Sueños descalzos

Meditativa – Francisco Sanchis Cortes

Se puede extrañar lo que no se ha vivido?

La carcajada que sale espontanea desde un lugar entre el corazón y el estomago ante semejante ridiculez.

Se me ocurrió, que de pronto la risa está muy devaluada, y en los primeros puestos abunda la boca entreabierta emitiendo algún sonido extraño que no llega a ser, a salir: gruñidos, sonidos guturales, dientes a medio mostrar, ninguna liberación que salga de adentro del cuerpo.

Tengo frescos los sueños de extrañar lo no vivido, y también frescos recuerdos de haberme reído menos de lo básico que uno debe reírse diariamente para sobrevivir.

Pero viajemos a dos hermosos parajes: el sueño y a la noche.

Presiento la noche calma, que cae como un manto sobre la cama, cobijando y abrazando. El sueño tranquilo que viene a susurrar y yo que me sonrió de solo pensar en el placer de ser feliz mientras se duerme.

Irremediablemente todos los días me hago diversas preguntas: cuando, cómo, por qué, para qué? Pero a la noche dejo un hueco en el alma para el gracias, aunque en todo el dia no haya obtenido ninguna de las respuestas.

Mi primera noche en casa luego de unos días de alta vorágine tomando subtes, colectivos y manejando al compás de un GPS, me sorprendió la profundidad de un sueño.

Y es aquí que tendría que cambiar la pregunta con la que he empezado a escribir, otra más a la lista de preguntas que me desvelan. Viví esto o no lo viví? Acaso el tiempo borra y transfigura lo vivido? Se puede extrañar lo que se ha vivido hace tanto tiempo que es imposible mantener la perspectiva de esa realidad?

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