Complejo

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Ensueño

Artista: Migdalia Arellano

La certeza se instala de a poco. No viene de un día para otro. De pronto son señales. Un día una, otro día otra. Un día son unos minutos que parecen un regalo del cielo y nos brindan espacio, otros son días enteros en una distancia en donde nos encontramos con nosotros mismos. Las relaciones se van desdibujando, y lo que parecía definitivo, doloroso, irreemplazable… amor, de pronto se convierte en un espejismo de lo que no alcanzó a ser. No vemos sino que queremos ver lo que vemos. Acaso hubo abandono o nos trepamos demasiado fuerte de la soga de la ilusión? El primer destello fue el más hermoso, un preciado tesoro encontrado bajo las arenas profundas de algún mar del Mediterráneo. Mientras sentimos que no habrá otro igual, las vivencias nos van confirmando algunos días que sí es… otros días nos avanza la duda.

Cuando escucho esta letra, con el fondo maravilloso y acústico de las cuerdas de la guitarra, pienso en la profundidad de algunas de sus palabras, en la complejidad de la vida que a veces la hace terriblemente sencilla, porque todo eso que dolía de pronto va sanando y curando la peor de las heridas.

Y el tiempo al final siempre dice que valió la pena todo lo dolido.

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Entrevista a El Perro: Part Two

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Habitación principal Artista: Andrew Wyeth

andrewwyeth.com

Allá por septiembre del 2007 publicaba mi primera entrevista a El Perro.

Varios meses pasaron y las hojas con el resto de las preguntas y algunas respuestas que no me conformaron quedaron archivadas en el cajón superior izquierdo de mi escritorio.

No es que El Perro fuera tan famoso, si apenas pocos sabían quién era. Esta fue la cuestión que más me trabó para poder publicar la segunda nota, o la continuación de la entrevista.

La persona que me acompaña en la edición me decía una y otra vez que no tenía sentido publicar una segunda parte cuando este personaje ni siquiera quería aparecer con nombre y apellido. Fíjense cuando le quisimos sacar una foto. Momento incómodo como pocos. Nos puso la mano sobre el lente de la cámara como si fuera una estrella de no sé dónde. En fin, imposible retratarlo.

Hace mucho tiempo que él me manda sus notas yo se las publico. No hago retoques, eso está escrito en un contrato marcado a fuego en mi alma. Las imágenes que acompañan los textos son elegidas de sus más finas colecciones de arte que no posee, y esa era la parte que más tiempo me llevaba, cumplirle el capricho de buscar tanto material ilustrado.

Ahora  hacía meses que no me mandaba un puto material, el blog estaba cayendo estrepitosamente. El teléfono, los mails y el celular eran rechazados con un “estoy en mi etapa intro”. Por Dios, que quería decir semejante cosa? Seis meses de artículos dispersos y etapas intro.

Cientos de comentarios de lectores sin contestar, menos de hacer visitas sociales a los blogs amigos, desaparecido en acción era poco para describir la situación.

Mi sed de publicación era cada vez más grande y de momento no se saciaba con nada.

Logré contactarme con algunos de sus contactos, mujeres en su mayoría, pertenecientes al famoso grupo de las atorrantas. De la boca de ellas no salió nada como la gente. Es más, con tantas preguntas logré adivinar que entre ellas tampoco se hablaba en voz alta de lo que estaba sucediendo.

El perro? Respuestas vagas como que estaba encontrando su camino, su eje, sus y? no me daban una pista sobre cómo llegar a él.

Corrieron los más diversos rumores, desde que se había enamorado, separado, abandonado a sí mismo, hasta que las letras ya no danzaban con él por las noches de insomnio, que ya no escribía y hablaba poco, que no salía, que en las cenas de los miércoles la silla suya estaba vacía, que poco reía, que se lo había visto caminando por la playa con la vista perdida, que se había hecho tirar las cartas, las runas y confeccionado una carta natal para saber con exactitud fecha de vencimiento de semejante período.

Al fin, se filtró la información de que había un viaje programado con anticipación con dos atorrantas del grupo a una zona de playas continuadas y casas de residencial. El objetivo era reponer energías.

Así logré localizarlo en un café muy cerca del centro comercial.

Lo vi y apenas encontré un esbozo de la persona que había visto en la primera entrevista. Su fisonomía totalmente cambiada, su pelaje renovado, sus ojos opacos intercambiaban con alguna sonrisa al pasar, recibida por mi como si fuera un regalo de los dioses.

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Mes de Marzo Artista: Andrew Wyeth

P. Bueno, al fin doy con usted. Sabe que en el blog siguen publicando comentarios, preguntas, consejos de los más diversos tipos y especies? Sabe que se lo extraña?

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Del rojo y de algunos machos primates

Solace


Solace – Giclée on Canvas – Pino

“The lady in red is dancing with me,

Cheek to cheek.

There’s nobody here, it’s just you and me.

It’s where I want to be,

But I hardly know this beauty by my side.

I’ll never forget the way you look tonight”.

Lady in red

Siempre soñé con un vestido rojo colgado en mi placar, sacarlo y caminar por la playa con él, dejando que el viento juegue con él. No un vestido rojo de fiesta, sino de algodón suave al tacto, de color rojo auténtico, mangas cortas, falda larga, género que se adhiera al cuerpo para insinuar que en fin, uno tiene curvas debajo. He visto varios vestidos rojos en mi vida, aunque la verdad todavía no encontré uno que me calzara como la gente. Mientras busco el vestido ideal, leo uno de estos artículos que vienen mezclados con las noticias y no puedo dejar de sonreír. Que el rojo hace a las mujeres más atractivas para los hombres no parece una novedad despampanante, tal vez la desilusión radica en que esa conducta viene en los genes: y si señores: “los primates machos no humanos se excitan cuando las hembras se ponen rojas”. Clarín.com.

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Espalda de mujer con rojo – Artista: Deloffre

“Abrió su segundo atado de cigarrillos del día, y recién iba por el mediodía. Ese mediodía raro de nuestros días, en donde el sol no está donde tiene que estar, pero el reloj decía las doce al fin. No maldijo, solo sintió el peso de la desilusión que corría por su pecho. Mientras recordaba alguna estrofa de algún tango siniestro vio la figura de ella reflejada en la acera. La misma que había visto una tarde de verano dejando huellas en la arena de la playa cercana al pueblo. Allí iba, erguida, diosa total, con el paso lento y seguro,

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