20 de enero

26733366_1556886171063786_3802899143074816354_n
© Alexander Maslenitsyn

A la mierda con no escribir cosas personales.

Hoy 20 de enero del 2018 llevo pocas cosas descubiertas, y todas están en el baúl de madera con estampillas, al pie de nuestra cama.

Que hay lugares que uno amó mucho en la vida, y a los que se vuelve. Pero nada es lo mismo. El olor, los aromas, las risas, el baile en la cocina, todos se han ido al carajo. Y quedamos nosotros, expectantes, mudos, intrépidos y poco valientes, tratando de cazar las mariposas blancas, aún a sabiendas de que morirán a las pocas horas de ser enjauladas.

Que a pesar de todas las señales habidas y por haber, de los gritos y las miserias, de las miradas profundas que no dicen nada, de la piel descarnada que simula un amor que no es, a pesar de todo eso le metemos para adelante con los bolsillos llenos de ilusión. Y luego nos estampillamos. A ese lugar que es una caverna profunda no se debe volver.

Que los recuerdos son eso. Memorias del pasado que vamos adornando y nos sirven para desear más, para alcanzar el tren y subirnos de una puta vez para sentarnos en el vagón de los asientos azules y esperar el desayuno de café con leche y tibias medialunas. Y que estés vos, mirando del otro lado.

Que tu sonrisa sobrevive en mi mente, y que hoy luce tan apagada como la mía, pero a pesar de eso la remamos, con mucha inconsciencia, con poca perspectiva, con nada de futuro.

Que fuimos felices en el momento indicado. Que no pudimos superar tanta felicidad. Que nos superó toda la monotonía, la inconstancia, el engaño, el miedo. Miedo a ser, a no ser, a ser herido, a herir, a que todos los días sean iguales, a que nos guste otro, a no desear más.

Que la vida se supera, o no. Y que está en nosotros tomar esa decisión.

Que saltar se salta, no sin mearse encima de tanto pánico. Que lo que imaginamos al momento de poner el pié en el precipicio antes del salto, no es lo que vendrá. Porque lo que viene es mejor, es peor, es distinto, y no huele a vos.

Que en algún momento hicimos al otro feliz, a veces a costa de nuestra propia resignación, y que eso a veces es ganar el día.

Seguir leyendo

A años luz de tu mirada

25508187_1531945580224512_2959383443827014041_n
© Kirill Surov

Hoy me levanté asesina.

Una mina que supuestamente era yo, escribía hace tres años un poema que hablaba de extrañar. Extraño en mi. Casi me inspiro ternura.

Hoy es el último día de la semana, ¿o será mañana?, ¿o tal vez fue ayer? ¿Qué vendría a ser un sábado en la vida de un simple mortal? Nunca entendí bien eso de ponerle tanto título a las cosas: primeras horas, último día, domingo relax, lunes de mierda.

Te recuerdo un viernes parado detrás de mí, mirándome hacer la tarea diaria de recolección del dinero para la subsistencia. Fueron dos segundos, me di vuelta y allí estaban tus ojos. Pienso en tu mirada. ¿Qué pensarías en ese momento? Tal vez en lo simple de mi labor diminuta y poco colaborativa con el universo. O lo inalcanzable e insondable de mi personalidad. Mirar a otro ser humano que se conoce poco es como entrar en un túnel y ni siquiera adivinar cuánto falta para la salida. Así somos vos y yo, como un túnel del cual sólo conocemos la ubicación de la entrada. La curiosidad definitivamente no nos desvela. No entraremos bajo ninguna circunstancia.

Te hubiera gustado estar hoy por la mañana.

La segunda persona en entrar a mi negocio fue una mujer mayor vestida de rojo. No paraba de hablar atropellando una palabra con otra. ¡Dios! ¿Es que ya nadie respeta un buen diálogo y respirar entre líneas?

Respire señora, no se me vaya a morir sobre el piso de madera.

Seguir leyendo