Arrivederci

Roger Edward Kuntz
Interior with Figure

Una cena fría y tardía. Una noche destemplada, un amanecer lluvioso, un atado de cigarrillos después y sale el sol. La música inunda mi casa. Me dan ganas nuevamente de enviar mensajes y de reunirme con la gente que me hace bien. Mis amigas, mis hijos. Mis alegrías.

Por unos días volví a ser la persona taciturna, enojada, a la espera, malhumorada que fui hace un año. Pero si yo no soy asi!!

Y allí es donde luego de quince días de revisión sobre el amor, otra vez me pregunto: el amor te hace perder la cabeza?

Sí, hay amores que te hacen perder la cabeza y el rumbo, los vez como amores profundos porque todo fue profundo: las lágrimas, las esperas, los dolores, las no aceptaciones, los reencuentros, las desesperaciones, el no entender. Te sentís poco, insuficiente, no amada, y no hay nada que puedas hacer.

Rectifico casi todo lo que puse antes, hay que tener cuidado con las pasiones y de donde provienen. Provienen de la desesperanza y la imposibilidad o del amor y el juego?

Subo más la música y el sol entra por toda la casa. Quiero limpiarla y perfumarla, sacarle la mufa de haber estado el dia encerrada pensando y rumiando cuestiones que debe uno cerrar inmediatamente antes de que ocasionen peligros mayores.

Hoy tal vez es el dia. Que trae el recuerdo y la vuelta si no es más incertidumbres, miradas vacías, esperas, falta de compromiso, besos robados y escuetos dados a cuenta gotas?

Acaso la ilusión de que todo va a cambiar? El otro va a cambiar? Las esencias no se pierden y está bien que sea asi. Si ayer me planteaba que no debo tomar decisiones apresuradas,  hoy ya me planteo resolverlo ya para salvarme antes de que me tape. Pude hacerlo una vez, lo hare otra.

Me miro en el espejo y me veo bella, quiero inundarme de caricias eternas, de palmadas cálidas que digan que todo va a salir bien.

Actitud. Coraje. Estima.

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Divagaciones …..

Kimberly Dow Pensive

Hay varias cosas que nos pueden salvar de la locura, todas requieren de esfuerzo. Personalmente no tengo la receta. Pero si puedo afirmar que para salvarse de la locura lo primero que hay que hacer es correr millones de años luz del sujeto-objeto o situación que nos cause locura.

No hay con qué darle, cuánta locura es saludable en estos tiempos?

Si no sos loco -una pizca al menos-  no sobresalís, no avanzás, no te jugás, no sos creativo,  pero también es cierto que podés perder, equivocarte y tener que retroceder.

Vivir de manera monótona, calculando paso por paso costo y beneficio,  midiendo sentimientos  y priorizando practicidades es muy segur.  De hecho me he colgado por varios tramos de mi vida a vivir de esa manera. Es la manera de vivir práctica, conservadora y segura. Lo único que te puede trastornar es que justo para Navidad se te caiga una estrella fugaz encima o que el lunes al ir al mercado la inflación te queme la cabeza.

Por otro lado recuerdo aquel supuesto y trucho orden espiritual vacío de creatividades y de motivaciones que tuve hace muy poco tiempo, y lo comparo con este momento de incertidumbre –aunque seamos sinceros tampoco es que mi creatividad sea súper, es lo que hay-, Y yo me pregunto:  me tengo que quedar con este caos? Es transitorio? Si consigo estabilidad dejaré de delirar mediante palabras?

Will Barnet Woman and the Sea

Maldigo el momento en el que comencé a fumar nuevamente. En mi anterior estado que me duró la friolera de cinco semanas –y no se si no exagero-, mi cuota diaria de nicotina se redujo a dos cigarrillos diarios. Comía apropiadamente, mi voz se escuchaba casi como un compás de violín aletargado, le  sonreía incluso hasta a la viejita que me pidió le fraccionara cincuenta gramos de semillas de diez variedades distintas o al remisero que me apuraba con el auto atrás en plena avenida.

Hoy vuelvo a fumar escondida en el baño de mi tienda naturista, en los rincones de mi casa linderos con el patio –odio el olor a cigarrillo-, y cada pitada tiende indiscutiblemente a absorber algo que sea cordura, respuestas inmediatas –que pelotudez- y claridad mental –bueh, qué es eso?.  Ese es el problema mío: absorber.

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La nota

Edward Hopper

Llegué al departamento,  introduje la llave y la puerta cedió suavemente.

Era una de esas puertas con cerraduras berretas, de las que se pueden abrir casi con cualquier cosa metálica. Me inundó el olor a encierro de apenas dos días.

La gata, que me quería a pesar de mi desapego, comenzó a maullar latosamente pidiendo por comida.

Sentí que no faltaba nadie. El lugar estaba como debía estar: con soledades que danzaban entre las penumbras de la tardecita.

Busqué el papel dentro de mi cartera. Había preparado una breve despedida, nada extenso, sólo definitivo.

En vano hurgué en los diversos bolsillos buscando la misiva ausente que se burlaba de mí.

Miré la llave en mi mano, la dejé sobre la mesa azul y partí.

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Redimiendo lo perdido

Harvest Home                                 11×13″ oil on panel                                        1985

William Whitaker

Perder.

Liberarse del osito de peluche

Que velaba mis noches.

Encontrar de casualidad

El zapatito de bebé

De los hijos que ya no voy a parir.

Perder por olvido

La entrada de teatro

Para esa noche de compromiso.

Encontrarse, con esfuerzo.

Volver a perderse por impulsividad.

Late el olvido silencioso

Mientras lo perdido

Araña al tiempo

Haciéndose recuerdo.

Olvidar casi de prepo

Y perder nuevamente,

Hasta que el olvido

Retorne redimido

Y encuentre en lo perdido

Lo que no estaba tan olvidado

Sino tan solo bien guardado.

Yo

Magic Carpet                        15×15″ oil on board                              1981   

William Whitaker

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Autoayuda

Carlo Caramelli Italian Born 1926 “Danae”

Es domingo a la noche, te acostás. Leés un rato. Estás leyendo “Autoayuda” de Lorrie Moore.  El libro te lo presta un compañero de taller literario, advertido sobre el hecho de que no podés parar de leerlo en los minutos libres. Quedás fascinada por su forma de escribir. Intentás copiarla.  Aún no te das cuenta del trastorno que es ponerle acento a todos los modismos argentinos. Casi que te das por vencida.

Leés apenas un poco, mirás la hora y te decidís a dormir. Como hasta  hace un tiempo hacías, volvés a agradecer por las noches. Sentís que  todo está en orden, todo vuelve a su lugar y el agradecimiento también. Agradecés por el día, por tus hijos, por el novio de tu hija, por tus amigas, por el descanso, por la supuesta claridad mental, por poder seguir sorteando obstáculos.

Cerrás los ojos, pero tu mente divaga a una velocidad aproximada de trescientos kilómetros por hora. Empiezan a surgir las palabras y recordás que te aconsejaron tener una libreta al lado de la cama para anotar lo más importante. Lo que redactás en tu mente es perfecto, parece un libro hermoso. Al día siguiente se irá, y nunca sabrás lo que pensaste.

No vas tan lejos, sabes que se irá en el tiempo que tardes en levantarte y prender la Notebook para escribir. Falta mucho para que diseñen algo que imprima los pensamientos nocturnos, mientras tanto no te queda otra más que levantarte o imperiosamente decirle a tu mente que se acalle.

Elegís lo primero. Tarda en prender. Se enciende. Revisás el correo como algo mecánico, encontrás un correo de tu última relación fugaz. Aún insiste con desintegrarte. Lo mandás al spam. Lo mandás a la mierda que es lo mismo. Ya está muerto. No es la primera vez que asesinás a alguien.

Cerrás  los ojos y pensás en los últimos meses. Cada uno de los días correspondientes a los ocho, diez, once meses fuiste fiel sin darte cuenta. Mientras intentás escapar en otros minutos robados, tu corazón late en el mismo lugar de siempre. Nada es serio, ni tiene tanto sentido. Te das cuenta de que el año pasa sin pena ni gloria. De pronto un flash, llega una persona que ya está en tu vida como un mentor. Te preguntas si realmente existe tal cosa. Es el mismo tipo del spam, claro.

Le tenés respeto, consideración, hasta cierta simpatía. No te atrae verdaderamente, no pensás en eso. El tiene la llave de todos tus pensamientos, sabe desde qué desayunás hasta que deseás, o al menos eso cree.

También sabe de tu anterior amor y te lo recuerda todas las veces que puede. No es necesario. Se comporta como un artista de la magia oscura. Lo dejás entrar con ingenuidad,  unas cuantas afinidades no alcanzan a poner magia donde no la hay. Un par de cenas y otro par de salidas no te confunden. Estás tranquila, nada te desborda, ni te acelera, tenés el control de la situación, como un fumador de dos cigarrillos diarios que lo deja cuando quiere. Usás tu cinismo para defenderte, es tu peor costado y lo sabés.

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El arte de la ilusión

Daniel Garber “Morning Light”

Luego de que la ilusión se evaporara como por arte de magia, por arte de la realidad psicodélica que establece que hay situaciones que no deben ser, luego de esas breves vacaciones en un lugar absolutamente inexistente, la realidad golpea de la forma más descarada y es cuando necesito el abrazo, no cualquiera, sino ese abrazo que sale de otra ilusión irrealizada del pasado.

Escucho poetas muertos cantar con acordes tenebrosos en alguno de mis parlantes situados en mi nuevo trabajo, se suman a los acordes un té abandonado en la mesa, el lugar donde iba apoyando mis lecturas cotidianas, alegre, despojada del pasado y del presente. El equilibrio estaba a punto para ser disfrutado, mediante olores y sabores, condimentos, arroces exóticos, muebles blancos, naranjas intensos brillando desde algún rincón, y el abrazo que sigue sin aparecer.

 La soledad viene a matar nuevamente desde todos los rincones, y los templos se silencian de murmullos y cánticos.

El error golpea una vez más, y me hace preguntar en la reincidencia de algunas conductas, en la pérdida del equilibrio, en por qué no vi el escalón cuando estaba marcado con tinta fluorescente.  No se puede volver atrás ni permanecer estático, sólo queda mirar a algún punto en la pared blanca que muda no dice nada.

Quiero subirme a un precipicio y gritar tan fuerte que mis cuerdas vocales se despeguen, quiero gritarle a la injusticia de los errores propios, insultarla, despotricarla;  quiero enterrarme y no saber más nada de mí ni de mis propios fantasmas.  Quiero extirpar quien fui, las pasiones desatadas que me enterraron, descargar mochilas y nacer de nuevo. Cuántas veces se puede volver a nacer?

Mientras pienso en el abrazo que enloquece mi deseo de que se haga realidad, aun sabiendo que es a costa de revivir viejas pasiones que nunca debieran ser despertadas.

Tal vez sea cierto, de todas maneras, la siniestra tranquilidad artificial tiene fecha de vencimiento muy corta y ante el derrumbe de una sola de sus estructuras todo vuelve al caos original.

Ese caos en donde los sentimientos se licúan, las confusiones aparecen de una manera despiadada, burlándose de nosotros, siendo pequeñas realidades que podrían ser espejismos o sentimientos que explotan ante tanta presión por encubrirlos.

Mi sangre bulle otra vez, cierro los ojos, veo el abrazo inalcanzable, la sensación de contención no llega, y otra vez a lo mismo.

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En blanco y negro

Jean-Louis Courteau “Rêverie”

Es fácil, hoy parece fácil.

Me paro aquí y miro mi vida pasada como si fuera una película.

Película muda, en blanco y negro,

Con algunos saltos y cortes

Que obvien la obligatoriedad de rever algunos tramos.

La banda sonora no alcanzó la dimensión musical

Y sólo se la pudo calificar de ruido formado por golpes secos

Y huecos que acentuaron burdos intentos

De forjar algún guión creíble.

El final llega abruptamente

Y deja a los actores secundarios

Estupefactos y estúpidos

La protagonista sale de la pantalla

Y se tiñe de colores

Sabores, aromas y amores.

Yo

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