Cómo construir una historia?

Cheryl Fortier Passages

Bueno… Que pregunta, depende.

Si me preguntan a mí, basta con un lugar, un personaje o dos, una lapicera y algunos renglones libres en alguna libreta gastada..

Pero para que sea una de “mis historias” necesito:

Mar:  preferentemente en mi país, si es con acantilados mejor, sino con bastos e interminables médanos y nada de civilización, antenas y ruidos.

Música de fondo a elegir según el dia, el humor y la época.

Una mujer que indefectiblemente lleve el pelo suelto y un vestido largo que se hamaque con el viento. Con su cara limpia y fresca, con arrugas de tanto llorar y reír, ojos brillantes y sueños pegados en la piel disimulados por lunares desparramados en su cuerpo.

De haber un hombre en la historia, es menester que conozca ese número de sueños –perdón, de lunares-, que será de varias cifras y habrá contado con paciencia durante muchas noches de amor e insomnio.

 Una casa en la playa, si es posible de madera y blanca.

Un faro a lo lejos, que indique la partida y la llegada.

Una cocina llena de condimentos que amarre al alma y a los sentidos.

Un hogar con leños, un baúl, una manta, el sillón al lado de la ventana…

Y lo más importante: ella que “deja ir” frente al mar.

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Cómo dibujar una rayuela?

Hopscotch. © Cherina Hadley

Según algunos ingenieros desertores de la NASA, una rayuela debe dibujarse en la primera noche de luna nueva del mes de septiembre de un año bisiesto.

Eso no sin antes haberse apropiado por algún método ilícito, de los planos con los cálculos exactos sobre su dimensión y orientación.

Hay tiempo, si no es en el 2012 será en el 2016.

Dice la primera parte del manual que se adjunta a dichos planos, que una vez que se hizo el primer trazo; con una pintura especial ecológica; no se puede interrumpir el mismo, debiendo terminar el trazado de la rayuela de manera tal que no se vuelva a pintar sobre los mismos circuitos.

Seguramente, para la finalización de la obra, la luna ya estará llena y usted con el trabajo concluido, si es que sobrevivió a tamaña empresa.

A donde lo transportara el último casillero? Es un misterio, ya que nadie ha llegado a brindar testimonio, según nos confirma el último aprendiz de ingeniero sobreviviente: el único que nunca embocó la piedra en el último casillero.

Children Playing Hopscotch  Bill Bachmann

Toco tu boca, con un dedo toco el borde de tu boca, voy dibujándola como si saliera de mi mano, como si por primera vez tu boca se entreabriera, y me basta cerrar los ojos para deshacerlo todo y recomenzar, hago nacer cada vez la boca que deseo, la boca que mi mano elige y te dibuja en la cara, una boca elegida entre todas, con soberana libertad elegida por mí para dibujarla con mi mano por tu cara, y que por un azar que no busco comprender coincide exactamente con tu boca que sonríe por debajo de la que mi mano te dibuja.

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Star Café

Jack Vettriano Star café

Martes trece. No tenía idea de la numeración del día hasta que prendí la tele y la desinformación del noticiero alertaba sobre el día, el número y sus improbables consecuencias. La misma cantaleta de siempre.

“No se case”, era la primera súper trillada recomendación. Pensé: qué más da? Si el azúcar y las mieles del amor duran lo que duran y mueren cualquier día de estos sin previo aviso.

El teléfono me saca súbitamente de mis cálculos morbosos sobre la duración del amor: telefónica de argentina y una operadora aprendiz de mandarina que quiere encajarme todo el paquete completo. Un trió de qué? Está loca! Cuelgo a todo vapor, no sin antes despedirme casi educadamente y eludiendo la encuesta post venta frustrada sobre la satisfacción del cliente: o sea yo.

Estoy satisfecha? Mis rollitos dicen que sí.

Sobre la mesa dibujo mi lista de compras para la noche: mi comida de batalla que siempre me sale bien: pollito, verdeo, limones, un malbec y pétalos de chocolate.

Cena y revolución: o sea, cena, película y cama.

Salgo a la calle dispuesta a comerme el dia y a beber de la lluvia que cae.

Ya en la acera me mojo más con el agua que chorrea de los paraguas de los transeúntes que con la lluvia misma.

Ni hablar de las baldosas flojas en las veredas comerciales que terminan por empaparme los pantalones. Sonríe!!! La lluvia es una bendición!!!

Me distraigo al ver más adelante la acera seca.  Voy hacia ella como hipnotizada y me dejo abrazar por el aroma del café y el ruido del cotilleo de media mañana.

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Un día perfecto

Carl Larsson “Sunday Rest”

Madrugada. Mis pies descalzos yacen sobre el piso de la cocina. El alba se ciñe sobre los álamos dispuestos en hilera al borde del canal. Mis pies que despiertan con el frío de los mosaicos y de allí en más, todos mis sentidos se van alertando. Sentí su olor, antes siquiera de verla: la reina de la cocina. Mi estomago crujió de satisfacción pensando en el mediodía y en un plato humeando el verde aroma de la albahaca.

Los utensillos forman un coro de ruidos: la pava, la cucharita contra la taza, los leños de la cocina, tapas y tapitas, tarros, sillas corriéndose, risas y manos buscando el azúcar: arena blanca y dulce, brillante y fiel compañera del mate, ensaimadas y quemaditos, alegre transporte de hormigas trabajadoras.

Llega la hora del recorrido por la quinta, frutos maduros, aguas, surcos, semillas de futuros manjares, me acompañan un sequito de mascotas mientras yo la busco con su piel rugosa pero suave, y la encuentro radiante a punto de caer de su rama. Dócil la mandarina abre y muestra sus gajos, siento su elixir deslizarse por mi boca y muero de amor.

Walter I. Cox “Wine for Two”

Ya de vuelta, la sombra del alero me atrapa y me acuno en la hamaca, mientras mi vista juega con los colores del piso, mosaicos con cuadros y triángulos caprichosamente alistados. Me paro, me ubico y voy caminando por una hilera saltando de dos en dos como cuando era chica y acortaba el camino hacia la escuela.

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La cruzada del placard

Judy Drew
Australian
1951-
Symphony in Red

Mientras voy dando pasitos hacia mi nuevo emprendimiento laboral, mis días carecen de horarios de “esos”: tengo que, debo que, abro a tal hora, cierro a tal otra.

Los horarios con los que convivo son puestos por mí y están muy lejos de ser forzados o de manifestarse a punta de pistola. Hay días que cierran y veo que avancé mucho y otros que simplemente pasaron. Pero esta vez estoy decidida a dejar que el chocolate se derrita en mi boca.

Mientras mi vida cambia porque así lo quise el día en que me animé por fin a tomar la decisión de vivir de otra cosa, he dedicado un par de domingos a la liberación del placard y demás cajones. Consiste en una especie de cruzada por las habitaciones tratando de descomprimir ropa, dejando entrar el aire, pasando la aspiradora y lo más bello para mí personalmente: dejando ir.

Elemento principal para la tarea: bolsas de consorcio.

A pesar de que tengo la idea de que estas actividades las desarrollo una vez por año más o menos, creo que pasaron un poco más de 365 días de la última vez que hice semejante cosa. Posiblemente haya acomodado un poco por arriba y descartado alguna remera manchada, pero no más que eso.

Para ser sinceros la última gran redada del orden fue luego de mi separación: paso ineludible para que no queden vestigios en la casa de la presencia de la otra persona y también es un paso directo a la apropiación del otro lado del placard.

First of all: vaciar el lugar: si es cajón volcarlo íntegro sobre la cama y luego volver a poner las cosas que sirven, no están rotas y tratar de ordenarlas temáticamente. Los cajones de la mesa de luz son terriblemente coleccionistas, y van a parar allí desde monedas, tickets, tarjetas hasta gotas nasales.

Luego está el placard: el sector de las perchas también sacarlo absolutamente todo fuera, dejando las perchas por un lado y la ropa por el otro. Y aquí viene lo bueno.

Personalmente soy una persona que tiene varios talles para usar en el transcurso del un año. Por suerte no solo he engordado, a veces he adelgazado también. Entonces mis pantalones varían entre tres o cuatro talles, los cuales los voy eligiendo de acuerdo al apetito de mis caderas. Pero seamos realistas: encontré un par de jeans que eran hermosos hace cuatro o cinco años, tal vez seis – si hago más finamente los cálculos descubro que hace diez años que los tengo-, los dejé colgados porque son los que uso esas ocasiones que pierdo gran peso: termino con la nutricionista y me los pongo. Por el estado óptimo en el que están los debo haber usado tres o cuatro veces lo cual afirma la teoría de que una vez que uno descendió mucho de peso, luego viene la etapa en la que recobra un par de kilos, en donde si uno no se bandea se estaciona allí y punto.

Volví a mirar los jeans, me miré en el espejo. Mi cuerpo y yo estamos reconciliados desde hace algún tiempo. Paradójicamente no nos amigamos en un estado ideal: no cintura, presencia de rollos, efecto de gravedad y la balanza que acusa un número que no me gusta para nada. Me encantaría pesar tal vez seis kilos menos –ni hablar de diez- , pero también me gustaría conservar el estado mental que tengo ahora, no histeriquear con la comida, poder tomar cerveza cuando quiera, y dejar de vivir restringiendo: he corroborado que la psicosis de la restricción arranca con la comida y sigue con el dinero, el sexo o cualquier otro placer al que haya que cortarle la cabeza. Ya llegará el momento de pijotear, por ahora nones, y de paso le hago honor a las frases de nuestro poeta Arjona en su himno  Señora de las cuatro décadas.

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Desapareciste

Robert Cook, New Horizon

Salgo por la mañana. Mientras cierro el portón del mi garaje una mujer en bicicleta, apretada por el tiempo, cruza la avenida como puede, y un conductor –como puede- la esquiva. No alcanzo a escuchar nada, solo veo el gesto de ella con el dedo mayor hacia arriba, sin siquiera gesticular alguna otra cosa. Me río de la situación. Sabían que FUCK viene de las siglas “Fornication Under Consent of the King”?

En realidad me río de esa situación y de muchas otras que se me van presentando en el camino.

Incluso cuando voy a buscar mi correspondencia a la que también es mi casa, aún deshabitada, un sobre que había pasado la inquilina de mi local por debajo de la puerta anunciaba: “Por favor cambiar el domicilio”. A donde?  No era suficiente la lista de lugares de donde me había ido?

En el interín, un ex cliente que sale de la farmacia me dice con voz acusadora: “desapareciste”.

Bueno a esta altura ya saben que una vez tuve una farmacia. Digamos unos trece años de mi vida invertidos infructuosamente en un lugar que no me gustaba. Como llegue allí es para escribir un libro y este no es el caso. Entonces volvamos al relato…

Desapareciste.

Me puse a indagar muy rápidamente cuántas personas podían llegar a decir que yo había desaparecido a parte de mis ex clientes. Y caí en la cuenta de que muchas con las que no me trato hoy día han visto como mi persona se esfumó completamente de sus vidas: sin transición, ni largas despedidas, ni preámbulos, y en un caso en particular muy triste para mí, sin dar explicaciones.

Realmente quiero arreglar esa situación, pero como? Después de tantos años? Como explicar si seguramente la otra persona ni recuerda?

Retorno.

Cuál es la manera de despedirse de un negocio o trabajo?

Hacer una despedida? Pancartas que digan nunca tendremos un jefe/a como vos? –y cuidado aquí, que el “como vos” no necesariamente implica excelente, paciente o piola sino a veces todo lo contrario-. Alguna cena formal en una parrilla o tenedor libre? Ir avisándoles a los clientes que me voy e inducirlos a que me agradezcan años de fianza?  Teníamos programado con mis amigas hacer un festejo por haberme ido con descorche de champagne y todo, hecho que no se concretó nunca, seguramente por falta de insistencia de mi parte.

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Sueños descalzos

Meditativa – Francisco Sanchis Cortes

Se puede extrañar lo que no se ha vivido?

La carcajada que sale espontanea desde un lugar entre el corazón y el estomago ante semejante ridiculez.

Se me ocurrió, que de pronto la risa está muy devaluada, y en los primeros puestos abunda la boca entreabierta emitiendo algún sonido extraño que no llega a ser, a salir: gruñidos, sonidos guturales, dientes a medio mostrar, ninguna liberación que salga de adentro del cuerpo.

Tengo frescos los sueños de extrañar lo no vivido, y también frescos recuerdos de haberme reído menos de lo básico que uno debe reírse diariamente para sobrevivir.

Pero viajemos a dos hermosos parajes: el sueño y a la noche.

Presiento la noche calma, que cae como un manto sobre la cama, cobijando y abrazando. El sueño tranquilo que viene a susurrar y yo que me sonrió de solo pensar en el placer de ser feliz mientras se duerme.

Irremediablemente todos los días me hago diversas preguntas: cuando, cómo, por qué, para qué? Pero a la noche dejo un hueco en el alma para el gracias, aunque en todo el dia no haya obtenido ninguna de las respuestas.

Mi primera noche en casa luego de unos días de alta vorágine tomando subtes, colectivos y manejando al compás de un GPS, me sorprendió la profundidad de un sueño.

Y es aquí que tendría que cambiar la pregunta con la que he empezado a escribir, otra más a la lista de preguntas que me desvelan. Viví esto o no lo viví? Acaso el tiempo borra y transfigura lo vivido? Se puede extrañar lo que se ha vivido hace tanto tiempo que es imposible mantener la perspectiva de esa realidad?

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