“Toma mi dirección cuando te hartes de amores baratos de un rato… me llamas”.

La semana estaba siendo dura. El clima estaba mostrando que el otoño se iba abruptamente. Aunque el almanaque dijera otra cosa Mayo terminaba con lluvias, bajo cero y nieve.

Mientras estas cuestiones climatológicas se sucedían y los autos amanecían con escarchas, algunas personas tuvieron la suerte de abstraerse de todo esto.

Ella nunca estuvo pendiente del clima en realidad, era un detalle más que se podía solucionar con más o menos ropa. Para él la cuestión era totalmente distinta, el clima era un factor muy importante en su vida cotidiana.

Nunca más recordó luego de aquel día en medio de la semana, si había llovido o no, si el frío era bajo o sobre cero. Un tsunami pasó sobre su ser para dejarlo dando vueltas en pleno estado de desconocimiento propio. Ella lo había dejado desconcertado. El la había puesto a ella en estado de trance.

Lo mejor del clima interior es cuando este coincide, frío-frío, calor-calor. Esa noche el clima estuvo igual para los dos.

El final? No, esta es otra de esas historias de las cuales desconocemos el final.

Log Burning in Fireplace – Chris Rogers

“Puedo ponerme cursi y decir

que tus labios me saben igual que los labios

que beso en mis sueños,

puedo ponerme triste y decir

que me basta con ser tu enemigo, tu todo,

tu esclavo, tu fiebre, tu dueño.

Y si quieres también

puedo ser tu estación y tu tren,

tu mal y tu bien,

tu pan y tu vino,

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“Quitándoles el polvo a esos vestigios de emoción”

Esperando – Janusz Migacz

Otro día más de espera.

La espera resulta ser muchas veces como un aire fresco y pacífico, otras es como un huracán que termina con la paciencia de cualquier ser vivo y hasta de los inertes.

Mientras vivo mi vida como siempre, dejo pasar al de la derecha y al de la izquierda, ayudo a la pobre chica a la que se le rompió la camioneta en el medio de la avenida, ignoro los comentarios malintencionados, me aferro como una garrapata a la buena onda de quienes me aprecian, mantengo mi honestidad brutal a 200%, escondo algunos sentimientos porque soy insegura, me alejo de la realidad cotidiana porque en este momento apenas si puedo con mi propia realidad. Mientras… sigo siendo leal conmigo misma, apuesto como toda la vida a que los mejores resultados llevan tiempo y esfuerzo.

Mientras espero, me muerdo las uñas por no hablarte, no invadirte y no comprometerte.

Mientras espero esquivo los embates, los golpes y trato de desatarme de las cadenas.

“La silenciosa cosecha de todos estos años

se agosta en los cajones, envejece conmigo.

De tarde en tarde, mi mano se distrae

quitándoles el polvo a esos vestigios

de emoción

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Sin mirar atrás

Llegó el día en que me miré en el espejo y me dije: bella. Sólo esa palabra diminuta, pero con una fuerza interior increíble. Nadie más en el universo podría decirme bella y que yo lo creyera. En cambio esta vez estaba frente al espejo del baño, mis ojos me miraban y de pronto cualquier ángulo de mi rostro parecía distinto, hermoso, casi perfecto.

Ese día mi transformación se vio reflejada en el exterior.

Es imposible detener esa oleada de cambios que surgen desde dentro, imposible detener las huellas que van dejando, imposible detener la sonrisa que se va formando.

Estar solo y sobrevivir a ello es uno de los actos paradójicamente más bellos. Siempre hay una primera vez: la primera vez que le ponemos agua al zorrino del auto, la primera vez que sacamos un tapa rollos para arreglar una persiana, la primera vez que miramos a un desconocido con ganas de que nos ame, la primera vez que dormimos sin las almohadas al costado para hacer bulto.

De pronto pequeños actos como bañarse, mimar el cuerpo, alimentarse, leer largas horas o escuchar música en soledad, son actos sublimes, que uno a uno reflejan liberación y bienestar.

Bien estar con uno mismo.

El cambio es inevitable.

Ya no hay vuelta atrás.

FogStock

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¿Qué diablos hago amándote?

Lirios y balcón – Didier Lourenco

Ay amor – Mónica Molina – De cal y Arena – 2003

“La tarde se detiene en mi balcón,

iluminando este rincón de mi soledad.


Resulta tan difícil dividir lo que me dicta este sentir entre la verdad…

Ay, ay, amor, si sé que no me puedes querer,

¿qué diablos hago amándote?

Soy prisionera de tu calor.


Amor, ya no me dejo de repetir,

¿qué será lo que veo en ti, si al cabo sólo queda el dolor?

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La casa de la playa

Paseo por la playa – Daeni Pino

Me levanté más temprano de lo usual esa mañana. No muchos kilómetros me separaban de mi destino. Los hice como siempre, tal vez un poco más lento que en otras épocas -los reflejos empiezan a fallar con los años-.

Luego de dejar la ruta tomé el camino de tierra zigzagueante que me llevaba a la casa.

La casa se llamaba La Elena. No sé por qué, tal vez porque había leído su significado y me había gustado mucho: la resplandeciente. Me pareció que era un nombre de buen augurio eso de brillar.

Años estuve dudando donde colocar esa casa que  imaginé  tener desde los veinte años. A esa edad siempre pensé que estaría en la playa, y sería algo así como una casa de madera pintada de blancos y ocres, pisos crujientes, elevada una altura apropiada desde el suelo, tan cerca del mar como para dormir acurrucado en él todas las noches, tan lejos de la civilización como siempre me había gustado.

A los treinta imaginé -sin conocerte aún- una casa cerca de las sierras, tal vez cobijada por una. En esta oportunidad era de material, con troncos de madera y piedras de las canteras de Tandil, emplazada en un lugar boscoso e inaccesible.

La casa de los cuarenta la imaginamos juntos, porque ya estabas conmigo, luego de estar una eternidad soñandote.

Hoy, a muchos años de todo eso, estaba frente a la casa de mi vida, aquella en donde pasamos nuestros últimos años juntos. Si hay algo en común que tuvieron estas casas que soñé fueron el sofá y tu presencia. Sabés que he tenido otros amores en mi vida, porque siempre que estuve en una relación dí lo mejor de mí. Pero en tu interior está la certeza de ser mi último y gran amor, mi sueño, mi meta, mi último descanso, mi pasión, mi locura y mi paz, la bisagra que me llevaría a mis últimos años de soledad conmigo misma, mi último beso y mi última despedida.

White Sand – Daeni Pino

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Apuntes de cosas perdidas

Lo perdido

¿Dónde estará mi vida, la que pudo

haber sido y no fue, la venturosa

o la de triste horror, esa otra cosa

que pudo ser la espada o el escudo

y que no fue? ¿Dónde estará el perdido

antepasado persa o el noruego,

dónde el azar de no quedarme ciego,

dónde el ancla y el mar, dónde el olvido

de ser quien soy? ¿Dónde estará la pura

noche que al rudo labrador confía

el iletrado y laborioso día,

según lo quiere la literatura?

Pienso también en esa compañera

que me esperaba, y que tal vez me espera.

Jorge Luis Borges

De pronto la tarde empezó con música de fondo, Eric Clapton me cantaba Get Lost desde mi equipo de música. La tarde pintaba con la persistente lluvia otoñal, que termina de humedecer las crujientes hojas que yacen sobre la acera. Lluvia. El otoño aún no termina y la lluvia viene luego de una tremenda pausa a tratar de limpiarlo todo.

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Eso que llaman estar enamorados… de vez en cuando funciona

Secret de Coeur – Rob Hefferan

Mi querido amor:

Creo que ya son varias las cartas que tengo en mi poder -escritas de puño y letra- y sin enviarte. Se suman y suman a esta colección de cartas no enviadas, cartas no correspondidas y no leídas. Mis promesas de olvidarte quedan en la nada, son como embarcaciones de papel que poco a poco se van humedeciendo, imposible resistirse.

He pensado que este amor platónico que siento, hubiese calzado mejor en otro siglo, sería más comprendido y hasta parecería más acorde. Qué es esto de mirarse sin tocarse, desearte sin demostrarlo? Esta corriente eléctrica que hay entre los dos sacude mi alma.

Es cierto que el enamoramiento es como una adicción? De ser así yo siempre viví esto como en un período de abstinencia.

Otro día más se suma en mi almanaque y ya no sé que desear. Que se caigan todas las hojas, que pasen los meses, que terminen mis temblores, que se vayan mis rubores y estas cartas queden guardadas en el eterno baúl de aquellas cosas no realizadas.

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