Dicen

Dora Maar – Pablo Picasso

Dicen que es mejor término medio. Para todo. Para la carne, para el estado de ánimo, para el dinero, incluso para el amor o el sexo.  O eso es lo que dicen…. Poco sexo es malo, mucho también, entonces….

Indudablemente algo de razón tienen. Las emociones extremas nos conducen hacia lugares desconocidos. Pero acaso el amor no es en algún momento una emoción extrema?

Dicen que cuando las cosas están término medio duran más. Todo es más estable. Las posibilidades de desbarrancar son menores. Las posibilidades de que algo cause entusiasmo también.

Es algo así como la triste comparación entre el amor maduro, estable y el enamoramiento de los primeros días. El segundo no sabe si va a llegar a convertirse en el primero. El primero no recuerda los primeros días. O es que al enamoramiento también hay que vivirlo término medio?

Por suerte ocurren varias cosas. Primero hay gente que entiende cuando ubicar el término medio. Sirve,  pero no para todo como esos dispositivos que venden en el canal de compras.

También,  algunos pocos,  saben no hacer caso a la corriente y nadan contra ella.

Es muy difícil nadar contra corriente cuando en el chip se nos ha grabado eso de satisfacer los deseos ajenos antes que los propios.

Los resultados positivos de nadar contra la corriente suelen verse recién pasado un tiempo, cuando nos damos cuenta que seguir a la intuición propia y no a los mandatos de quienes nos quieren es lo mejor. Pero acaso estamos preparados para romper con esos mandatos?

Si al final de cuentas son mandatos de gente que nos aprecia, nos quiere, tienen más experiencia que nosotros y nos dicen las cosas por el bien nuestro.

Voy a cumplir cuarenta próximamente. Y he tenido varias etapas y muy marcadas. Largas etapas de nadar río abajo, otras cortas y tumultuosas de nadar contra corriente.

En las primeras he tenido aceptación, beneficios, compañía, entendimiento de todos menos de mí misma.

En las segundas,  desaprobación, rechazo, y “cómo vas a hacer” eso y la mar en coche. Imperiosamente he buscado la aprobación en los ojos de los demás, olvidando neciamente que esos ojos son tan humanos como los míos y le erran de la misma manera a todo.

Tal vez esta sea una manera rebuscada de expresarme. Tal vez no se entienda tan fácilmente y dista mucho de ser una sección de un libro de autoayuda. Pero quieren que les diga algo? Estoy cansada. Los libros de autoayuda son tan perfectos como esos mandatos. Nos escriben libros desde un escalón más arriba, y la perfección no encaja con nuestra esencia.

Sí, es cierto. El término medio es algo bueno en algunas circunstancias de la vida. Pero la crisis, esa que no es término medio sino extremo, nos hace estar más cerca de la verdad, de la nuestra. Entonces sigamos adelante, tengamos contradicciones, volvamos atrás, avancemos, rectifiquemos, pero ante todo escuchemos lo que dicen nuestra mente, nuestro cuerpo, nuestro espíritu y nuestra intuición.

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Por la ruta de los acantilados


El viaje en realidad comenzó antes. Cuando fui a buscar mi carnet de conducir y no lo encontré. Pensé que estaba dentro de mi auto casi cero chocado que postraba tranquilamente en el garaje a la espera de los repuestos. Con un poco de desesperación me encontré a mi misma revolviendo todo y encontrando el carnet y la cédula verde en el escondite que tengo para las cosas que no quiero que se encuentren fácilmente. Hay memoria, que frágil que es. En fin.

Nos levantamos de madrugada. La jornada lo requería .Teníamos frente a nosotros tres días y muchos kilómetros, o no tantos y muchas paradas. Pasajeros: dos.

Tras un breve paso por Río Colorado, asado y charla con amiga de por medio, dejamos el portal de Pichi Mahuida para llegar a Las Grutas al anochecer.

La primera noche fue visita y recorrido de rigor por la que no hace tantos años era una villa balnearia, sin casino, con muchas calles de tierra, la capilla, plazoleta con artesanos y marisquerías en la costanera. Hoy es un lugar recomendable de veraneo, con todos los servicios: albergues, comida, excursiones y demás. También se puede dejar a los chicos esperando afuera del casino sin que los rapte nadie, como pudimos constatar personalmente.

El día siguiente comenzó a ponerse en marcha la hoja de ruta que me había trazado. Piedras Coloradas, El Sótano y el imponente Fortín Argentino. Casi 50 kilómetros desde la ciudad, camino lindero a la costa. El mar turquesa y con pocas olas era la mejor brújula. Unos kilómetros antes tuvimos que dejar el camino que se interrumpía por los acantilados y continuar por la playa.

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