Amor para vivir

Ustedes pueden creer?

Buscando el tema “Para vivir” que transcribí en el post anterior, me encontré con este que canta Pablo Milanés.  Bueno, también con el que canta Cacho Castaña – Para vivir…Hay que tener un gran amor, para vivir…Para vivir…

Y la cosa es que estos días se me ha dado por andar en consultorios sentimentales on line. Nada me gusta más que leer historias de amor y desamor reales.

Saltando las respuestas y los asesoramientos que estas páginas brindan, he de decir que mi conclusión es esta: a veces amor  es lo que sobra, pero comunicación falta y mucho.  Y otra de las cosas que sobra es persistencia, pero  en lugares equivocados. Casi como en este tema.

Que alguna vez fue tu historia? Eso pasa.

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Apple Tree with Red Fruit, c.1902

Artista: Paul Ranson

Muchas veces te dije que antes de hacerlo

había que pensarlo muy bien,

Que a esta unión de nosotros

le hacía falta carne y deseo también,

Que no bastaba que me entendieras

y que murieras por mí,

Que no bastaba que en mi fracaso

yo me refugiara en ti,

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Vale la pena

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Camino de la playa

Artista: Karl Soderlund

Voy a ser sincera, estoy cansada. Pero a su vez sigo adelante como el resto de los mortales. Tal vez no esté clara la dirección hacia donde me dirijo, o si…. O no…. Convengamos que uno quiere ir hacia el sur, pero que nunca se llega en el tiempo estipulado. Tiempo es la palabra. El tiempo que acomoda, resuelve, clarifica, despeja….El mismo tiempo que nos hace envejecer por un lado, es el que por otro indudablemente nos brindará las respuestas y nos ayudará en este entuerto que a veces parece la vida.

Y cada uno trata de resolverla como puede. Las corrientes filosóficas en realidad no son las que estudiamos en alguna materia aledaña, sino es la filosofía de cada uno, capitulo por capitulo escrito de acuerdo a la experiencia de cada uno…. con suerte intransferible, porque seamos sinceros, pares número 38 de zapatos hay muchos, pero como los míos luego de haberlos usado un año entero ninguno.

He escuchado por ahí que más de uno dice que ha venido a esta vida a ayudar a los demás, otros que no dicen semejante cosa pero se nota a la legua que solo vienen a ayudarse a ellos mismos y a hundir al prójimo.  Seguramente que la gente que más feliz y despreocupada parece es la inconsciente o muy consciente que ni se pregunta a qué vino.

En esta carrera loca por adivinar cómo vamos a resolver nuestras vidas,  en vez de trabajar o seguir trabajando para resolverlas, es que muchos nos hemos  visto envueltos en situaciones que a la larga son casi absurdas, otras más prometedoras, y otras que ni se pueden mencionar.  Pero el círculo de recursos en búsqueda de ayuda no se cierra nunca.

Quien no ha probado de todo? Y si, hay épocas.

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“Cuando llegue por fin mi mensaje a tus manos…”

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April Showers

Artista: Toby Vandenack

Terminó de desocupar todos los cajones, tiró recuerdos, despachó cartas, borró números y sólo se quedó con algunas palabras escritas en manuscrito sobre un cuaderno de tapa dura.

Del otro lado la misma historia, pero en vez de tirar era acopio de cosas dentro de una caja.

Cada uno se sentó en sus respectivas cocinas luego de la tarea hecha. Ella cruzó sus piernas, encendió un cigarrillo y miró su celular. No había quedado ni el número ni la foto del contacto. Lo desarmó, sacó chip y batería. Lloró un poco, tomó algo y se acostó a querer dormir.

El preparó mate, su cena. Terminó el tercer cigarrillo y puso de nuevo el agua. Recorrió el departamento, quedaban tan pocas cosas y tantas a la vez. Miró su celular y su orgullo le impidió escribir algo durante los cincuenta y cinco primeros minutos que lo tuvo en la mano.

Ella daba vueltas una y otra vez. Decidió espiar a ver qué pasaba. Abrió la mesa de luz, armó otra vez el celular, lo encendió y … nada.

Hacía meses que cuando no dormía en sus brazos recibía un “Buenas noches señora, que descanse”. Ese era su pasaporte para el buen sueño, mensajes de amor con la luz apagada y la mejilla contra la almohada.

Quiso recordar cuando había empezado ese ritual. Tal vez a la semana o a las dos de haber empezado la historia juntos.

La historia….como cualquier otra.

Ella era una mujer distante, de esas que nunca se sabe bien lo que piensan. El trabajaba transitoriamente en el mismo lugar que ella. El contacto empezó de manera casual y de manera estrictamente laboral. Se empezaron a mirar, solo ese único signo era el existente de que había corriente en el aire. Empezaron a sentir cosas que estaban guardadas en los cajones que dicen de quince a veintipico. Los típicos cosquilleos en la panza, el corazón acelerado, las miradas furtivas y algún mensaje esperando alguna respuesta que no fuera la convencional. Ella soñó con que había encontrado al amor de su vida, el sacó de la lista a su último amor inconcluso que llevaba esa chapa y escribió el nombre de ella. El día que se atrevieron a materializar que algo pasaba, ella dijo que no quería quedarse con la duda.  El que no quería verla sufrir. Y cuántas veces la vio llorando y cuantas veces volvió a repetir la frase.

La primera noche no pudieron dormir, las otras que siguieron tampoco. Y los meses se sucedieron entre pocas horas compartidas, mucha comunicación por mensajes, muchos horarios prohibidos, ningún reclamo, reglas del juego escritas y comprendidas.

Hasta que ella quiso más. Malditas mujeres, nunca se conforman. Malditos hombres, nunca se juegan por nada.

Ella se dio vuelta en la cama y recordó el primer te amo. Empezó a moquear. Inmediatamente recordó algunas de las tantas palabras hirientes que había escuchado de sus labios. Se sintió mejor dos segundos y dio otra vuelta en la cama.

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“Y por algún instante fuimos luces y sombras…” Georgie.

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Mattina Terrace

Artist: Brent Heighton


Domingo 29 de marzo.

Me levanté temprano ese día. Hice todo el ritual de mis mañanas, diario, café con leche, tostadas, música, bata y alguna mascara refrescante, hidratante y que deshinche a pasos agigantados.

Sentí un aroma distinto en el aire, no era el café, si era el mismo de siempre. La máscara no había estado la suficiente cantidad de tiempo en mi cara como para hacer olor a nada. Subí las persianas de mi casa sin prestar demasiada atención y fui a darme mi baño matinal.

El agua se deslizó por mi cuerpo como si fuera bendita, por necesidad y autoayuda imaginé que estaba limpiando mi alma a la par de mi cuerpo.

Al momento de vestirme, por alguna razón extraña, saqué el vestido rojo que esperaba su momento en el placad. Mi piel blanca resaltó bajo la tela noble y suave del algodón, mis caderas quedaron marcadas y el escote lucia feliz. Me vi hermosa.

Miré la fecha, 29 de marzo y dije falta todavía.  Salí a la calle y de pronto mi casa se había instalado en otro barrio y en otra ciudad. Aunque no era el día indicado me tiré el lance y lo busque en la ciudad desconocida en donde había despertado. De pronto que mi casa se trasladara hasta allí no era ninguna sorpresa.

El aire del otoño era cálido todavía, a unas cuadras ya me recibió una plaza con árboles frondosos, bancos de madera color rojo, pisos de cemento, y rincones de disfrute para todo el mundo.

Seguí caminando y encontré el lugar. Esquina con ventanales a la calle, mesas de maderas nobles, sillas ídem.  Hermosas tazas de losa blancas, mosaicos antiguos en el piso y ese aroma …. De donde lo conocía?

Entro y de pronto capto la mirada del mozo, debe ser el vestido seguro, debo estar muy llamativa pensé, si nunca me mira nadie. Me senté junto a una ventana. En la mano llevaba un libro y una c5nta roja como señalador.

El mozo, muy amable, preguntó qué iba a tomar. Le pedí por cortesía una lágrima. Casi tímidamente le pregunte por un señor que iba allí casi todas las mañanas.

–          Como es?,  me pregunto.

Le dije que solo lo conocía por fotos y por palabras. Que más por palabras que por fotos. Que seguramente en persona tendría presencia, que no se le escapaba mujer ni perfume delicado, ni música enamorada, ni letras de canciones desesperadas, ni poemas escritos en cualquier clase de papel. Que era mezcla de bicho de ciudad con aroma a pueblo y campo, que  un piropo suyo es de los que producen que  un rostro de mujer parezca al borde del incendio.

–          Georgie?, pregunto el mozo.

–          Si el mismo, sabe si vendrá hoy?

–          Si, ya vino señorita, hoy la hizo corta vio, es domingo y estaba apurado, leyó apenas el diario y se fue.

Tomé la lágrima y no sin desilusión volví andando a mi casa. A medida que caminaba, las calles se iban disolviendo detrás de mí, el paisaje iba cambiando, se hundía en lugares desconocidos para surgir la fisonomía del lugar donde vivo, estaba en casa otra vez….

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