Zelda Sayre y Francis Scott Fitzgerald: “Botes que reman contra la corriente”

Evidentemente, mi tendencia hacia la literatura romántica, está marcada a fuego. Cuando leo este tipo de misivas, de pronto me surge la inquietud de estar en otras épocas para poder enviarlas, aunque es sólo un pensamiento que dura unos segundos. Estamos aquí, en la era de la comunicación, en donde los mensajes, el Chat y los mails van y vienen de manera totalmente acelerada y muchas veces demasiado desprovisto de palabras para mi gusto. No estoy segura de si el exceso de palabras en una carta ayuda a la comunicación entre dos personas, aunque tampoco sé si esta comunicación tipo telegrama que tenemos hoy lo deja todo dicho.

Sigo añorando mi baúl -no será mucho?- con cartas de amor -recibidas, claro-, de momento me conformo con transcribir algunas:

Alabama, marzo de 1920

“Miro hacia el camino y te veo venir y veo tus arrugados pantalones emerger de todas las nieblas y brumas y correr hacia mí. Sin ti, querido, no podría ver ni oír ni sentir ni pensar ni vivir. Te quiero y no permitiré que estemos separados una noche más mientras duren nuestras vidas. Estar sin ti es como pedir clemencia a una tormenta o matar la Belleza o hacerse viejo. Tengo tantas ganas de besarte -en la espalda donde te nace el pelo y en el pechote quiero- y no sé cómo decirte hasta qué punto. Pensar que voy a morir sin que lo sepas, tienes que esforzarte por sentir lo mucho que te quiero, lo inanimada que me quedo cuando te vas. Ni siquiera puedo odiar a esa execrable gente. Nadie tiene derecho a vivir fuera de nosotros, y están ensuciando nuestro mundo y no puedo odiarlos porque te quiero demasiado. Vuelve pronto. Vuelve pronto a mí. No podría soportar estar sin ti, aunque me odiaras y estuvieras cubierto de llagas como un leproso, aunque te escaparas con otra mujer y me dejaras morir de hambre y me golpearas, te seguiría queriendo, lo sé.

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