Foto carnet

Cada cinco años, llega el momento crucial en la vida de un automovilista, en que debe renovar el carnet de conducir.

En realidad no deja de ser un trámite más, común y silvestre, plagado de burocracia como cualquier otro, salvo por algunos detalles.

El domingo a la mañana sonó mi celular con un recordatorio: Carnet de conducir. Ni siquiera puedo acordarme de cuándo había introducido tal información al aparatejo. Lo cierto es que no había chequeado que el día en cuestión no era hábil. Luego de pasar el recordatorio el lunes y constatar que realmente se me estaba por vencer la licencia puse manos a la obra.

Arranqué el lunes enfilando hacia el departamento de tránsito. Por suerte no había casi gente y salí rápidamente con la orden para un oculista. El diagnóstico fue el esperado: 100% visión con el ojo derecho y 40% con el izquierdo, puede manejar hasta camioneta con acoplado. Por un momento pensé que tenía la mochila bastante pesada como para llevar encima un acoplado. El oculista me contó -mientras me tomaba la presión ocular- la historia de un matrimonio que era extremadamente feliz ya que los dos eran muy cortos de vista. Entre la historia y mis pupilas como dos huevos fritos salí a la calle como pude.

El siguiente paso era ir a sacarme la dichosa fotito.

Al llegar a la casa de fotografías un muchacho vergonzosamente joven me hizo sentar en un cuarto con fondo blanco, me sacó la foto y me la entregó, todo en el lapso de 5 minutos. En el minuto 2.5 me preguntó si me gustaba la foto o quería otra, le dije que sí porque no podía articular otra cosa.

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