Aceite de oliva, azúcar y limón.

Dos ventanas, persianas rojas – Zeny Cieslikowski

Aceite de oliva, azúcar y limón.

Esa era la receta que tenía mi abuelo para cuidar sus manos agrietadas por el trabajo de albañilería. Sus manos eran más anchas que largas, sus dedos gruesos y grumosos, cada surco era una huella de sus años de trabajo. No recuerdo que utilizara las mismas para acariciar algo que no fuera el cuerpo de alguna bella dama, porque como buen donjuán, las mujeres bonitas se encontraban en la lista de prioridades, junto con el sol del nuevo día, las aceitunas caseras y el vino patero.

Recordar a este señor deja una estela de nostalgia que se huele, porque estos son los recuerdos que vienen adosados con los aromas de lo casero, de la quinta, los animales de granja, las legumbres cocidas en algún menjunje extremadamente picante.

La casa nació un día, seguramente en donde hoy es la cocina, lugar de encuentro de la descendencia y la puntualidad de los almuerzos y cenas. Desde la cocina, la casa fue extendiéndose de forma alargada, quedando de pronto alguna habitación o sala en ubicaciones insospechadas.

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Edward Steichen: arte y fotografía

Rosas intensas – 1914

El Museo Reina Sofía y el Museo del Traje organizan en Madrid una de las mayores exposiciones sobre Edward Steichen, la primera que se dedica en España a este artista, pionero de la fotografía moderna.

La exposición, que tras su paso por París, Lausanne y Reggio Emilia, llega ahora a Madrid, pretende ser un reflejo completo y preciso de la prolífica obra de este artista. Está formada por casi trescientas fotografías originales y material documental (catálogos de exposiciones, maquetas originales y copias de Vogue y Vanity Fair).

Entre las dos guerras mundiales, Steichen alcanzó la cima del éxito en la fotografía comercial como fotógrafo jefe de las publicaciones Vogue y Vanity Fair del grupo Condé Nast. Durante los dos conflictos mundiales, prestó servicios distinguidos como fotógrafo militar y propagandista, y organizó exposiciones influyentes y enormemente innovadoras para respaldar los esfuerzos bélicos

Como fotógrafo, sus intereses y pasiones eran extremadamente variados: retratos, desnudos, fotografía de flores, moda, danza, teatro, bodegones, paisajes y naturaleza. Fue uno de los primeros en salvar la distancia entre la fotografía creativa y otros usos aplicados del medio, como el editorial o el ilustrativo.

Fuente: Adn.es

Galería del artista

‘Mrs. Eugene Meyer, Nueva York’ (1910)

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Del amor y otras yerbas


“Nuestro amor no está en nuestros respectivos

Y castos genitales, nuestro amor

Tampoco en nuestra boca, ni en las manos:

Todo nuestro amor guárdase con pálpito

Bajo la sangre pura de tus ojos.

Mi amor, tu amor, esperan que la muerte

Se robe los huesos, el diente y la uña,

Esperan que en el valle solamente

Tus ojos y mis ojos queden juntos,

Mirándose ya fuera de sus órbitas,

Más bien como dos astros, como uno.”

Nuestro amor… Carlos Germán Belli

Tal vez me tendría que haber quedado todo un día solo para escribir esto, tal vez con más de doce horas tampoco alcanzara.

Lo cierto es que estaba desconcertada. Mi última sesión de terapia había dejado clavada la duda de la definición en mi alma: el amor es una ilusión, escuché acostada desde el diván. De ninguna manera fue una definición impuesta. Siempre suponemos que el ámbito terapéutico es un lugar democrático -no como nuestra democracia, sino democrático en serio-. En fin, ante mi exclamación en contra de semejante afirmación, vino la pregunta de rigor: cuál es tu definición del amor?

Hay preguntas difíciles, pero casi todas con respuestas más exactas: cuál es la montaña más alta del mundo, cuantos litros de agua tiene el mar Muerto, cuántos espermatozoides hay en una eyaculación… No sé, puede ser, y?

“El milagro de existir…

El instinto de buscar…

La fortuna de encontrar…

El gusto de conocer…

La ilusión de vislumbrar…

El placer de coincidir…

El temor a reincidir…

El orgullo de gustar…”

Y el amor… (Frag)

Joan Manuel Serrat

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Del anestesiamiento y otros divagues

Círculo de Nubes – Richard Calvo

Un millón de veces he hablado sobre el anestesiamiento, como si fuese una enfermedad que no puede extirparse. Cuando me refiero a él, en general es para reflejar esas horas que las vivimos como si no pudiéramos bajarnos del tren, ni elegir el andén, ni desviarnos por otras vías. La realidad nos pasa por el costado, estamos desbordados de tanto realismo, de tanta noticia, de tanta sinceridad, que de pronto ese viaje en tren es como un descanso y un remanso.

Muy a mi pesar, he caído en varias oportunidades en este estado de trance.

Cuando uno es chico, y está subido en la casilla rodante que manejan nuestros padres o tutores de turno, a veces no tenemos muchas opciones, o no tenemos herramientas para encontrarlas. De modo que aspiramos del tubito que nos hace entrar en ese estado. Hoy cuando me preguntan por qué soy tan facilista tengo varias respuestas. Una que he aprendido a vivir como si no pasara nada cuando en realidad te están destruyendo la mesa de la cocina a patadas. Otra de las respuestas posibles, es que he pasado cosas peores, y detesto el alarmismo, cuestión que muchas veces hace que una nube negra se instale entre el problema y las posibles soluciones.

Práctica? Bueno, casi todo en la vida es cuestión de práctica….

Al salir de mi adolescencia, y hasta pasada la juventud, la maternidad y la convivencia, he pasado largos períodos de anestesiamiento. Estos han permitido simplemente que los días pasaran de tal manera, que cuando uno mira hacia atrás es muy poco lo que encuentra, salvo alguna otra pregunta del tipo: y yo dónde estaba?

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Azul

White and Greens in Blue – Mark Rothko

Miró por la ventana. Las mismas tristes calles, opacas y polvorientas, sedientas de agua, con gente anónima que circulaba por las mismas.

Desde ese lugar, la vida se veía un poco gris. Como siempre, había varias bifurcaciones, luego de la ventana, el camino, luego del camino, el campo, luego una montaña, luego una selva, luego lo que quisiera. En definitiva, fuera de su ventana, podía pintar el cuadro que quisiera. De eso exactamente se trataba. De seguir mirando o de salir y pintar las calles de colores.

Cuando lo pensó, inmediatamente se le vino el azul a su cabeza, y no porque los ojos de su alma fueran de ese color. Es que el azul une el cielo con el mar.

Cuando la calle estuvo finalmente pintada de ese color, se vistió como casi siempre lo hacía: ropa confortable, pantalones amplios, camiseta de algodón y zapatillas. Su cabello quedó peinado al viento, y salió.

Caminar por calles azules es toda una experiencia, aunque hubiese sido mucho mejor si se pudiera colorear el resto de las caras tristes que pasaban a su alrededor.

Por algún capricho del destino, no todas las calles estaban de ese color. Otras habían quedado grises. Hizo el recorrido del azul, dobló, siguió derecho, volvió a doblar y llegó.

El lugar aún no estaba terminado. Lo sintió luminoso, no era un túnel, pero sí un reflejo desde algún lugar. Sería algún otro satélite parecido a la luna? De pronto sobre sus pies sintió el suelo mullido, como si todo fuera acolchado. El aroma era indescriptible, chocolate, café, tabaco, sándalo, especias de oriente. Tras pasar varias cortinas de cuentas de colores, por fin lo vio. Estaba parado, firme y seguro frente a ella. No se conocían, pero por alguna razón las palabras sobraron y se fundieron en un abrazo eterno. Luego de sentir su corazón latir contra su pecho el tiempo volvió despiadadamente hacia atrás.

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El Hombre y la mujer

Azul océano – Kenny Primmer

“El hombre es la más elevada de las criaturas;

La mujer es el más sublime de los ideales.

Dios hizo para el hombre un trono,

Para la mujer un altar.

El trono exalta;

El altar santifica.

El hombre es el cerebro,

La mujer el corazón,

El cerebro fabrica la luz;

El corazón produce el amor.

La luz fecunda, el amor resucita.

El hombre es fuerte por la razón;

La mujer invencible por las lágrimas.

La razón convence;

Las lágrimas conmueven.

El hombre es capaz de todos los heroísmos;

La mujer de todos los martirios.

El heroísmo ennoblece;

El martirio sublimiza.

El hombre tiene la supremacía;

La mujer la preferencia.

La supremacía significa la fuerza;

La preferencia representa el derecho.

El hombre es un genio;

La mujer es un ángel.

El genio es inmensurable;

El ángel indefinible.

La aspiración del hombre es la suprema gloria,

La aspiración de la mujer es la virtud extrema.

La gloria hace todo lo grande;

La virtud hace todo lo divino.

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“Era pues tu amor por mí lo que te embellecía así?”

“Mi querido señor:

Ya nos hemos mirado un minuto, dos minutos, una hora. Ya sabemos que querremos estar una hora, dos horas, tres horas, veinticuatro horas juntos. Sus besos tibios quedan impregnados en mi piel toda la noche, y aún así siento que no es suficiente. Sus reclamos de que lo mío es un capricho sólo me hiere, y espero los múltiplos de veinticuatro días o años para poder demostrarlo.

Señor, lo extraño siempre un poco más, mis ojos no se lo dicen?”

René MAGRITTE Les Amants [The lovers]

Info sobre el artista

No puedo negar que mi debilidad son las cartas de amor, escritas preferentemente de puño y letra, con alguna lágrima borroneando la tinta, con la firma apresurada al final de la hoja para entregarla cuanto antes, con o sin fecha; con o sin nombre, si es que hay nombres prohibidos.

Las etapas en que las cartas de amor circulan, son casi siempre en el inicio de la relación, antes de la misma aunque ésta no tenga posibilidades de inicio, en relaciones platónicas y en las prohibidas.

Rastros? Bueno, las cartas de amor dejan rastros contundentes, certeros, irreprochables e irrenunciables de nuestros sentimientos. En algunas oportunidades su envío es un riesgo que vale la pena correr.

Por el momento, ante el desconocimiento de mi parte del nombre y dirección del destinatario, he ido desparramando mis cartas de amor por la casa. Estas yacen por los rincones y recovecos más insólitos, esperando que usted señor se apropie de ellas.

Aunque estoy convencida de que no hay mejor carta de amor que aquella recibida -con nuestra correspondencia de sentimientos sería óptimo- , también es cierto que muchos ni por asomo recibiremos una. Puede ser más viable sí que recibamos algún mensaje de texto apasionado o algún mail conciso y candente.

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