Fuera de órbita

El D.J. Justin Bua

Uno de los problemas al escribir cosas auto referenciales es que uno debe remitirse al pasado, ya que el futuro, quién puede escribir del futuro? Para poder sentarme a escribir otras cosas debía amigarme con el  ángel de la ilusión, que por estos días anda por otras pampas muy lejos de mi escritorio.

Confirmado: es  complicado escribir sobre el futuro navegando por aguas desconocidas. Y para escribir sobre el  pasado es necesario que pase la suficiente cantidad de tiempo como para que algo cause gracia.

El pasado inmediato mío era –o todavía es?- un poco convulsionado, es por eso que puse mi auto en cuarta velocidad mientras Elvis cantaba That’s All right. Oh yes!

Cinco minutos antes de Elvis, acababa de recibir un mensaje de mi ex husband diciéndome “sos la misma idiota de siempre”. Esto se sumaba a otros episodios durante la semana:  mi compañera de trabajo me había mandado a mudar por decirlo de alguna manera suave, muchas explicaciones y opiniones no pedidas con un amigo terminaron en desastre y demás  entredichos que lejos de evaporarse iban a mantener sus consecuencias, al menos que yo supiera nada había mejorado.

Yo, la peor de todas.

A todo esto mi psicólogo seguía descostillándose de la risa ante algunas situaciones por mí descritas. Definitivamente yo estaba al horno.

Tres años no es suficiente para mantener una conversación semi pacífica con un ex y que las cosas del pasado causen una mueca de gracia?

No sé que dicen las estadísticas. Las mías son catastróficas y me obligan cada tanto a hacer el proceso inverso de convertirme en oruga nuevamente.

A veces pienso que yo soy un satélite insurrecto de mi ex. Por más que llame a la Nasa para ver si me pone en la órbita adecuada no respondo, y me voy por mi camino. Acaso no me separé por eso? Quiero aclarar que no dependo económicamente de él, sino contemplaría al menos una bienvenida a los científicos del espacio.

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Serena

Serena Megan Aroon Duncanson

 

Ella caminó por la playa y se dejó estar como siempre, cerca y lejos del horizonte, a un paso de las estrellas, tan lejos de la luna. Había emprendido dirección al oeste, tal vez porque ahí estaba la habitación del sol, esperándola para dormir apaciblemente. Se imaginó un aposento sencillo y cálido, y eso fue lo que hizo que apurara el paso en algunos tramos. Justo al mediodía, un fuerte viento de esa misma dirección, que arrastraba arena y desperdicios, hizo que volteara hacia atrás y por un segundo quiso volver de donde venia….

No es acaso lo que nos pasa a todos? No tenemos millones de segundos en los que queremos volver atrás aunque haya sido doloroso?

Mientras yo me debatía sobre si debía seguir caminando firme en una dirección o tomar breves descansos mirando hacia atrás, me puse a pensar en este temita de escribir, de escribir apasionadamente y del silencio que nos exigen algunos tramos intermedios, en los que nada es blanco ni negro, y como dice Joaquín “ahora que ya no me mato si me dejas”.

Vi la frase y la transcribí:  Para escribir solo hace falta tener algo para decir y decirlo.

Pensé en qué tenía para decir y de pronto encontré el vacio, la nada. Tal vez estaría reconociendo por enésima vez que no hay nada como escribir en convulsión.

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Argumento para un idiota

Aaron Fritz Art

 

El tipo era un idiota. Evidencia en mano, fue a confrontar a su mujer.

Los hechos eran simples, el había puesto una cámara filmadora en la habitación, el resultado fue contundente: ella lo engañaba –seamos obvios y digamos que el acto consumado fue en la habitación matrimonial –   y aparte de esto también lo defenestraba con su nuevo amante –que tal si decimos que hacía comentarios denigrantes sobre su miembro-.

La respuesta tradicional a esta situación sería algo asi como el pedido de perdón y sus derivados por parte de ella, o en tal caso fui a buscar a otro lado lo que no me dabas, siempre y cuando el tipo no viniese con revolver en mano, claro.

Pero, astuta la mujer, brindó su mejor defensa: “ésta es una invasión a mi privacidad”. La mina lejos de sentirse culpable, se victimizó al instante, trasladando el problema a su engañado marido.

Un idiota. Una habilidosa.

Esto formó parte de mi almuerzo, breve si los hay. Vianda de pollo más ensalada de zanahoria y un rápido recorrido por los canales de televisión hasta que se hiciera la hora de la peluquería, donde renovaría mi falso color cobre.

A veces hacer recorrido por la mitad de las películas en la tele,  es como abrir un libro en cualquier hoja y esperar que nos dé un mensaje al azar. No es más que otra forma de arte adivinatoria. Si lo vemos así, las runas, las cartas, el tarot; son cuestiones azarosas que caen como caen y nosotros las acomodamos a la situación actual, y si no podemos, hacemos fuerza para acomodarlas.

Visto de afuera, el tipo me parecía un pobre hombre que no podía esgrimir un argumento sensato en defensa propia. Como terminaba siendo victimario en una situación en la cual había sido engañado?

 

Aaron Fritz Art

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Definiendo roles

“Artist & Model” Jack Vettriano

 

Lunes. San Valentín. Rosas rojas en mi escritorio me recordaban más al dolor de  las espinas que a la pasión. Luego de dejarlas en agua, para que al menos duren un poco más que la inconstancia de mi última relación, me dispuse a ir rumbo a mi terapia del lunes.

Mientras relataba mi último fin de semana emulando a una periodista en un concurso de pesca, de pronto la conversación se fue por otros lares. Claro, todo arranca y termina con un sueño y el inconsciente –o subconsciente?- hablando por sí mismo.

La cosa, es que tanto bucear entre sueños sin sentido, me llevó a retroceder unos años atrás y a la movida del “no deber actuar”.

Si yo les digo que para mí los hombres están más histéricos que nunca es con fundamento. Y si les cuento que mi terapeuta de ese entonces intentaba refrenar mi impulso masculino de avanzar y alentaba la cosa femenina del aleteo sensual de pestañas, ustedes se van a matar de risa. Tanto como se retorció mi actual psicólogo hoy a la mañana en la silla cuando se lo conté.

La cosa vendría a ser más o menos a sí.

Para que una mujer tenga una relación y pueda situarse como femme -ser cuidada, mimada, agasajada-, corresponde que haga todo un despliegue actoral de caza hombres. Es así, como que careciendo de tales atributos, me entregué al juego de la seducción, terreno muy desconocido y desde mi punto de vista muy impráctico.

A saber: aleteo de pestañas como dije anteriormente, posturas corporales acordes a  “estoy interesada en mi  interlocutor aunque no entienda un pepino de lo que esté diciendo”, palabras dulces, indirectas, miradas suspicaces, por qué no movimiento de cabeza, perfume, decoración e indumentaria afines. Las más suicidas hacen apuestas más fuertes y se suman a la actividad del hombre en cuestión, desde anotarse en su club preferido, adorar a su familia al instante de conocerla, seguirlos contra viento y marea en cualquier cosa que emprendan, y acompañarlos a una expedición al Sahara si es necesario.

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Encontrando el camino de vuelta

Across The Golden River – Megan Aroon Duncanson

 

Dicen que para volver a encontrar el camino de vuelta al río, nada mejor que beber un sorbo de agua de ese mismo río todos los días. Este elixir debe ser proporcionado por otra persona, de preferencia hermano de pesca. Es la única que podría entender que en realidad no se ha perdido el camino de regreso, sino que temporalmente no se puede volver a transitar.

Pichín Rubio asegura que en la vida, es más importante ser buen tipo que buen pescador. Y luego agrega que él quiere ser “muy pescador” antes que buen pescador. Aquí es donde me doy cuenta que estoy frente a un “muy pescador” de toda la vida.

El objetivo es de género femenino y con grandes capacidades de adaptación, por eso es que la encontramos tanto en el río como en el mar. Si las lisas son una especie codiciada, los liseros son definitivamente sus más fieles seguidores. Tal es asi que Pichín comenzó sus días de lisero en el Rio Quequén. Por ese entonces los pescadores eran selectos, y cada uno tenía su propio lugar de pesca. Estaban las piedritas de “tal” o de “cual”. No hablamos de egoísmo ni de plantar banderas, tan sólo de lugares propios y con secretos ocultos.

En las piedras de Pichín está el punto justo donde sólo él puede dar en el blanco: río bajo, zanjón, cruzar de panza sobre el lodo, tirar exactamente a quince metros, justo después de una cordillera de piedras. Allí ocho, diez, doce lisas, o veinte y buena pesca.

Pero el río no siempre obedece al mandato de los liseros, y hay épocas en que se encapricha y ensucia. En uno de esos días comenzó la excursión lisera al mar. Como pescador es casi sinónimo de amigo, un lisero de mar los llevó hacia el objetivo.

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De cómo mis días amanecieron al lado de una caña.

 

Hay veces que el azar viene de una manera que por más que lo revisemos una y otra vez no podemos entenderlo.

Mi viaje con la caña fue totalmente azaroso. Debo comentarles que no soy pescadora más que de palabras, y el entorno en el cual viví durante casi cuarenta años no podría haber estado más lejos de cualquier reel.

Lo mágico, es que uno se acerca por curiosidad a algunas cuestiones y termina atrapado y enroscado, haciendo cosas imprevisibles.

Mis primeras excursiones de pesca fueron simplemente de acompañante, con reposera, música, libro y tal vez algún anotador. Cuando terminé de sobre extasiada de hermosos atardeceres en un lago, o de leer varias novelas, me fui acercando a la cuestión por mera curiosidad y aburrimiento.

Pero antes que nada la fatídica pregunta: como un mortal puede pasar horas con los pies arraigados en el agua y mirando con la vista perdida entre el horizonte y la tanza?

Es casi imposible contestar semejante pregunta si no se vive esa pérdida temporal. Solo puedo afirmar que luego del entrenamiento de rigor, de enredar mucho, de cortar, de querer tirar la caña lejos, viene la calma y el silencio.

El pescador tiene una comunión con el entorno, y muchas veces por lo que he escuchado de ellos, no solo es una pasión, es un cable a tierra, es un dialogo infinito con el silencio, es tener todos los sentidos alertas y a la vez adormecidos.

Acompañar a un pescador, es como dice Arjona, acompañarlo a estar solo. Es no invadir lo que parece un nivel armonioso que une al espejo acuoso donde se encuentren.

La cosa fue que tuve un breve romance con la caña, el sol, el agua y los anzuelos. Y tal vez la historia hubiera quedado allí, de no ser que gracias a esa aventura, hoy puedo escribir algunas anécdotas de pescadores.

Así es, la vida tiene esas sorpresas, y es así que un día tiré y en mi anzuelo quedó enganchado un hermoso pez dorado, que me permitió hacer lo que me gusta pidiendo prestadas algunas historias de pescadores.

 

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Digavando por los errores

Fields of Green I Robert Holman

 

Las relaciones humanas son complicadas, desde que el mundo es mundo, o desde que Adán y Eva vinieron a fundar esto que ahora es el gran y único árbol genealógico mundial.

Para mí personalmente, sería mucho más fácil seguir echándoles la culpa a mis progenitores, y decir que como fui hija única, no estuve en el campo de batalla previo que ayuda a forjar soldados experimentados en comunicación con el prójimo.

Mi única amiga de la infancia debe estar aún acordándose de mis crasos errores, en esto de interactuar. Bueno, en la lista le siguen por supuesto mis ex y mis amigas que sucedieron en el tiempo.

A pesar de haber nacido bicho solitario e introvertido, siempre necesite de un hombro y un oído, cuando no de un abrazo o de un beso. Y lamentablemente o no, pasé de creer que me las arreglaba sola a la dependencia del prójimo, llámese como se llame. Fui alentada por supuesto, con libros y terapeutas que dicen que en la vida, solo no se puede, que es mejor caminar de la mano con alguien, recostarse, escuchar y compartir.

La historia tiene finales felices y no tantos. He aprendido que si bien uno se equivoca, también repara en los errores de los demás, juzga y se mete demasiado. También en el ínterin, aprendí que cuando uno piensa que nadie repara en uno, en realidad hay mucha gente reparando en uno.

Que cuando al otro le molesta algo y mucho es porque esos mismos defectos son los que más le molestan de sí mismos.

Que uno va donde quiere escuchar las cosas, que cuando escucha cosas no gratas sobre uno mismo y que provienen de un par se desmoraliza. Que esas mismas cosas desmoralizantes en cualquier otra oportunidad pueden subir mucho el ánimo porque las energías de ese día fueron totalmente distintas.

Que no todos los días las energías son las mismas, que no siempre prevalece el respeto, y que si pensamos mucho en que no somos egoístas con nuestras actitudes, lo más probable es que sí lo estemos siendo.

Pero volviendo en el tiempo, ha recorrido un largo camino de errores, pruebas, amistades, distanciamientos, vueltas y más errores. Y, quieren que les diga algo? Casi tiro la toalla en esto. Si no me equivoco apreciando mal a la persona que tengo al lado, me equivoco con mis actitudes o me dejo embrollar por alguien o prejuzgo.

La primera reacción, lejos de prevalecer el orgullo, es la de fracaso por no haber podido hacer las cosas de mejor manera. El fracaso tiene en mi regla un valor de diez, y cuando es detectado por alguna persona allegada a mí, definitivamente la escala no alcanza para medirlo.

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