El mar está cerca

David Harlan – On the beach II

Miércoles. Los miércoles siempre habían sido días importantes, como en otro momento los abriles o los veinte o los viernes o el comienzo del otoño. Con los años los amuletos van cambiando. Ese día era miércoles. Me subí a la Apache estacionada en mi casa de la ciudad para dirigirme a la villa. Ya todo el barrio sabía que yo me estaba marchando en la camioneta, el estruendo del escape me hacia sonreír cada vez que la aceleraba.

Me vestí cómoda para la ocasión, y llevé lo mínimo indispensable porque ese día estaba honrando a alguien mayormente despojado y minimalista. Casualmente la camioneta había sido una inversión en conjunto para llevar todos mis chirimbolos. Si nos levantábamos a las siete salíamos a las diez. Varios cigarrillos acompañaban la espera por mis preparativos que iban desde un buen café con leche y la ducha hasta preparar lo que nunca llegaría a usar para llevar. A último momento siempre una mochila adicional con música, un anotador, lapicera y el libro de turno.

Ese día mi preparativo fue rápido y sencillo. La ruta estaba extrañamente calma. A un costado se veían los campos con vacunos que diligentemente se amontonaban bajo las sombras. Mas allá alguna cosechadora, el galpón, y algún peón tratando de domesticar al tractor viejo.

Por fin la última curva indicando que estaba próxima a mi destino. La casa nunca fue fácil de ubicar. Y donde se acobachan? nos preguntaban. Yo me mordía el labio evitando una sonrisa y tratando de hacer un mapa en el aire con curvas y medaños que señalaban que se iba por el buen camino, alguna tranquera y por fin en el lugar más inhóspito de todos la casa.

Una casa para un albañil debe ser de material. Esa fue otra discusión. Viniendo de antepasados de albañiles me imagino la misma escena entre mis abuelos. Que el revoque, que el ladrillo, que los cimientos. Acepté el material no sin antes hacer trabajo fino para solicitar se me admitiera la mayor cantidad de terminaciones en madera que fueran posibles. La galería, la pequeña escalera para acceder, las aberturas, el cielorraso. Las ventanas me recibieron generosas y ocultas tras grandes postigones de madera pintados en color azul oscuro.

Era el único detalle que resaltaba, el resto de los colores se confundían con el paisaje. Pero si hasta puedo jurar que la casa era como un camaleón!  Tomaba los colores de los atardeceres sin permiso, y absorbía el sol como si fuera el último alimento sobre la tierra.

No puede evitarlo pero comencé a temblar cuando me bajé de la camioneta. Mis manos no colaboraron  al introducir las llaves en la pesada puerta. Estaba hinchada y la cerradura no cedía. Luego de un empujón entramos la luz y yo abruptamente y al unísono. Desde adentro un cúmulo de polvo, ácaros y demás yerbas salieron despedidos por la puerta como si les faltara oxigeno.

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Naturaleza muerta

Naturaleza muerta al cráneo – Pablo Picasso

Era de noche.

Siempre es de noche cuando pasan estas cosas.

El asfalto húmedo, las luces amarillas reflejadas en el concreto como pequeños soles.

Columnas de vapor saliendo de los desagües.

Ratas chillando más allá.

Me identifiqué con el guardia de seguridad y seguí caminando por el  largo pasillo lleno de fluorescentes tiritando.

Ya en la sala no sólo parpadeaban sino que rugían, como si hiciera falta más ruido.

Mi ropa de fajina se tiñó de rojo en el mismo momento en que accioné la sierra sobre el cráneo.

Por fin había llegado el día en que soportar tantos años de mutismo iba a tener su recompensa: el día que le abrí la cabeza al desgraciado.

Y allí me quedé, helada, estupefacta, ensangrentada y sin entender nada.

Cientos de celdas hexagonales aparecieron ante mí, guardando toda la información.

Todo archivado y estúpidamente catalogado.

Nada que no haya visto antes con las neuronas en movimiento.

En la autopsia puse muerte natural.

Qué vida tan absurda.

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No estamos eximidos



Danae  – Gustav Klimt

Ser huérfano, eso me exime

Nací no sé de dónde

Y vivo no sé por qué

Estoy eximido de añorar

Porque no tengo recuerdos

Y el futuro aún está por llegar

Soy huérfano, eso me exime

De ver envejecer mi espejo

De escuchar testamentos

De apilar fotos

Vivo aquí pero no ahora

Todavía no empecé la hoja

Y el futuro está por llegar.


The Maiden – Gustav Klimt

Todo está por llegar, incluso,  a dónde deseábamos llegar y llegamos es un destino no reconocido por nosotros. De pronto llegar se parece cada vez más al “puse rumbo al horizonte” del Nano, una travesía de nunca acabar. No porque nos entretenga algo más en el camino, o porque el trayecto haya sido largo. A veces ocurre que ese trayecto es tan movidito que cuando llegamos decimos ¿para esto he pasado por tanto? Otras,  las expectativas realmente eran de película, inaceptables salvo para un argumento de ciencia ficción.

De lejos se ve más claro a veces y otras se ve más fantástico de lo que es.

Irma es una mujer mayor, matriculada, con un alto nivel cultural e intelectual. Tuvo la posibilidad de trabajar en diferentes puntos del mundo, y también la posibilidad de anclar luego de tanto vagabundear, en una aldea con playa durante diez años. Con tantos puntos cardinales se me ocurrió sugerirle que escribiera, si después de todo hoy en día uno de los best sellers por estos días es una narración de un año sabático viajando por tres países distintos.

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Un mondo alla rovescia


Un mondo alla rovescia es un mundo al revés, y un exquisito cuadro de Cristina Mavaracchio (Link).

Es una mujer desnuda, hamacándose, libre y desprejuiciada. Como casi siempre lo visual algo tiene que ver con lo escrito y el titulo se escapa un poco de la temática, pero me pareció bellísimo.

Vayamos en reversa…

Cristina Mavaracchio – Sensi

Te acordás

Cuando éramos chicos y apoyábamos la cabeza entre el colchón y la almohada escondiéndonos de algún fantasma nocturno.

De la felicidad de llevar un hijo en el vientre, verlo nacer y ver sus manitas moviéndose por primera vez.

Ese momento que creíste que el universo era tuyo y que podías alcanzar cualquier cosa.

Esa noche que te sentiste protegido y que pensaste que era para el resto de tu vida.

Esa vez que gritaste tanto que solo fue un grito sordo de desesperación.

La vez que te equivocaste de puerta.

Cuando tuviste que empezar de cero rompiendo con todos los moldes.

Cuando defraudaste y mucho, a vos mismo.

La vez que pretendías ser feliz armando todo un parque de diversiones para tu familia para que no lo note.

Las noches que te fuiste a dormir solo.

La última vez que te lastimaron, que dijiste que iba a ser la última y nunca lo fue.

Cuando te measte de la risa y te dio hipo y llorabas de tanto reír.

Cuando volviste a empezar con la misma persona volviendo a apostar al cambio y al futuro.

Cuando perdonaste y no olvidaste.

Te acordás lo fácil que fue esa vez tomar una decisión, solo había que hacerlo y tener alguien al lado que te apoye.

Lo felices que éramos pensando en retirarnos juntos como compañeros.

El tiempo sin tiempo, corriendo en el parque y jugando a las escondidas.

Ese año que te pusiste las pilas y alcanzaste un cuerpo escultural.

Las fotos, pilas de fotos, de tus hijos para que no se escape un solo centímetro en su crecimiento.

Lo difícil que parecía tener quince años.

Las primeras vacaciones que pudimos pagar.

La vez que me viste en la calle y dijiste ella va a ser mi mujer.

El fracaso que no se convirtió en experiencia.

La puerta con la que volví a chocar la segunda vez.

De las injusticias que nunca asumiste.

Cuando solo esperábamos amor incondicional reprochando un millón de segundos el no tenerlo.

Cuando eras fuerte, y cuando eras frágil.

Cuando esperaste y te esperaron.

Cuando te enamoraste solo con los ojos sin saber.

Cuando el capricho y el vacío todo lo pudieron marcando un rumbo que no llevaron a nada.

Cuando me prometiste y rompiste tus promesas.

Cuando te cuidé y descuidé de mi misma.

Cuando equivoqué el camino dejando todas esas horas solo en el trabajo.

Cuando te descuidé.

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El cansancio de la fragilidad o la muerte del amor

En la verdad se encuentra el amor (In Truth There Is Love) Elvira Amrhein

Un día la fragilidad se cansó y dejó de ser fragilidad

Cambió su figura etérea y dócil

Dejó de escurrir lágrimas por el ruedo de su falda

Sus pies de pronto se volvieron como el  plomo

Y ya no pudo flotar más

Su rubia cabellera comenzó a teñirse

Sus alas a volarse

Sus ojos se convirtieron en miras

Y ya dejaron de ser cuencos eternos

De lágrimas dolorosas

Un día se pellizcó

Para localizar su nuevo punto en el mapa

El que le daba el nombre fragilidad

Ante ausencia de dolor

Convocó al amor

Sentados ambos sobre unas piedras

Ella le preguntó

Amor: soy yo que estoy cansada

O eres tú que se está muriendo?

El amor la miró como sólo él sabe

Y le dijo que tal cosa era imposible

Simplemente ella no era más fragilidad

Y Amor tal vez tenga otro nombre.

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