregarse intermitentemente?

Cae la gota sobre la hoja, y desde la hoja vuelve a caer por el tronco del árbol, hasta que se desprende al fin y se disuelve en el espejo de agua circular que hay sobre el cordón de la vereda.

Hora: 15 p.m.

¿Cuántas gotas de agua se funden en un espejo circular a las 15 p.m. de una tarde de mayo?

Para ser otro día es una hora cualquiera. Una voz en off sale de alguna esfera paralela al cuerpo, hace una revolución dentro de éste y nos hace un plantón: stop a las intervenciones del  cuerpo, no más cerrojos, cuerdas, esposas, nada que ate, contenga, suprima; que vuele, y que vuele alto. Es la hora en el que se suspenden los cálculos y errores de cálculo, nada de dedos escondidos detrás de la espalda,  especulando resultados absurdos de una ecuación de la cual ni Einstein tiene el resultado.

 

Hoy los genios somos nosotros, sueltos como dos chicos que se escapan a la hora del recreo. Urge. Suena la sirena. Suena la alarma. Suena el celular. Suena la campana para volver a clase. La gota está a punto de lanzarse y de estallar contra otras gotas de agua que unidas forman un charco. Hora de hacerse la rata y de jugar hamacándonos repetitivamente en una soga con una cubierta hasta lanzarnos al río. No más guerras inciviles entre el deseo y la mente.

En un microsegundo hacemos todo: nos escapamos, nos hamacamos, nos lanzamos, volamos y nos fundimos en el agua.

 

Patricia Lohin

Sin embargo

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Alessio Troretoli

No extraño nada, sin embargo deseo todo.

La mañana está rara. Una mujer abrió su paraguas en mi calle. La observo y observo el cielo. No estoy segura si se está protegiendo del agua que puede llegar a caer en un rato o de las hojas que efectivamente llueven sobre la vereda.

No extraño nada. Deseo todo. Deseo la lluvia torrencial, que deje de amenazar y que llueva de una puta vez. La incertidumbre de un posible desenlace altera las fibras íntimas que duermen debajo de mi corteza cerebral.

Deseo la mirada que sabe a dónde va. Que mire, que se clave, que quiera quedarse a vivir. El café sale tibio y lo tiro en la pileta. Vuelvo a calentar el agua, esta vez que hierva como en el mismísimo infierno, que queme, que tiemble dentro de la pava, que el vapor salga furioso sin poder contenerse, que la tapa haga ruido; que sea como un volcán que rompe en erupción sin amenazas previas; el león que ruge y ataca.

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En el limbo

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Eleni Mahera

–        ¿Entonces? ¿No nos veremos más?

–        Uff. ¡No sé! Me estás preguntando cosas que desconozco.

–        Ok. Es que me vuelve loco tu manera de ir y venir. Nunca sé si estás yendo, viniendo, olvidando, recordando. No sé si te vas a quedar un rato, por un café o por una siesta.

–         … -suspiros-.

–        Necesito saber.

–        Yo también, antes necesitaba saber todo. Quién, cómo, cuándo. Y hoy la verdad… esto es lo que me sale. Llegar, sentirme atraída y cómoda. Luego huir, refugiarme en mí, sentirme segura de nuevo.

–        ¿No te sentís segura conmigo?

–        No.

–        … – gruñido-.

–        ¿Viste cuando pasás la mano por arriba de la hornalla encendida? Lo hacés rápido y no te quemás.

–        No sirve.

–        ¿Perdón?

–        Tu dialéctica. No sirve para una mierda.

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Las simples cosas

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© Eleni Mahera

“Uno vuelve siempre a los viejos sitios en que amó la vida,

Y entonces comprende cómo están de ausentes las cosas queridas,

Por eso muchacho no partas ahora soñando el regreso,

Que el amor es simple, y a las cosas simples las devora el tiempo.”

Canción de las simples cosas – Armando Tejada Gómez

Volver. A los lugares que amó la vida. Donde amamos juntos la vida. Al lugar donde las tardes de domingo nos encontraba degustando millones de sabores. Otoños incandescentes, con las copas amarillas de los árboles acaparando la atención desde las ventanas de la casa del barrio de La Boca. Vos sentado en la diminuta cocina, con las piernas cruzadas; mirando cualquier cosa y yo armando algún menjunje que fuera glorioso para tu paladar. Saber lo que te gustaba, imaginarlo, crearlo; sorprenderte con nuevos gustos y nuevas caricias. Reír sola, contagiarte, reír juntos. Amar tu sonrisa. Conocer el universo de tu rostro, tus muecas, conquistarlo. Pasar el dedo por tu frente y bajar hasta tu nariz.

Volver a batir los huevos. Decidir hacerlo, y sacarlo del horno como si fuera un regalo cósmico, hacerlo realidad en tu boca que luego se juntaría con la mía creando nuevos elixires.

Jugar a la casita, dormir la siesta, salir al patio, salir a dar la vuelta al perro, salir a pasear al perro.  Acostarse y hacer eterna la guerra del amor entre las sábanas. Bañarse juntos, y volver a calentar el agua para el mate, volver a calentar los cuerpos, volver a calentar el agua del termo tanque. Volver a acostarse y esperar al próximo domingo. El próximo tal vez saldremos a amarnos más.

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Son tiempos difíciles para los soñadores.

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Amelie – Movie

“Son tiempos difíciles para los soñadores”.

Así reza el cartel de cartón pintado con tiza que yace a los pies de un indigente acostado en plena peatonal de la ciudad.

Es feriado. El sol se refleja en los adoquines. Los turistas van y vienen tratando de captar carteles con ofertas y descuentos. Nos chocan varios, con las bolsas de cartón repletas de nimiedades.

A pesar de que estamos silenciosos, te doy la mano. Siento en tu mirada una resignación peligrosa. El silencio es la música que pesa desde que nos levantamos. Siento la premonición en la base de mi nuca. Siento el final.

Más adelante me preguntaré por qué querías pasar este día haciendo como si nada. Y por qué me permití pasar ese día como si nada.

Siempre me llamó la atención algo que las personas mayores me cuentan: sobre el final, cuanto más grandes -sobre todo aquellas que superan los ochenta años- los recuerdos de la infancia se vuelven más nítidos y la memoria reciente comienza a evaporarse.

Lo mismo me pasó ese día. De pronto olvidé todo lo que estábamos viviendo este último tiempo. Y empecé a vivir nítidamente nuestros inicios.

Me enamoré a primera vista. Eso no existe. No puedo explicarlo, no tiene bases científicas, no es razonable enamorarse de alguien que no se conoce más que de vista, de quien no se sabe su nombre, ni su edad o preferencias. Escuché tu voz, vi tu estampa y me pareció conocerte de antes. Otro de esos clichés que nos cuentan en esas películas romanticonas y baratas.

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Los poliamorosos

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Imagen: theacademynewyork

….

– Necesito saber.

– Es que hay cosas que no sabemos aún.

– Tengo miedo.

– Te ofrezco un juego. Es con fichas de colores. ¿Te gusta el rojo? ¿O preferís las azules?

– Mmm… yo quiero usar las fichas del color que me pinte en el momento. Si querés te dejo las rojas a vos y yo uso todo el resto. Ahora decíme posta: ¿Cómo es eso del juego? ¿Hay un ganador?

– No. Estaríamos ganando los dos.

– Ah, pero qué aburrido…

– Bueh! Lo mejor del juego es que tenemos que usar la creatividad. Y seguir las reglas. Cualquier ficha que incumpla una regla sale del tablero.

– ¿Y para qué sirven las reglas? Si vos decís siempre que las reglas se inventaron para romperlas. Me confundís.

– Tenés razón. No me funcionan las neuronas hoy. A ver…. Y si en vez de reglas… ¿le llamamos contrato de C y A?

– ¿Y quién escribe ese contrato?

– ¡Nosotros! Daleee. Empezá vos que yo anoto.

– Uno: No me mientas.

– Dos: No me ocultes verdades.

– Tres: Ambos podemos salir de este tablero a jugar en otros tableros.

– Cuatro: ¿te parece si seguimos después?

Patricia Lohin