Anoche casi te sueño

photographs_19
Arno Rafael Minkkinen

La estancia está vacía.  Hago tres o cuatro pasos sobre el piso de madera, y escucho mis ecos sonoros tropezar y darse de cabeza contra las paredes.

Me arrodillo de cara a la ventana desprovista de lienzos y cortinas. Y yo, que no sé rezar, cierro los ojos y digo mi plegaria: “Señor te pido: no más deudas, ni acreedores, no más mafiosos enamorados apostados en la esquina de la plaza listos para el apriete; no más sonrisas debajo de las sábanas ni más sábanas de algodón blancas, no más colchas bordadas a mano, no más robar tus anteojos de arriba de la notebook. No más escucharte reír o refunfuñar, no más jazz ni folk ni soul. No más tango, no más muerte ni reinicios. No más pérdidas, porque ya no las soporto.”

En vez de decir “Amén” digo “Cobarde”, con la seguridad de que tendrá el mismo efecto: ninguno. Los de arriba se ríen, los de abajo se cagan en las súplicas, y nosotros seguimos creyendo que pedimos algo y lo obtenemos.

Quiero irme sin mirar atrás, como hacen las heroínas del cine en blanco y negro. Quiero tener la boca color carmín, un pañuelo en la cabeza y partir olvidando el lugar, la calle, la numeración; dejando la ropa blanca colgada en la calesita para que la lluvia y el sol la vuelvan hilachas o algodones desvencijados, que desesperados se cuelguen caprichosos sobre las ramas casi muertas del invierno en los arroyos.

Pero miro atrás y me atrapa tu olvido voluntario sobre el piso. Un libro firmado en abril y leído en primavera, ese que paseamos desde la mesada hasta la silla, del auto a la mochila y de ahí al canasto de la bicicleta, para volver a estar sobre la cama; enredado junto con mil cosas más, mis piernas sobre el edredón; y yo riendo del pobre autor desesperado ante la prohibición de escribir cartas de amor.

Vuelve a mi memoria el recuerdo de tu mesa de luz improvisada con una pila de libros fundamentalistas e infumables, y del otro lado de la cama, mi mesa llena de cuentos, recortes, fotos, notas, doncellas y cuentos de hada.

El primer día que nos encontramos en este piso, los gorriones se posaban en las barandas del balcón, mientras las ramas de los árboles de la calle besaban las ventanas con sus extensiones de hojas verdes, apresuradas, inquietas, insurgentes… como vos y yo. Y ese mismo día, horas más tarde leíamos en la página 93: “Es difícil la vida de los que aman a una mujer”. Lo sé, porque abajo puse la fecha con tus iniciales.

Es difícil la vida de los que aman. Punto. Puta madre.

Seguir leyendo

Anuncios

Qué hacer cuando no estás enamorado?

19149391_1365271873558551_2594280536599106564_n
©Leo Micieli

Primero aflojemos, que no hemos nacido enamorados. Nacimos llorando, y una vez pasado el llanto, hombres y mujeres nos hemos enamorado de nuestras madres, algunos con grandes e inmediatos desenamoramientos, como quien escribe.

Pero no estoy aquí para hablar de mi madre.

Hablemos sobre qué hacer cuando no estamos enamorados, o cuando no queremos a una pareja, o cuando no tenemos a una pareja a la que no queremos.

Porque aunque esto último resulte paradójico, tener a una pareja que está agonizando y no tiene futuro, da mucha perspectiva de futuro, da hasta esperanza: porque “cuando me separe” al fin conoceré una pareja acorde. Se están riendo? No? Pues comiencen a reír que encima es beneficioso para la salud.

Por estos años he visto tantas publicaciones sobre el karma, el hilo rojo, almas gemelas, la persona que va a caer cuando esté pautado –y vos estés en otra galaxia-, sobre las leyes del universo y demás yerbas, que tengo los ojos y el alma seca.

Entonces… qué hacer?

Trabajar que para eso somos buenos. Sellar con poxialgo el baúl de las expectativas, ponerse alguna remera motivacional del tipo “Me la banco solo y qué?”, volverse ermitaño, aprender ciencias ocultas, practicar algún deporte o todos y prescindir de querer compartir todo eso con alguien que se llame pareja.

No tener contacto alguno con alguien de tu especie es fundamental, ni siquiera sexo ocasional, porque un simple abrazo o un mimo detrás del cuello puede hacer estallar el planeta, te recordará lo que no tenés, y dejará tu presente tan desértico como el mundo después de Armagedón.

Definitivamente no sueñes.  Convertíte en una persona material, espiritual, políticamente incorrecta, inmoral si te cabe.

Volvé a nacer, reinvéntate, cambiá de trabajo, de sexo, de vestimenta, de carrera, mudáte, pintá tu casa, rapáte, cambiá de nombre y esta vez no esperes nada.

Es cierto, para algo están los amigos, y en buena hora.

Tus amigos que se enamoran o están con alguien a quien no quieren, pero que tienen sus propios testigos. Porque no hay mayor testigo de tu vida quien estoicamente se une a vos caminando a la par, -o como sea-, durmiendo en el medio de la cama sin darte espacio, y cometiendo un sinfín de atrocidades domésticas que sacan de quicio a cualquiera que haya vivido la suficiente cantidad de tiempo solo como para cultivar las mañas en el balcón.

Qué hacer mientras no estás enamorado?

Tratar de no esperar, y si te encontrás esperando… sopapéate mucho, andá a fumarte un cigarrillo aunque después te toque correr un fondo de 21 km, no escuchés a Arjona ni asociados, reanimáte y seguí viviendo.

Escribir -para mí- sería una buena opción, el tema es que me salen estas bebidas que se parecen más a una soda cáustica que a una lupulada.

Mi corazón está cerrado, y ni siquiera por duelo.

©Patricia Lohin

Ausencias

2b86e4793b1e82b8132cfa95ef09480e
Antonio Berni

Las últimas luces del otoño

Se filtran por los amplios ventanales,

La ciudad yace desierta y muda

Mientras las hojas se desprenden y parten rumbo

Hacia oscuras alcantarillas.

Lloran los dioses,

Arrinconados entre el desazón

De las ciudades que no recorreremos

Y la muerta esperanza de los dedos que no se tocan.

El sauce se inclina hacia el río

Queriendo beber del elixir con el que

Otrora bañamos nuestros pies,

En ese lugar donde vertimos

Nuestras carcajadas sonoras y eternas.

Los bares cierran tristes sus puertas,

Al no vernos llegar tomados de la mano

Dispuestos a estar horas y horas

Sembrando filosofías disparatadas,

Pintando nuevos cuadros de Berni,

Mezclando en el lienzo los colores de tus pupilas

Con los de mis labios generosos.

A la vuelta, una librería anuncia

El estatuto de los amores inconclusos

Mientras que el carnaval se declara

Obsoleto y parte rumbo

A otras ciudades

De calles angostas y caderas más generosas.

Vierte el sauce lágrimas en el río

Mientras se secan sus raíces

Y nosotros…. nosotros

Navegamos una vez y otra vez

Contra la corriente de los sueños.

Mientras tus manos tocan la piel opaca

De la ausencia predestinada

Y yo me hundo en la soledad de unos labios desconocidos,

En algún lugar los dioses renuncian a su tarea

Convirtiéndose en simples peones

Que saltan de uno en uno

Los días y los meses.

Volveremos a vernos

Alguno de estos días,

Cada uno frente a un espejo distinto

Que nos reflejará en el marrón de nuestros ojos

Los granos de arena que terminaron de escurrirse

Para decantar íntegros en la base del reloj.

Pero los dioses ya no estarán

Para darlo vuelta.

Patricia Lohin