Sol Sistere

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Crawfurd Adamson

Ya ves, esta noche

-dicen-

Es la más corta del año.

Tendremos que urgir

Nuestra quimera,

Adosar pronto la cabeza

Sobre almohadas dispersas

en distintos puntos cardinales. 

Invocar a las deidades

Con la oración breve y definitiva,

Esa que usamos por decreto,

Cuando las horas nocturnas

Tienden a evaporarse

Y gastadas se suman a las del día.

O como hoy

Que con el descenso del solsticio de verano

Nos invade una leve aflicción

De no tener el minutero a favor,

Para abastecer nuestras almas

Con pequeñas delicias y secretos compartidos.

Cerraremos los ojos

Y al breve instante en que nos entreguemos

Al acto terrenal de dormir,

Correremos al encuentro

Del uno con el otro.

Tu boca sobre la mía,

Y tu mano en mi espalda

Sólo para empezar.

Y cuando regrese el hechizo del alba

Nos despediremos extasiados

Rumbo a lo que nos queda del día

Bajo la sombra de la espera.

Patricia Lohin

 

 

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Perdido en otras playas

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Joseph Lorusso

No estás.

Y sin embargo no muero.

Tiemblo al oír tus pasos por la vereda

Pasando por el costado de mi vida,

Atendiendo tus oportunas diligencias

E ignorando la inoportunidad de mi presencia.

Presencia tardía o temprana,

Demandando ausencias urgentes

Que acomoden el palpitar de la rutina.

Ya quisiera morir,

De un corte cerebral

O de cualquier otro tipo de corte fatal

Que anule los latidos

Que originan tu nombre

Y humedecen mi boca

Con el recuerdo del néctar de la tuya.

Morir y entrar en el blanco

De tu ojo izquierdo,

Que hoy no me refleja,

Mientras tu boca

Descose una sonrisa torcida,

Y alza un lunar por encima

De la altura de tu nariz.

Quiero desaparecer involuntariamente,

Peleando contra toda fuerza terrestre,

Arañando el cielo mientras escalo nubes

Y definitivamente volverme etérea -y loca-,

Ser esa fragancia de primavera sutil,

Que te embriague y maree

Obligándote a dibujar mi recuerdo

En la distancia que hay entre

La almohada y tu sexo.

Y así seré un resplandor en la noche,

El despertar insomne a las cuatro,

Las gotas gordas y violentas de la lluvia de verano,

La melodía olvidada que taladra por las mañanas,

La caricia certera que no volverá nunca,

El deseo que corta tu respiración

Y anula el resto de los sentidos.

Así moriría,

Con el placer de saberme

Un recuerdo eterno e incandescente,

Molesto y deplorable,

La esquizofrenia inevitable

Que nace con el amor no concretado.

Patricia Lohin

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