Por el jardín

Catherine Wiley – By the Arbor

Mi casa de la infancia nunca fue misteriosa, por más que le buscara la vuelta ya conocía todos sus recovecos. Plantada en el medio de un terreno, tenía un privilegio que pocas casas tienen: se la podía rodear corriendo, caminando o meditando. Una casa a la que se le ven las cuatro paredes perimetrales no tiene misterio.

Recuerdo si, un recoveco extraño en un sector alto de la cocina. Era un lugar que yo no llegaba a ver totalmente ni aunque me subiera a una silla. Su forma de L me hacia fantasear con la presencia de alguna especie de túnel.

Pero esta fantasía se disolvió casi tan rápido como nació el dia que a caballito de mi progenitor descubrí el final de concreto de ese agujero, y el vacío de un hueco sin destino de tesoros o cacharros.

Con tan poco por descubrir en la casa, mis expediciones me llevaron al patio. Un frondoso y arbolado terreno de cincuenta metros, cercado en uno de los laterales por una espesa cerca de alguna vegetación para mí aún desconocida. Esas hojas y sus ramas entretejían un obediente paredón.

Mis tardes soleadas las dedicaba a recorrerlo, analizando el enredo de las ramas y buscando alguna fuga para mis sueños.

Pasaron algunos años hasta que conocí el jardín de mi vecino, y para ese entonces algunos espacios se habían despoblado de vegetación, permitiendo un panorama visual de lo que había al lado.

Pocos años fueron, tal vez cuatro o cinco, sin dudas muy disfrutados, ya que para mi mente esa frontera arbolada a pasos de mi cama constituyó uno de los grandes misterios de mi existencia.

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Proyectando

Allan Banks – Hannah

“La mejor parte no está por llegar, es la que estás viviendo ahora”.

Frase terrible no? Porque indica que no hay que esperar nada sino hacer.

Paré en esta frase de uno de los tantos libros que tengo empezados y me senté a escribir.

Que cómo se llama el libro? Proyecto felicidad, y no me da vergüenza decirlo, estoy empecinada en que mi vida de ahora en más circule por caminos que solo digan mi nombre, y probablemente no voy a ser feliz todo el tiempo, pero ya aposté todo a uno a que va a ser mucho más interesante que los cuarenta años que tengo por detrás.

Que no escribo más seguido porque en mi vida no pasa nada?

Nada más lejos de la realidad, en mi vida pasa de todo, y el de todo que pasa es a todo o nada. No grises, no chicha y limonada juntos, no un poco de cada cosa. Cada tantos años me agarra la chiripiorca y tomo alguna decisión que me da tanto miedo que siento que me estoy tirando de un precipicio.

Seguramente para otros no es tan importante. No es que vendí todo y me voy a la India a hacerme budista, o que decidí hacer una protesta nudista en la plaza principal.

Pero una de las cosas que he aprendido es que para lo que uno es muy fácil para otro es muy difícil y viceversa. Y nadie puede medir con una vara qué situación es fácil o difícil. Yo puedo decir que es lo difícil para mí, el miedo que me produce y el millón de cosas que hago para espantar esos miedos y seguir adelante.

Si vamos al caso la primera vez que hice un viaje en ruta fue de unos cincuenta kilómetros y estaba aterrada de que me sucediera algo.

A veces cometo el error de querer traspasar mis experiencias a otra persona, transformándome en una maestra ciruela con el manual de mi propia vida como libreto. Y con mucho -pero mucho- esfuerzo cada vez trato de escuchar más y sugerir menos. Aunque a decir verdad yo soy una de las personas que les gusta escuchar qué les funciona a otras.

Pero volvamos …

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