La historia del sujeto con gato y sin botas

Max Gasparini

No me gustan los gatos, por qué habrían de gustarme si después de todo me causan alergia?

Esa podría haber sido la primera señal. Estar con un sujeto que tiene un gato iba contra mis principios.

Para colmo de males, y volviendo al temita del gato, estos felinos, al igual que cualquier can o niño, se acercan lentamente hacia mi persona al instante de conocerme, sin hacer yo ningún esfuerzo por atraerlos.

El sujeto se acercó por el mismo efecto silencioso que causo en algunas personas: lenta atracción seguida por  diferentes matices de rechazo. Pocas personas tienen la capacidad de ser amadas y odiadas por la misma persona en una franja tan corta de tiempo espacial como yo.

A la semana mi relación con el gatto bianco bianco  era estupenda debo decir, ni un si ni un no, sólo mimos y ronroneos. Eso era amor no correpondido,  y yo me seguía resistiendo al constante cargoseo de su lomo contra mi cuerpo.

Mi alergia derrotada sumada a mi mente otrora implacable y ahora adormilada no hacían fuerza para clarificar absolutamente nada.

Me maullaba cuando llegaba, desesperado e insistente, ávido de un poco de atención y comida. El nombre? Gracias Dios no lo recuerdo.

Tendría que haber reparado en la actitud del sujeto, cuya intolerancia a tanto amor gatuno lo descalabró e hizo que su mano lo agarrarrara del cogote para hacerlo desaparecer de la estancia.

Ibamos a ser tan felices….. sin gato.

Seguir leyendo