La reina en el desierto

Thomas Wilmer Dewing  Reclining Nude Figure of a Woman

Ese tipo le dijo a ella que le gustaba por enigmática, pasional, contradictoria y hermosa. Ella pensó que ya había escuchado eso otras veces, y que eran palabras bien fundamentadas. Pero aún así no cambiaban el trayecto del camino. En un gesto agrio desechó tanta efusividad y se retiró, siendo consciente de que esa podría haber sido su mejor o su peor oportunidad, pero sin lugar para dudas, sin rastros, sin evasivas, pendientes ni oportunidades.
El sabor ácido del retiro trajo movimientos de defensa, en donde el que se creía rey intentó echar a la reina del tablero, sin siquiera pensar un minuto, que para tales menesteres están algunos súbditos como los peones, alfiles y caballos. La reina largó una carcajada y se ubicó fuera del tablero. Se echó a si misma del juego. Out.
Hay momentos cumbres en donde ya hay que dejar de seguir las series negras o blancas y bajarse. Ella se bajó del tablero para seguir a campo abierto, que es más o menos como meterse en la selva o en el desierto.
Es ir a un lugar común pintado con exceso de calor, falta de  brújula, inhospitalidad, horizontes y cielos desconocidos. Un lugar sin carreteras, ni senderos, sin huellas de animales civilizados, sin antenas. Es la mirada seca y dura, que esconde un millón de secretos detrás y teme ser descubierta. Es la aspereza de la piel curtida, de las manos trabajadoras, la dureza de los brazos, de los gestos. Es como una nuez, dura por fuera, exquisita por dentro.
Es volver a un lugar común, tal vez el propio –pensó ella-. Un poco del paisaje agreste que había en su interior era lo que buscaba afuera.
Se sintió mareada el primer tiempo, y el segundo también. Despedida de la comodidad de la utopía, se metió de lleno en la incertidumbre de lo inesperado.
No había sueños ni pétalos de rosas en la bañera, ni largas charlas sobre el futuro, la mesa nueva o un colchón más cómodo. Nada de amor eterno ni frases gloriosas sacadas de la guantera.

Thomas Wilmer Dewing Brittany Morgan

Hay mujeres que pierden la cabeza por sexo, no era este el caso. Otras pierden la cabeza por un hombre que las consienta, que las acompañe o que las mantenga. Tampoco era éste el caso.
Esta era una mujer que simplemente perdió la cabeza sin razón aparente ni racional. Cualquier análisis estaba de más.
Qué decía esa película con lugares comunes y frases armadas? Ah si, una frase sobre el destino. Que el destino está, pero que hay que comprar el boleto para llegar, construir el puente para cruzar, o simplemente salir de casa para encontrarlo.
Lo que sucede, es que a veces el destino no es simplemente ese arco iris que imaginábamos, sino un camino más simple y llano, en donde lo inexplicable nos lleva a lugares que por momentos pueden ser el correcto, o no. Quién sabe?
Hizo media sonrisa, y fue en contra de todos sus instintos. Los pasos pesados sobre la arena caliente, la llevaban hacia algún lugar que el día de mañana la cobije, eso sí, sin estrellas fugaces ni manantiales.

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Fantasmas

Valery Kosorukov “In the Dressing Room”

No hay nada peor que los fantasmas, esos que se ciernen sobre uno creando sombras, sombras largas y tristes como las de los atardeceres en la playa.
Cualquier fantasma por más pequeño que sea, termina con arrasar cualquier atisbo pequeño de ilusión, de construcción y de paciencia.
Es como un pequeño tsunami que arranca con todo, dejándonos dando vueltas y más vueltas alrededor de pensamientos negativos que hacen humo del negro, oscuro, denso.
La verdad está tan lejos.
Si en estos momentos pudiera, haría un viaje largo, al interior de mis miserias, tratando de limpiar todo, pintando las paredes de nuevos colores, aplacando mi corazón, sacando las palabras escondidas y plasmándolas en papel.
Dicen que acallar la mente es uno de los trabajos más difíciles del hombre. Que una vez que se logra acallar y dominar, somos nosotros o el alma, así, tal cual, tan fácil, tan difícil.
La alegría se ha escapado de mi, ya no mas bailes en el living, ni música acorde. Simplemente estoy triste, por lo que fui y por lo que no puedo volver a ser hoy.
No me veo bella, ni resplandeciente, ni interesante, ni divertida. Tan solo el espejo devuelve mis ojeras llenas de frustraciones. Yo, que siempre fui como esas mariposas, que salen de la nada, y revolotean para arrancar una sonrisa.
Yo, que con mi sonrisa intentaba convencer al resto del mundo que se puede, se es, se vive, se ama, y no hay más vueltas que esas.
Yo, que me equivoqué, y hoy pago cada segundo de mis errores. Es caro, muy caro pagar el error de no seguir al corazón.
La casa, las penumbras, los miedos, el amor mal amado, las dudas, el saber que no se puede hacer nada, las decisiones que no se pueden tomar, la oscuridad que lo inunda todo de nuevo. Quiero arrancar de cuajo lo que siento y eso es imposible. Quiero volver a volar y dejar de arrastrarme por el suelo como un roedor.
Esperaré época de lluvias para que mi alma se lave en el patio, y descalza sobre el césped volver a recuperar algo de los sueños que siempre tuve.
Es todo tan fácil, todo tan difícil.

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Capítulo uno

Joaquín Sorolla y Bastida – Bacante

El año comienza. Es apenas cuatro de enero. Estoy decidida a escribir cueste lo que cueste. No quiero que mis heridas sangren más de lo debido, si algo habrá de sangrar será la lapicera.
Me he comprado un nuevo cuaderno, como otras tantas veces, en otros intentos vanos de dejar asentado mi paso por el mundo.
Tal vez debería hablar con mi analista de turno el hecho de que ningún cuaderno ha sobrevivido en mi vida, todo lo tiro, todo lo deshecho, todo lo destierro.
Todo lo que llega a mi lo repelo.
El primer tiempo las cosas o sucesos me producen saltos en el estómago, también los segundos y terceros tiempos.
Luego las dificultades me juegan siempre una mala pasada, me adjudico los errores que nacen aquí en el centro –o sea mi súper yo- y se esparcen a mil kilómetros a la redonda. Me culpo, me retraigo, me protejo, tacho, amputo lo que me hace daño, me anulo a mí misma, quedando sola y a la deriva.
No soy una mujer fácil, ni siquiera pretendo serlo. Soy muy difícil.

Tener no es lo mismo que desear, al igual que caminar y correr. Se parecen porque nos trasladan hacia algún lugar, pero mierda que no es lo mismo.
Pocas veces he deseado aquello que aparentemente he tenido. Se puede hablar de tener algo si hablamos de amor?
A medida que pasen los renglones surgirán otras palabras más acordes, o eso espero.
Estoy viviendo, eso lo tengo claro. Me visto por las mañanas, cuido de mi casa, salgo a mi reciente nuevo trabajo, me cultivo leyendo libros no muy trascendentales, sólo los que a mí me llegan. Esporádicamente miro series, emboto mi cabeza en las problemáticas de otra gente que ni siquiera existe, pero a veces se parece tanto a la vida real! Busco en las repeticiones mis propias repeticiones, busco desesperadamente finales felices luego de largos caminos llenos de espinas, busco poemas dolorosos que terminen en amor.
Y escribo para escapar de los fantasmas de la dependencia emocional.
Sí, soy uno de esos bichos que depende emocionalmente de otras personas, cuestión que aún ningún diván me ha respondido con alguna parábola que entienda. Si nací sola, y estuve sola más tiempo del que realmente hubiese querido en mi vida, por qué dependo de otros seres como una planta depende del agua?
Gente? Siempre hay alguien alrededor, circulando en sus propios ombligos o tal vez divagando sobre la imposibilidad de unir su ombligo al mío. Realmente tengo alguna cuestión seria que impida una conexión emocional con otra persona?

Joaquín Sorolla y Bastida – Antes del baño

La última vez que dejé un corazón emparchado me dijeron que yo era muy pasional. “Tus besos, la intensidad de tu mirada, tus gestos, todo es pasión.” Tal vez en parte sea cierto, que soy un torbellino a la deriva y sin nombre. Dejo despeinado a más de uno, y no lo digo para pavonearme. Una brisa es buena, vendaval todos los días no.
Soy un esquimal en un iglú frío y despojado, aunque en realidad lo que deseo con  toda mi alma es vivir en un meridiano más cálido, en una casa llena de pies y manos, de bocas y narices, de pelos, de cuatro patas deambulando por ahí, una casa con patio y cocina, con olor a comida en los horarios permitidos, con perfume a sándalo en las noches de verano, con risas pintando los rincones, paredes de colores, el sol y la luna peleándose todos los días por entrar, ventanales, cortinas etéreas, mis pies descalzos en el patio besando la noche.
Mis fracasos en el amor me dan frío, y en este iglú la única manta que tengo no alcanza a tapar mis pies.
No soy infeliz. Sólo respiro momentos, me inquieto demasiado por lo que vendrá. Las etapas de incertidumbre me pesan como una losa de mil kilos sobre mi espalda, no los soporto y quiero dar el salto hacia el the end. Sé que es imposible, que debo aprender. El aprendizaje es eterno y nunca llega el día de decir “confieso que he vivido”, me levanto todas las mañanas y digo “confieso que estoy viviendo”. Hay frases peores: “Hago lo que puedo”
Por eso escribo, como una manera de acallar todas mis suposiciones, es el lugar en donde rescato mis sueños y vuelvo a ser yo. Esperanzada, eternamente enamorada, alegre, atrevida, despreocupada, risueña. Nunca debería haber hecho huelga de escritura ni abandonado mi yo, que a veces es tan fuerte y tan débil, como el viento tempestuoso que arrasa con todo y luego simplemente deja de existir.

Estuve dormida muchos años y lamentablemente a veces los recuerdo como los mejores.
Años despojados de pasiones, ausente de mis sentimientos, sin sobresaltos, ni grandes emociones, ni grandes metas o sueños. Años anestesiados. Ah, qué bueno es eso, la rutina y la inercia, es como vivir tomando somníferos desde la mañana a la noche.
Una hoja era la oportunidad para anotar la lista del mercado, no más. Las charlas cotidianas eran meras conjeturas sobre la cuota del auto o los dientes bajo la almohada para el ratón Pérez.
La cama el mejor lugar del mundo para dormir y jugar al mírame y no me toques. El borde del colchón un precipicio, del otro lado una selva llena de animales peligrosos, el lugar en donde yo creía estaba mi compañero, era ocupado por un desconocido.
Y yo, cual Alicia, sin poder escapar de ese país maravilloso.
Así lo tuve todo, lo más vacío del universo……..

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