Qué motivos?

Corazón blando
(Weiches Hart)

Miércoles por la mañana.

La diversidad servida en el desayuno, justo al lado del jugo de naranja artificial. La luz del día colándose por entre las persianas. Tu mano que se extiende para agarrar el azúcar, y mis oídos que aun no habían despertado a tus palabras. Es que acaso dijiste algo y no lo escuché? Este dato no lo podré precisar.

Una mañana normal digamos. De esas típicas que suceden luego de una conversación nocturna profunda, en donde las palabras pinchan como miles de agujas tratando de generar disparadores en el otro.  Aunque si vamos a especificar, técnicamente al hecho de que una sola persona hable aunque sea con público se le llama monólogo, acá y en la China. Los únicos disparadores que puede uno generar cuando la otra persona no quiere escuchar son más bien –volvamos a los tecnicismos- disparos. Usted elige de donde salen.

Pero aquí estamos, desayunando en la cocina que se va tiñendo con los rayos del sol, nadie ha muerto, tal vez algunos sentimientos estén heridos de muerte, pero nada que se pueda reparar llamando al nine one one.

El camión de la basura me distrajo de tales pensamientos disparatados y me llevó a levantar la persiana, como quien busca un paisaje menos desolador afuera en la calle.

Error. La vereda con bosta de un cuadrúpedo anónimo, restos de una bolsa con basura desparramada por descuido de los trabajadores de la empresa recolectora; un siseo extraño, uniforme y molesto proveniente de la cercanía con el parque industrial, y yo que dije BASTA.

El basta sonó como un estruendo que acalló aún más todo. La desolación de la cocina más la desolación del afuera me estaban matando. Tu cara de indiferencia ante tanta contaminación no hizo más que terminar de alterarme.

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Nada de Romeos muriendo por Julietas

Dog Hyde Collections – http://www.doughyde.com

 

La culpa la tiene Chayanne. Bueno, y todos los otros que cantan baladas melosas de ese estilo.

Esas melodías se están tornando un peligro para la población – quiero acotar que el peligro es proporcional al de la sonrisa blanca y simpática del cantante, o a los insinuantes movimientos de caderas y otros atributos que no hacen más que sembrar confusión en las neuronas femeninas- y lo peor de todo es que nadie se da cuenta. Se cuelan por la estación radial a cada momento, y hace que terminemos volando atados de uno de esos pompones de azúcar, que nos llevan a un mundo más rosa y empalagoso aún.

Entonces, luego de haber estado atascados en el tránsito de la ciudad, o haciendo la cola en alguno de esos lugares contaminados por esta música, llegamos a casa; vemos a nuestra supuesta media naranja, alma gemela, o no, al simple tipo que encalló fortuitamente al lado nuestro para compartir los días. Intentamos hacer nuestras tareas y ponerle onda –como si pudiera arrasar con esta cosa societaria que tiene la pareja y volver a los primeros días o meses, en donde luna y miel es poco para describir tanta panacea-.

Pero también puede ser que luego del lavado de cerebro de tanto amor melodioso, volvamos a casa en donde no hay nadie. Precisamente por eso, porque nuestras expectativas están tan altas, que esperamos que se caigan todas las estrellas con el primer beso, o que eso de la alquimia sea cierto y que una sola mirada baste para saber que somos el uno para el otro.

Increasing Love – Goug Hyde

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En tránsito

Michael e Inessa Garmash –  The allure

 

A la orilla del mar. Hasta allí empuje el baúl de madera y me senté a esperar que subiera la marea.

No fue un duelo, ni una despedida, tan solo dejar ir con la esperanza de llenar otra vez de a poco cajones, paredes, retina y alma con recuerdos. Luego vaciando, luego llenando. Un movimiento cíclico y circular, ida y vuelta, el vaivén de la marea. En definitiva de eso se trata.

Para este final de tránsito hice un inventario, tal vez estaba con más pilas que veces anteriores, la cosa es que quise dejar todo más o menos acomodado. El inventario cabía en una sola hoja y tenía una particularidad: algunas líneas resaltaban como si fueran luciérnagas en una noche de verano, y eso hacía que se pudieran leer desde cualquier ángulo.

Las letras se movían histéricas o contentas, según el acontecimiento al que estuvieran sujetas. Algunas hacían olas, se reían, danzaban o nadaban.

Sin querer, y tal vez en el plan divino del dejar ir, la lista se me filtró en el baúl. Al menos eso deduje al buscarla en vano en mi bolsillo, y al ver que a medida que este se alejaba de la orilla, la luz que se escapaba por la cerradura iba titilando hasta apagarse.

Cuando por fin se zambullo como un hermoso pez dorado que busca una sirena, repase lo que de la lista quedaba en mi cabeza. Como olvidar si todavía respiraba!

Mis hijos abriéndose al mundo y obligando a abrirlo todo: boca para gritar, brazos para recibirlos, ojos, el primer contacto, pechos abiertos con leche, abrir, dar, recibir, bailar.

Si, bailar.

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