Dando vueltas

Barkley L. Hendricks Sweet Thang (Lynn Jenkins)

Hace unos meses comencé sin proponérmelo de antemano,  a agradecer por las noches mi jornada: “Gracias Señor por este día”. Y si me despertaba en medio de la noche volvía a agradecer.

No importaba si mi día había sido un desastre o uno de esos días grises que uno deja pasar, si mi mente no me dictaba la frase salía de mi corazón, y aún sigue saliendo.

De dónde salió semejante cuestión en mí? Pues no tengo la respuesta.

Está ahí el secreto? O está en las múltiples cosas que uno hace, prueba y error, para seguir avanzando?

Lo cierto, es que otro día de estos recordé al azar un libro que compré por impulso y se me dio por releerlo. Nada más lejos de lo místico, pero muy cerca de lo práctico. Famoso libro de la estantería que reza “Autoayuda”.

Hoy al mediodía lo abrí para comenzar la relectura, y debajo de la firma que siempre hago a mis libros había puesto: “Febrero 2010. La gran depresión. Todo pasa. Lo bueno y lo malo también”.

Cuánto había pasado? Más de un año? Hoy parece poco, en ese momento pareció mucho empezar a escalar por las paredes del abismo para volver a pisar tierra firme. Y encima de todo eso yo tenía tiempo y ganas de elegir leer un libro?

Nunca alcancé grado mayor de inconsciencia que esos días en que había tocado fondo. Mi alma estaba perdida al igual que mi mirada. Hoy busco algunos días perdidos de esa época, en donde no recuerdo detalles de mi existencia.

Me pregunto: cómo hice con mi trabajo, el banco, mi casa, el perro? Y mi amiga a la que no le quedó opción y me tuvo que llevar a la casa como si yo fuera un perro abandonado?

Dicen que ante un sufrimiento intenso, algún mecanismo se desconecta, y hace que funcionemos en piloto automático, tomando decisiones de mantenimiento mínimas para nuestra supervivencia, el alma se retira, apenas un poco esperando una reconstrucción.

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Divagando sobre un abismo

Wu, Zhaoming  The Last Summer end

Punta, soledad, abismo.

Altura, profundidad, vacío.

Uno, mirada, lejano.

Silencio, horizonte, caer, volar…..

Llegué hasta aquí con tanto equipaje,

Que el ascenso fue eterno.

Penurias, desgarros,

Espalda sumida por el sinfín de cosas que no quise soltar.

Tanto esfuerzo

Para encontrar mi yo rodeado por la  inmensidad.

Uno a uno los solté,

Objetos que fueron rodando,

Otros golpeando contra la piedra

Hasta caer estrepitosamente

Sobre la huella de un antiguo hilo de agua.

Me erguí, liviana, etérea, única y libre

Mientras preguntaba al eco cómo llegar,

No quité la vista del reflejo cristalino

Que me esperaba sobre el horizonte.

Yo

 Eva – Ted Nuttall

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