Un millón de veces absurdo

Absurdo por una vez – Kate Nelson

Estoy sumamente cansada. Si te caes siete veces levántate ocho dice un proverbio chino que ahora está identificado en el Facebook dentro de las frases que Mafalda larga al azar. Si el principito estuviera en este planeta despotricaría contra el comportamiento de las personas mayores, es que acaso me he convertido en una persona mayor y no alcanzo a distinguir un elefante dentro de una boa?

Hay hechos que surgen de la nada y caen sin saber cómo ni porqué como bombas, y no se pueden cambiar, no puede hacerse otra cosa más que esperar. Ahí es donde me cuestiono si mi vida anterior fue muy monótona y aburrida o estaba piola. También me recuerdo esa maravillosa frase: ojo con lo que deseas.

Mi vida es un tobogán en donde no alcanzo a caer nunca, como en los sueños. A veces el período en el que me deslizo es largo, placentero y nada mejor como la brisa suave de otoño que acaricia mi cara.

Aquí debo hacer una breve interrupción, dado que he salido con una amiga, y me ha dicho lisa y llanamente que estos períodos de calma aparente van a desembocar en otra cosa. Sin ser Arjona me dijo te conozco, y seguro que tiene razón.

Volvamos.

Otras veces, la rectitud de la pendiente del tobogán hace las cosas sumamente vertiginosas. Vértigo. Creo que nunca me acostumbraré al vértigo. Tranquilidad, creo que nunca me acostumbraré a estar mucho tiempo tranquila. Un escozor me agarra cuando tanta paz torna las cosas monótonas, en cambio mi corazón suele palpitar desesperado cuando siento que la cuerda se corta justo al borde del precipicio. Es una nueva adicción o sólo el síndrome de la gata flora?

Es así como estando en una situación de desea estar en la otra y viceversa. Es así como hay épocas en donde uno dice estoy tranquilo, nada me conmueve lo suficiente como para empañar, renegar, despotricar. La vida es rosa. Pero tanto rosa…. Aburre. Ja Ja.

Mi vida actual y mi vida anterior de ser niña tienen una afinidad: lo desconocido y las supersticiones.

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Sueño

Rest- Pablo Picasso

Soñé. Y no sabía a ciencia cierta qué, porque a mi parecer estaba aún despierta.

Hay noches que son tumultuosas, pero anoche realmente el manto de la calma estaba sobre mí. El sueño profundo no llegaba y con cada posición me parecía que la noche transcurría como un eterno desvelo…. Interminable.

No me apresuré a nada. Quise estar conmigo misma en la vigilia. Me abracé poniendo mi cuerpo de costado. Los fantasmas del miedo y la soledad por suerte esa noche saltaban por otros tejados. De pronto comencé a sentirme muy bien a pesar de la falta de sueño. O ya estaba soñando?

Hice un hueco en la cama grande, sentí que un caparazón frágil como la cáscara de un huevo –pero que eficiente!- me envolvía. Las defensas de la fortaleza de mi alma comenzaban a ser efectivas. Era como ver una pequeña reconstrucción en los exteriores de los interiores, muy lenta… como toda reconstrucción de heridas auto infligidas……..

…….Y así comencé mi día, delirando, sin saber si había soñado o sólo dado vueltas en la cama. Pero el día me fue llevando a la verdad, a medida que un hilo conductor se iba uniendo con otro  aparecían las señales.

Las señales de hoy eran como carteles luminosos que se levantaban sobre caminos que parecían irrisorios pero que luego llevaban todos a la misma Roma: el interior. El mismo lugar en el que había estado navegando anoche entre sueños era el mismo que tenía que proteger, cultivar y hacer crecer full time, todos los días, los trescientos sesenta y cinco días del año. Porque cuando la belleza pase…. Y ahí escuché el tema.

Y sí, mi mente es frágil, mi alma desvaría y viceversa. Y la lapicera sigue al compás lo que es peor aún.

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Las olas y el viento….

Dunas – Anne Packard

El hombre descendió de su camioneta y caminó más de quinientos metros por una explanada de piedra que usurpaba  el mar.

Desde donde yo estaba, alcanzaba a ver las furiosas olas correr por el costado de las rocas, y por un momento  toda la imagen me llevó a pensar en la naturaleza, en su insistencia o en su aparente quietud….

Las olas insistían minuto a minuto con la onda acción del ir y venir erosionando sobre las piedras, mientras que éstas,  a su vez,  parecían resistirse con su quietud imponente, aunque la realidad sería vista por pocos: el cambio se estaba dando aunque era imperceptible visualmente descubrirlo en una tarde.

El hombre se sentó a contemplar su caña y tal vez a escuchar lo mismo que yo.

La totalidad o la nada.

Yo estaba a un día y medio de abandonar un tratamiento preventivo que me estaba matando las neuronas, tal vez por eso mismo era preventivo. De modo que no tenía planeado escuchar nada ya que estaban entumedecidas aún o eso es lo que a mí me parecía.

Me acomodé sobre las piedras, exactamente en un punto desde donde alcanzaba a disfrutar  la inmensidad del resto del mar, el horizonte, infinidad de aves, y el reconfortante reparo de unas pequeñas grutas.

Me dejé estar como hago siempre, en un pequeño acto hacia la naturaleza traté de congraciarme con ella sin hacer grandes gestos,  ni físicos ni de ninguna otra índole. Nada de posturas de yoga, ni otra técnica reconocida de relajación, que seguro para algo sirven.

Solo me senté, trate de abrir más mis sentidos y ahí estuve un rato, dejándome llevar por el vaivén del viento, de las olas, el vaivén de la línea de la tanza que hacia un ruido extraño y por el vaivén de mi vida.

Ahí empezó el ir y venir de pensamientos analíticos y casi siempre pelotudos. Tal vez yo era como la roca que se resistía a la erosión de los otros factores externos, tiempo? O tal vez estuviera siendo como las olas, insistiendo sobre cosas sobre las que aún no se veían las consecuencias, o resultados….

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Casi a los cuarenta

Fotografías  por Jamali

Casi a los cuarenta aprendí a dormir desnuda. A llorar más de la cuenta. A cuestionarme toda mi vida. A borrarme de un plumazo un domingo a la mañana en la que solo quería dormir. A ascender como una gaviota otro domingo en que solo quería vivir. Aprendí casi a los cuarenta a hablar de más, y a expresar demasiado mis sentimientos.

Aprendí a estar sola con el mar y la arena como si ese fuera todo el universo.

Aprendí a necesitar a los demás y a llamarlos por teléfono, casi a los cuarenta. Me volví más ácida que el limón y más frontal que la misma frontalidad que me parió hace casi cuarenta.

Olvidé que durante mucho tiempo me banqué estar sola pero ahora anhelo la compañía dulce del amor al lado mío.

Casi a los cuarenta soñé con que la pasión y el amor eran para siempre y así de rápido me dijeron que no es tal cosa, pero sigo soñando aunque en el fondo sé que “el amor es eterno mientras dura.”

Casi a los cuarenta me preguntaron a dónde iba tan rápido. También me preguntaron qué seguía buscando.

Casi a los cuarenta agradezco todos los días por las cosas que tengo, pero también reniego del origen de ellas y el agradecimiento pierde su efecto.

Casi a los cuarenta agradezco tener más afectos que casi a los treinta, casi a los veinte y casi a los diez, y de ellos no reniego nunca porque en la medida de lo posible están.

Casi a los cuarenta me cuestiono si soy buena persona, si soy buena madre, si fui buena esposa, si soy buena amiga, si soy buena compañera, si tendré tiempo para tomar decisiones, si tengo que esperar o tengo que hacerlo ya.

Casi a los cuarenta recuerdo que mis padres parecía que tenían todo resuelto, casi a los cuarenta mis hijos saben que no tengo nada resuelto, pero me conocen.

Casi a los cuarenta tiemblo sola en la cama cuando las lágrimas de la impotencia me inundan y no tengo un hombro para que se escurran.

Casi a los cuarenta mi primer deseo a una estrella es parirme, nacer y ser yo sin condicionamientos ni mochilas.

Fotografías  por Jamali

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Perro divagando y van…..

Objetos de ensueño – Madoz

Recapitulemos. Volvamos a la base de la idealización. Sin idealización no hay amor imposible ni a distancia ni poesía ni colores mezclados en un lienzo que luego se transforma en arte. Ni acordes musicales que nos hagan estremecer, ni tu mano sobre mi hombro haciéndome sentir piel de gallina, ni amores que duren tanto tiempo, o tiempo manteniendo relaciones que parecen amores.

Tal vez el cuestionamiento filosófico de hasta dónde llega la realidad y donde comienza la idealización pueda llegar a ser muy profundo y de para un debate demasiado largo y tedioso, del tipo quienes fueron los primeros: Adan y Eva o algún primate que después comenzó a caminar?

Si es sano o no idealizar –definitivamente “no” dice el diván-, que la realidad es lo que mejor parados nos deja frente a la acción. Pero hay algo cierto, sin idealización no hay enamoramiento, tus ojos no me hubieran encandilado y yo hubiera pasado totalmente de largo viendo la realidad: un hombre más.

Seguramente el exceso de realidad puede carcomer tanto como el exceso de idealización que indudablemente no nos permite vernos en el espejo ni ver al otro tal cual es.

Pero estamos seguros de que queremos vivir viendo al otro tal cual es? Es esa la meta final, aceptar con errores y bancarlos, hacer de cuenta que no pasó nada, luchar por el cambio o poner una postal de “eres la persona que soñé” delante? Tolerancia, tolerancia, paciencia, paciencia, etc.

Con la postal que puede ser más fácil llegar a la supuesta meta…. Semi adormecidos. Sin postal se viene lo peor, deber elegir, decidir y aceptar.

Todo termina siendo una cuestión de sentimientos.

Ayer escuché a un niño de ocho años decir que otra vez los sentimientos quieren aflorar, como si fueran el enemigo que hay que acallar. De pronto verlo en otra persona me aclaró el panorama. Donde afloran los sentimientos hay que hacerse cargo. Que ocho años es muy poco para hacerse cargo de los sentimientos? Cuándo empezar entonces?

Otro chico, un poco más grande, de catorce, la hizo más fácil. Los dejó pasar por el costado y su frase favorita es “está todo bien, acá no pasó nada”.

Una mujer de veintidós no pregunta si las cosas están mal, no quiere saber, solo llama cuando está todo bien. Ese es el síndrome de Peter Pan? Seguro me equivoco.

El de tres años en cambio es puro, está con todos los sentimientos a flor de piel, la alegría, los caprichos, los enojos, el juego extremo, la aventura y la falta de miedo ante ciertas cosas que pueden ser peligrosas. Pero eso se le pasará muy pronto, porque la frase que más escucha es la de represión del adulto que más cerca tenga: no pegues, no te enojes, no grites, no saltes tanto, quedáte tranquilo, dejáte de joder un poco.

Suena acaso familiar todo esto?

Llego a la conclusión, tristísima por cierto, de que de alguna manera es mejor tratar de tener todo bajo control. Para tener todo bajo control hay que tratar de tapar, reprimir y seguir en segunda.

Pero quiero volver dos segundos a las primeras frases. Qué sería de nuestras vidas sin la idealización y la ensoñación que hoy nos permite disfrutar de todo lo que es el arte, libros, pinturas, música, escrituras, cartas de amor?

No sé licenciado, no concuerdo con usted en que haya que reprimir tanto la idealización y la ensoñación. Qué los sueños son parte del inconsciente? Bueno, soñar es parte de mi vida.

Amores imposibles? No concretados? A distancia? Tormentosos?  Uff, que nos dejaron material.

Qué hubiera sido de Miguel Hernández si hubiese tenido oportunidad de vivir plácidamente junto a su mujer? Seguramente no hubiese escrito esto. A propósito, el poema no cae del cielo, sino que viene a colación del último trabajo de Joan Manuel Serrat en honor al poeta.

P.D.: ya que no está del todo claro sobre qué escribí el título divagaciones me parece el más acertado para estos casos de palabras al azar y locura crónica.

P.D.: Dedicado a mi psicólogo que quiere hacerme ver la realidad a toda costa y yo soy tan cabeza dura que ya llevamos diez años en este trámite.

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