Divagando alrededor de una taza de café

Café turco II Auguste Macke

Lo mejor de mis mañanas es el desayuno, indudablemente. Lo segundo es desayunar sola. Son mis minutos de propiedad privada en los que menos deseo es tener que hablar con alguien. Distan mucho de ser momentos de meditación diaria, tan solo veinte minutos que paso sorbiendo el café, untando las tostadas y despertando las neuronas.

Hoy amanecí en otro lado, sin computadora, sin papel. Irrisorio sobre todo porque tenía ganas de comunicarme haciendo garabatos que formaran palabras en un papel. Sobre la mesa mi lectura por estos días: Toma un café contigo mismo del Dr. Walter Dresel, pero como voy por el capítulo de victimizarse y tomar decisiones he decidido que temas tan importantes pueden esperar momentos más propicios. Y es así como surgió esto, escrito en un papel de servilleta con una fibra indeleble color roja. Por favor, no lo intenten en casa.

La base del ahorro….mejor dicho la base de la fortuna son el ahorro y tener la conducta para no gastar esos ahorros en algo que no sea hacerse rico.

Veamos. Hay dos situaciones sumamente opuestas. En una se estima que alcanzar la suma de un millón de pesos en la moneda de su nacionalidad es ser rico, siempre suponiendo que estén guardados en algún banco de confianza muy lejos de Latinoamérica. No era un millón? Bueno serán dos o tres, como suben las cosas!

Otra situación se puede dar si usted gana hoy un millón de esos mismos pesos pero los va gastando en actividades vanas y no redituables, sin rastro alguno de ahorro ni dinero. Puse un millón como ejemplo y como homenaje a sendos libros que nos incitan a invertir sabiamente teniendo como meta en la vida dos cosas: un billete falso de un millón pegado en el cielorraso sobre nuestra cama –machacando continuamente que solo nacimos para tener un millón o millones- y obviamente llegar al primer millón, luego de eso no hay techo ni paraíso.

Pero volvamos a la riqueza, el ahorro y la fortuna. Hay otros libros que nos instan a juntar tiempo en vez de monedas, por ejemplo cinco minutos al día para meditar, para repetir un mantra, para rezar, para tomar un café con uno mismo, para fijar metas, para hacer abdominales –no tienen idea lo que cinco minutos por día de abdominales pueden lograr: casi igual a una tabla de madera para lavar ropa-, cinco minutos para inhalar y exhalar, en fin, la lista es interminable.

Siempre la misma premisa, muy parecida a la de juntar monedas: cinco minutos por día son treinta y cinco minutos a la semana, dos horas y pico al mes y así sucesivamente.

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