Sólo tu corazón caliente

Blue Dress – Tanya Byrd

 

Quiero mi vestido azul ceñido a una cintura que no tengo, la manteca sobre la mesa derritiéndose con el calor del mediodía, la brisa entrando por la ventana y la hamaca esperando afuera para mecer sueños. Quiero conocer tus ojos para poder verlos todos los días y saber que por fin todo va a estar bien, aunque no sea del todo verdad.

Quiero el pasto creciendo en mi patio, verde,  brillante y tupido acariciando las raíces del limonero que deja caer sus frutos casi por casualidad, y mi perro jugando con ellos al atardecer.

Quiero poder vacacionar aunque sea debajo del corredor que da a la calle, apoyando las piernas sobre una cerca blanca  y haciendo correr los minutos entre hojas y lapiceras.

Esperar la noche con la copa llena del vino dulce que retiene el paladar para que termine muriendo entre tu boca y las sábanas.

 

Pink Trees – Tanya Red

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No sirve esta manera de sentir

Lionel Fitzgerald – “From an Upstairs Window”

 

 

No sirve esta manera de sentir –dijo Cortázar-

Caminando por senderos de actitudes fallidas y repetidas.

Al festejo y banquete de las sabanas blancas,

el perfume a lilas y los cacharros de la cocina tibios

fallaste día tras día, dejando entrar el polvo y la desidia.

Delicadamente con tus dedos gruesos y atabacados,

borraste el hoyuelo de mi sonrisa opacando mi pelo y mis ojos

en un intento por rasguñarme el alma.

No sirve esta manera de sentir,

ni los libros abandonados en el marco de la ventana

o la ropa escurriendo lagrimas sobre el cordel,

ni tus promesas de otro mañana.

Tala

“Llévese estos ojos, piedritas de colores,

esta nariz de tótem, estos labios que saben

todas la tablas de multiplicar y las poesías más selectas.

Le doy la cara entera, con la lengua y el pelo,

me quito las uñas y dientes y le completo el peso.

No sirve

esa manera de sentir. Qué ojos ni qué dedos.

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Amaneciendo sobre cantos rodados

A.J. Casson – Hillside Village

 

El sol despuntó con olor a pan fresco

mientras las nubes leudaban dispersas,

generando tonos y matices sobre los tejados.

La tierra asfixiada bajo el canto rodado

murmuraba una plegaria para germinar la semilla

aprisionada entre dos piedras.

Y ella, vestida de canela y trigo,

sin escuchar los canticos de la tierra a los dioses,

se enamoró del viento y huyó con él.

Amor sin fundamento

que despuntó el vicio del abandono

en un patio desierto de primaveras donde fue arrojada.

Y allí, bajo la eternidad del atardecer,

la bendición del rocío y el cobijo de la hiedra,

cumplieron las plegarias de la tierra aprisionada

bajo el cielo del canto rodado.

 

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Goddbye yesterday

Miriam Briks – Pensive Gaze

Los acordes sonaban de fondo. Todo era absolutamente agradable, la penumbra de la tarde se acomodaba en la estancia a medida que la música inundaba las paredes, y yo sentada en el suelo estaba frente a otro miércoles de mi vida.

El reencuentro con las palabras y la música fueron más de lo que esperaba, y de pronto entre los dos hicieron de la nostalgia y los recuerdos una sopa triste que no se volverá a beber tibia nunca más.

Hay rutinas que al aparecer de nuevo, luego del lapsus estival a puertas cerradas, remueven lo insospechado, trayendo sentimientos encontrados. Todo empuja por salir afuera por más que uno reniegue.

Las diez de la noche, y el retorno que antes era por otras calles y otros destinos, hoy se convierte en un nuevo paseo que lleva con pasaje gratuito al presente. No más desplantes, ni comidas frías esperando en la cocina destemplada, no más gestos esquivos sentados en el rincón ni sonrisas que mueren ahogadas contra la pared.

Lejos de sentirme asfixiada en recuerdos dulces sin retorno, sentí el enojo de haber pasado por situaciones desbordadas de palabras huecas y sentimientos mal alineados.

La soledad me esperó con su mejor complicidad pronta a cobijarme.

Ultimo día de marzo. Mañana abril se despertará exigiendo a golpes de viento y despojos, desnudarse para afrontar lo mejor de uno.

 


 

 

 

Objetos perdidos

 

“Por veredas de sueño y habitaciones sordas

tus rendidos veranos me aceleran con sus cantos

Una cifra vigilante y sigilosa

va por los arrabales llamándome y llamándome

pero qué falta, dime, en la tarjeta diminuta

donde están tu nombre, tu calle y tu desvelo

si la cifra se mezcla con las letras del sueño,

si solamente estás donde ya no te busco.

Mendoza, Argentina 1944

La mufa

Vos ves la Cruz del Sur,

respirás el verano con su olor a duraznos,

y caminás de noche

mi pequeño fantasma silencioso

por ese Buenos Aires,

por ese siempre mismo Buenos Aires.

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Carrilones del ayer

Landscape – Todd Young

toddyoungart.com

Alisó su pelo como todas las mañanas, y el cepillo fue testigo de una caída intermitente del mismo por la que estaba atravesando el último tiempo.

De frente al espejo miró sus ojos enojados y sus ojeras de la noche anterior, dio vuelta su cuello haciéndolo sonar como un carrillón, y se sentó en la punta de la cama tratando de revisar una a una las manifestaciones de su cuerpo quejoso.

De fondo en algún lugar se su mente sonaba “Águas de março” cerrando el verano. Deseó por dos segundos que no fuera solo el verano lo que las aguas cerraran.

Tal vez el pelo se le estaba cayendo por eso. Uno a uno venía sosteniendo pesados ayeres de cuestiones sin resolver y tal vez ahora decía basta.

“ Por qué no antes?”

“Por qué ahora que estoy intentando que mis lamentos se vayan con la corriente del río hacia el mar?”

“Tus cambios tardíos lejos de aplacarme fomentan partos de eternos enojos, destiempos , por qués, furias y el olvido que tan cerca estaba se va alejando otra vez hacia el poniente.”

Con el cuerpo inerte, su mente le dijo que tal vez luego nacería nueva cabellera más resistente, tal vez debería desnudar su cabeza para ser permeable a nuevos sentimientos, y volver a nacer con nuevo pelo y nuevas alas.  Desde algún otro lado otra voz apenas imperceptible trató de gritar que para todo había que esperar a luego y que estaba harta de tanta espera.

 


“Con qué iba a volar si perdía su pelo?”

“Si no volaba no amaba y si no dejaba ir no volaba ni amaba.”

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“El otoño se acerca con muy poco ruido”


Border Collie Dog Todd Young painting

 

“El otoño se acerca con muy poco ruido:
apagadas cigarras, unos grillos apenas,
defienden el reducto
de un verano obstinado en perpetuarse,
cuya suntuosa cola aún brilla hacia el oeste.

Se diría que aquí no pasa nada,
pero un silencio súbito ilumina el prodigio:
ha pasado
un ángel
que se llamaba luz, o fuego, o vida.

Y lo perdimos para siempre.”

El Otoño se acerca – Angel Gonzalez

 

Mediados de marzo, tan lejos y tan cerca.

Me levanté un poco más tarde de lo habitual, aunque sin reloj ni alarma, mis pupilas vieron la luz ocho menos cuarto. El primer movimiento me hizo recordar que estaba contracturada desde hace unos cuantos días. A pesar del “flex” que tomaba regularmente por las noches, los nudos del peso de los días abarrotados de preocupaciones no aflojaban.

Miré el sol suave de fines de verano entrar por la ventana y ya sentí el olor y la sensación de que el otoño estaba muy cerca, a punto de tocar timbre en cualquier momento e invadir la casa por medio de un aire semicálido mezclado con pequeños duendes disfrazados de hojas.

No había con qué darle. El otoño me traía olores, sabores y sensaciones de un amor que nunca se olvida  ni nos olvida. Es el eterno amante que arropa en las noches de baja temperatura, o el café cuyo aroma inunda la cocina por las mañanas. Definitivamente y a pesar de que las hojas seguían luchando arraigadas a las ramas en un empedernido verde, el esfuerzo era vano, pues llegaba el tiempo de la desnudez del alma y del cobijo del corazón.

Me desperecé a mis anchas en la cama, y de pronto el recuerdo de desperezarme y tener cuidado de no golpear a nadie al lado era sólo eso, un recuerdo que de lejano ya no se sabía si era soñado o real.

Mi soledad y yo al fin habíamos hecho las paces. Tantas horas discutiendo y renegando yo de ella, y ella de mí. Si bien no terminamos enamorándonos, sí aceptando esta comunión de convivencia forzada. De pronto el silencio ya no era una amenaza ni un fantasma que llegaba para asesinarnos, ni un nudo en la garganta que promete sí o sí el llanto de a borbotones y sin poder parar.

Mi soledad y yo extrañábamos, pero acaso quien no extraña el sueño de haber vivido algo que luego no fue tan bueno en la realidad?

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